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Veinte años de historia dan para mucho. Acontecimientos y acontecimientos se suceden, alegrías y tristezas, gozos y sombras… todo lo que el destino quiera y como quiera, pero así es la vida. Hoy tiraremos del hilo para conocer algunos datos de una historia familiar, la de los Quintanar – Funes, allá por los años en los que comenzaba el siglo XX. El punto de partida será una boda; en el punto central encontraremos un funeral y, finalmente, llegaremos a un epitafio que se encuentra en el cementerio municipal de Campo de Criptana. Así son las vueltas de la vida, siempre imprevisibles: de una boda a un epitafio; y así son, siempre sorprendentes, pues grande es la sorpresa que uno se encuentra, casi cien años después de los acontecimientos, cuando se asoma a esta profunda e interminable sima del pasado buscando algo de luz en la oscuridad de la memoria olvidada.

La boda (1914)

Pieter Brueghel el Joven: "Danza de bodas"

Pieter Brueghel el Joven: «Danza de bodas»

El comienzo de la historia es una breve crónica que publicó el periódico provincial, al que tanto hemos recurrido en este blog: El Pueblo Manchego. Y fue en el ejemplar correspondiente al año IV, núm. 968, del 31 de marzo de 1914, donde, en los ecos de sociedad, encontró hueco un enlace matrimonial de cierto postín. Fue la boda en Madrid, pero la novia y su familia eran criptanenses. Dice así la nota:

En la Iglesia Parroquial de San Martín de Madrid se ha celebrado en el día de ayer el enlace matrimonial de la señorita Criptana Quintanar Funes, con el ingeniero de minas D. Julián Pacheco Talavera que desempeña su cargo en la jefatura correspondiente de esta capital.

Bendijo la unión nuestro amigo D. Metodio Quintana (sic, por «Quintanar») párroco de Santa Quiteria de Alcázar de San Juan. A todos enviamos nuestra felicitación y deseamos á la nueva pareja muchas felicidades.

Criptana Quintanar Funes era hija de José María Mateo Quintanar López Ucendo († 1896) y de María Inocenta Funes Díaz-Pintado. El párroco al que se refiere, Metodio Quintanar Funes, era hermano de la novia, nacido en 1870. De él ya tuvimos la oportunidad de tratar en este blog en otra ocasión, sobre todo de su época como canónigo penitenciario de la Catedral de Cádiz (véase: Criptanenses ilustres: El sacerdote Metodio Quintanar y Funes, canónigo penitenciario de la Catedral de Cádiz, 1870). Durante su época como párroco en Alcázar de San Juan, Quintanar Funes fue un ferviente defensor de la autenticidad de la partida de bautismo de Cervantes que se conserva en la parroquia de Santa María.

El funeral (1916)

Arnold Böcklin: "La Isla de los Muertos"

Arnold Böcklin: «La Isla de los Muertos»

Casi exactamente dos años después de la boda fallecía la madre de la novia, madre también del párroco. Veinte años antes había fallecido el padre. Y también fue el periódico provincial El Pueblo Manchego, año VI, núm. 1545, del 13 de marzo de 1916, el medio de información que se hizo eco de tan luctuoso suceso. La nota se envió desde Alcázar de San Juan, localidad en la que el hijo de la finada era párroco, y tenía por título Sentida manifestación de duelo. Veamos ahora qué dice su texto:

Tan cristianamente como había vivido, falleció, según comuniqué, la Sra. Dª María Inocenta Funes, madre de nuestro querido arcipreste Dr. Quintana (sic, por «Quintanar») y de su hermana Dª Criptana, esposa del Ingeniero de minas Sr. Pacheco y Talavera.

El entierro tuvo lugar en la tarde del jueves 9, siendo trasladados los restos mortales de la que fué modelo de madres cristianas, al Cementerio de la inmediata villa de Criptana donde reposan los de su familia.

Todo el clero de las parroquias y conventos de esta ciudad acompañó al cadáver hasta las afueras y fué por el de aquella villa conducido hasta el Cementerio y cantado el oficio de sepultura.

El elemento seglar compuesto de todas las clases sociales desfiló muy numeroso en una y otra población á pesar de la lluvia torrencial que duró toda la tarde, dando testimonio elocuente del afecto que profesan á nuestro querido párroco y familia y de su respeto hacia la bondadosa señora que Dios premie en su gloria.

Muchos coches ocupados por personas de ambos sexos siguieron á la carroza fúnebre, figurando entre ellas los superiores de uno y otro convento que con los hijos y sobrinos de la finada formaban la presidencia del duelo.

Las Marías de los Sagrados Calvarios de ambas localidades, han ofrecido por ella fervorosas comuniones.

Reiteramos el más sentido pésame a nuestro celoso señor cura, complacidos de las grandes muestras de general simpatía, que contribuirán sin duda á aliviar su honda pena y asociamos nuestras oraciones á las de todos sus amigos por el eterno descanso de su buena madre.

El Corresponsal. Marzo 11

Así fueron los funerales de María Inocenta Funes, un lluvioso día de marzo de 1916, a poco del comienzo de la primavera. Fue uno de esos días grises de finales de invierno en los que parece que el tiempo se detiene, en los que uno no sabría decir si la mañana es mañana o la tarde es tarde, porque quien rige estos ciclos, el sol, se esconde y no es visible. Era uno de esos días en los que parece que ese río de agua perenne que es la vida se detiene y que el tiempo se para… y por un momento la eternidad parece estar ahí mismo, a mano, tan cerca…

El epitafio (1896, 1916)

Se le dio sepultura a la finada en el cementerio de Campo de Criptana, y encontró descanso eterno junto a los restos del que había sido su marido en vida. Aún se puede ver el epitafio que identifica su sepultura, sobrio y artístico a la vez. Y dice este epitafio lo siguiente:

ROGAD A DIOS POR

D. JOSÉ Mª MATEO QUINTANAR

LOPEZ-UCENDO

† en 14-II-1896

Y POR SU MUJER

Dª Mª INOCENTA FUNES

DÍAZ PINTADO

† en 8-III-1916

† DOMNI. TIMORE VIXERUNT. ALITISQUE

FILIIS, SANETE MORTUI SUNT

C. I. CH. S. P.

Arnold Böcklin: "El bosque sagrado"

Arnold Böcklin: «El bosque sagrado»

Hagamos ahora algunas observaciones sobre las tres últimas líneas, escritas en latín, antes de proceder a su traducción. Encontramos algunos errores cuya autoría puede achacarse, muy probablemente, al lapicida que ejecutó el trabajo de inscribir el texto sobre la piedra. En la primera palabra, en lugar de Domni, se esperaría la forma correcta Domini, genitivo singular del sustantivo Dominus, «Señor». Resulta desconcertante, en la segunda línea, el término sanete. Es, sin duda, un error por sancte (adverbio: «piadosamente»), fácilmente explicable por la similitud existente entre las letras c y e. No estoy seguro sobre la interpretación de la fórmula final, pero podría aventurar una hipótesis: C. I. CH. S. P. = Credentes, in Christo spem posuerunt. Así pues, la traducción podría ser:

Con el temor del Señor vivieron, y con sus hijos, / ya mayores (lit. educados, criados), murieron piadosamente. / Creyentes, en Cristo pusieron su esperanza.

Initium sapientiae, timor Domini: Fachada del Seminario de Cuenca

Initium sapientiae, timor Domini: Fachada del Seminario de Cuenca

El timor Domini es un motivo muy corriente en los textos bíblicos. Puede que el más conocido sea el que encontramos en el Salmo 110, 10: initium sapientiae timor Domini (en Vulgata, Salmos iuxta LXX) o principium sapientiae timor Domini (Vulgata, Salmos iuxta hebraeos) es decir, «el comienzo (o principio) de la sabiduría es el temor del Señor».

Allí, en su sepultura del cementerio de Campo de Criptana, permanece impertérrito este epitafio desde hace casi cien años.

Y ya que acabamos este artículo en aquel lugar tan lleno de historias, como es el cementerio criptanense, no puedo dejar de expresar mi agradecimiento a KorovaCriptana por contar conmigo para su última actividad dentro del ciclo «Las tardes de Korova»: Un paseo por el tiempo: Historias en el cementerio. Para mí fue todo un placer poder colaborar con ellos. Y, por supuesto, también tengo que mostrar mi agradecimiento a todos aquellos que en tan gran número y muy por encima de lo que yo nunca hubiera podido pensar, participaron en este «paseo» por la memoria y mostraron tanto interés por él. Muchas gracias a todos, porque me sentí muy a gusto. Espero que podamos repetir experiencias similares en el futuro, porque aún hay muchas historias que contar.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO