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Ayer vimos cómo la sesión ordinaria del Ayuntamiento de Campo de Criptana del día 12 de noviembre de 1883 comenzó con una discusión sobre los conceptos de «por mayoría» y por «unanimidad» (véase: ¿Por unanimidad o por mayoría? Campo de Criptana, 1883). Fue sólo el comienzo de lo que sería una sesión repleta de incidentes, discusiones y enfrentamientos varios. Encontramos noticia de todo ello, como ya señalábamos ayer, en el extracto de los acuerdos del Ayuntamiento criptanense que publicaba el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real, núm. 80, del viernes 21 de diciembre de 1883. El más grave tuvo lugar cuando Santos Ortiz pidió a la presidencia que se expusiese la orden del Ministerio en la que se resolvía:

… la alzada del Ayuntamiento sobre si podía ó no ser Concejal D. Quiliano Casarrubios, y la presidencia le contestó que no se halla á la mano, pero de no parecer (sic, «aparecer»), se pedirá un duplicado al Sr. Gobernador civil de la provincia.

El concejal cuyo status estaba en cuestión es, como bien se dice, Quiliano Casarrubios Burillo, uno de los contribuyentes electores de la localidad, con residencia por aquel año en la calle Empedrada, núm. 15 (Boletín…, del 8 de enero de 1883). Había sido alcalde de Campo de Criptana hacia el año 1878. El concejal Ortiz volvió a pedir la palabra, pero la presidencia del pleno no estuvo muy dispuesta a facilitarle la intervención, por lo que todo acabó en una discusión a la que puso fin el alcalde.

A continuación se presentaron unas cuentas que había presentado Juan Herencia por «unos jornales invertidos en las obras del pozo de la Guindalera». Hubo también objeciones, en este caso del regidor, Antonio Herencia. Quedó la decisión pendiente hasta que el «maestro» albañil no diera explicaciones sobre ellas. Y lo mismo ocurrió con el herrero Teodoro González, cuyas cuentas por trabajos para el municipio también se pusieron en cuestión. Y la discusión se calentó y se calentó, cada vez más, y de una pequeña chispa surgió un gran incendio, como se ve con lo que ocurrió a continuación:

Se hacen varias peticiones por los Sres. Olmedo y Herencia de que sea llamado en el acto de la sesión el Maestro Juan Herencia á dar las explicaciones, y la presidencia contestó que se haría después para no entorpecer el curso de la sesión, lo que se replicó por el Sr. Olmedo, que si no se llamaba en el acto se retiraba de la sesión; fué reconvenido por la presidencia sobre tal amenaza, y en su virtud, los señores Granero, Baillo y otros Sres. Concejales, pidieron á la presidencia use de las atribuciones legales para ordenar el curso de la sesión por verse palpablemente que no se pretende más que el desconcierto regular de las discusiones por los Sres. Ortiz, Olmedo y Herencia.

Se pasó a otro punto que, en absoluto, contribuiría a pacificar el ambiente. Se informó de una orden del Gobernador, del día 15 de ese mes, por la cual se anulaba la suspensión de Santos Ortiz, Mariano Olmedo, Francisco Valero, Jovito Romeral, Juan Manuel Carramolino y José Antonio Herencia, restituyéndolos de nuevo en sus cargos.

Y, en este caso, después de la tormenta no vino la calma, quebrantándose así el cumplimiento del célebre y conocido dicho. Y fue con la comparecencia del maestro albañil Juan Herencia al final de la sesión. Parece que sus formas no fueron lo educadas que se esperaba en esta circunstancia; al contrario, pareció estar en consonancia con la tónica general con la que se había desarrollado aquella sesión:

… y resultando de sus contestaciones ciertos hechos que atacan la dignidad de personalidades del Cuerpo municipal, se promovió discusión, que por la gravedad de sus formas, tuvo que declarar por la presidencia la suspensión de la sesión, y se disolvió la concurrencia.

Las turbulencias no finalizaron con el término de aquella sesión, sino que se prolongaron en la sesión siguiente. Era la sesión ordinaria del día 26, que no se celebró por la ausencia de varios concejales. Y se les multó por ello. Y fueron los multados los concejales que venían mostrando su desacuerdo desde hacía tiempo: Mariano Olmedo, Francisco Valera, Jovito Romeral, Manuel Quiñones, Juan Manuel Carramolino y José Antonio Herencia. Al final, parece que aquellas sesiones del ayuntamiento sirvieron para poco, tan interminablemente enrocadas como estaban las enfrentadas posiciones. ¡Qué cruz… la política criptanense!

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO