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Hacia la Cueva de la Laguna: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2008)

Hacia la Cueva de la Laguna: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2008)

Allí, al noreste de Campo de Criptana, donde los caminos se pierden entre colinas de suaves ondulaciones, no muy lejos de su Sierra de los Molinos (lo que no es raro, porque ésta domina todo el paisaje), hay una cueva. Es la «Cueva de la Laguna», posiblemente uno de los enclaves de Campo de Criptana que más mitos y fantasías atesora, y quizá también misterios. Leyendas y misterios son casi completamente inseparables del concepto de «cueva», y cuando pensamos en ésta nos viene a la mente lo recóndito, lo apartado y lo inaccesible. Dio la cueva su nombre al camino que pasa cerca de ella, el «Camino de la Cueva de la Laguna». La toponomia rural siempre es un misterio, igual que lo es esta cueva en la imaginación criptanense.

Cornelis Cornelisz: "La caverna de Platón" (1604)

Cornelis Cornelisz: «La caverna de Platón» (1604)

Hay cuevas reales y cuevas imaginadas. Ambos tipos se dan en Campo de Criptana. Una cueva real es ésta de La Laguna; cuevas reales son también las que, excavadas al pie de la Sierra de los Molinos, han dado cobijo durante siglos a tantas y tantas generaciones de criptanenses. Y hay también cuevas imaginadas, fruto de la imaginación. También está la platónica, esa caverna que oculta a nuestros ojos tan a menudo la realidad. Cuevas imaginadas son las de la leyenda de los gansos criptanenses que recoge J. A. Pellicer en el comentario a su edición de El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de La Mancha (Barcelona 1832, pág. 418, nota 156), respecto a la tenebrosa cueva en la que había caído Sancho:

En el campo de Criptana (que quiere decir, lugar de cuevas ó de subterráneos) había dos cuevas, que iban á parar al castillo de la villa, largas de mas de cuarto de legua, y parece se comunicaban…

Real como la vida misma debía de ser la historia de los gansos para los letrados criptanenses que se encargaron en el año 1575 de redactar  las respuestas de Campo de Criptana a las relaciones de los pueblos de España. Nos lo recuerda así Pellicer (ibíd.):

porque los antiguos decian que se habian echado gansos por una parte, y habian salido por la otra, como lo depusieron sus vecinos el año de 1575, en el tomo III, fol. 820 de las relaciones de los pueblos de España, que se hallan en la Real Academia de la Historia.

Parece que, a veces (evocando una conocida pelicula), realidad y leyenda se mezclan (véase al respecto: De cuevas y gansos: Leyendas de Campo de Criptana, 1575).

La Cueva de la Laguna es real, pero mucho más imponente es su lado legendario. Recoge todos los ingredientes y elementos necesarios en toda leyenda que se precie de serlo. Todo comienza en los tiempos oscuros, o «érase que se era» en la Edad Media, época turbulenta y de tanto trajín guerrero como la que más. Hay una imagen de la Virgen que los aldeanos esconden para protegerla de la invasión, y con el paso de los siglos, como por designio divino, se da el milagro, y la imagen reaparece como prodigio extraordinario. Y quizá hay también tesoros esconcidos, y puede que también se encuentre oculto en la oscuridad de la cueva un vigilante sobrenatural que a la manera del wagneriano Alberich protege el tesoro de los Nibelungos. Dónde acaba lo cueva, es cuestión ignota; quizá nadie ha llegado al final, quizá no lo tiene, y penetra con sus recovecos en las entrañas mismas de la tierra.

Estos elementos que dan forma a la leyenda se repiten y repiten, sin cesar, por todos los rincones de España. Y se vienen relatando, de generación en generación, desde tiempos inmemoriales. Pocas veces se han puesto por escrito, porque eso les privaría de la espontaneidad y libertad que tiene la tradición oral, esa que muta y enriquece las historias a conveniencia, que incorpora nuevos argumentos y que reutiliza temas viejos en nuevos contextos. Un ejemplo es el artículo que publicó Lorenzo Ramos Beamud con el título Campo de Criptana festejó a su Patrona, en el diario Lanza, año XXIX, núm. 8.633, del martes 13 de abril de 1971 (págs. 3 y 9). Hay leyendas que con el tiempo se tornan realidad o historia, pero también hay historias que con el tiempo se convierten en leyenda. Historia y realidad son imposibles de sondear en estas leyendas, porque suelen carecer de base racional; por algo son leyendas. No se puede poner límites a la imaginación, esa loca de la casa que todo lo puede y para la que nada es imposible. Pero cuando el río suena, agua lleva, y posiblemente muchas leyendas tienen allí, en la penumbra, a lo lejos, a veces muy muy a lo lejos, su fondo histórico, casi imperceptible. Y aún así se busca. Un ejemplo es lo ocurrido en 1943, cuando la Diputación Provincial de Ciudad concedió al ayuntamiento criptanense una subvención de 500 pesetas «para investigaciones históricas en la cueva de las Lagunas (sic)», tal y como se dice en el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real, del 16 de julio de 1943.

Habría también en Campo de Criptana una «Cueva Encantada». Así nos lo cuenta en 1896, Gabriel Puig y Larraz nos habla en su Catálogo geográfico y geológico de las cavidades naturales y minas primordiales de España (pág. 297).

Campo de Criptana al pie de los molinos: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2008)

Campo de Criptana al pie de los molinos: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2008)

Y hay cuevas que forman parte de la vida misma. Campo de Criptana tuvo un inmenso y rico conjunto de cuevas vivienda al pie de la Sierra de los Molinos. Tanto puede ir hacia el cielo Criptana, con las aspas de sus molinos, como ir hacia lo profundo de la tierra, con sus cuevas. Quedan muchas de aquellas cuevas, tan importantes por su interés cultural. Son quizá uno de los elementos más importantes, originales e interesantes de la tipología urbanística criptanense; pero también son el elemento más secular e injustamente despreciado, olvidado y maltratado.

Karl Suter, en su artículo titulado «Wohnhöhlen in Süditalien», que se publicó en la revista Geographica Helvetica. Schweizerische Zeitschrift für Länder- und Völkerkunde 18, 1963, págs. 204-209, pone las cuevas de Campo de Criptana como ejemplo perfecto de esta tipología habitacional. Para él, estas cuevas con un todo orgánico en el que se daba todo lo necesario para la vida cotidiana (pág. 208). En definitiva, son una adaptación perfecta del hombre y de sus necesidades habitacionales al entorno y a las exigencias del momento.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO