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Edgar Degas: "Plaza de la Concordia" (1875). San Petesburgo: Museo del Hermitage

Edgar Degas: «Plaza de la Concordia» (1875). San Petesburgo: Museo del Hermitage

Volvemos a abrir hoy la mirilla del pasado más lejano, dentro de la lejanía que nos podemos permitir en este blog, para situarnos en el Campo de Criptana de 1877. Imaginemos aquel pueblo, no muy grande, por supuesto de caso urbano mucho más reducido que el de hoy, en el que una calle llevaba el nombre «del Monte» porque, efectivamente, era ya la última del pueblo por el este y acababa en el monte. Son aquellos tiempos en que el Calvario, hoy rodeado de casas por todas partes, y casi, casi, en un centro periférico de la localidad, caía entonces en pleno campo, cima coronada, quizá ya por sus cruces, Calvario de verdad con el pueblo a sus pies, y más allá, campos y más campos. Donde hoy hay calles. Y lo mismo por el sur, y por el oeste, y por el norte. Por aquel tiempo los campos penetraban al pueblo; hoy el pueblo invade los campos adyacentes.

Tenía por aquel entonces Campo de Criptana poco más de 6.500 habitantes, 6.500 criptanenses que vivían de forma muy dispar. Había grandes potentados, había ricos, ricos muy ricos y ricos menos ricos, había una clase media alta, una clase media de profesionales, una clase acomodada de agricultores y, en el escalafón más bajo, los que no tenían casi nada o nada. Los que tenían posibles no serían más de 300 familias, y sus cabezas pagaban una contribución y tenían derecho al voto por ello. Los restantes no votaban y no contaban.

Gustave Caillebotte: "Los acuchilladores de parqué" (1875). París: Musée d'Orsay

Gustave Caillebotte: «Los acuchilladores de parqué» (1875). París: Musée d’Orsay

«Dime dónde vives y te diré cuánto tienes». Siempre ha sido así, y siempre será, aquí y en todas partes, porque los espacios son reflejo de la sociedad que los habita, y también, como es lógico, reflejan sus desigualdades.  No escapa a ello ni el cementerio, donde los ricos se entierran en panteones y para los más pobres quedaría la tierra… pero ya entonces ¿qué más da?. Importa más cómo ha sido la vida, y no debía de ser fácil para la gran mayoría de los criptanenses de aquella época.

Recorramos ahora algunas calles criptanenses de entonces, con los ojos puestos en quiénes vivían en ellas y cuánto tenían. Lo haremos sobre los datos que nos proporciona el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real, del 9 de noviembre de 1877. Como ocurría en todas las localidades de aquella época y de ello ha quedado rastro en las de hoy, los más ricos vivían en el centro, en el ombligo del pueblo de Campo de Criptana. Así, en la misma Plaza, en el número 7, tenía su casa el Conde de las Cabezuelas, el mayor contribuyente de Campo de Criptana y, en algunos momentos, también el más importante de la provincia de Ciudad Real. Pagaba una contribución de 6.278 ptas. y 38 cénts., mucho si tenemos en cuenta que el siguiente gran contribuyente no llegaba a las 2.300 ptas, y que, el que menos pagaba, contribuía con la cantidad de 25 ptas. y 9 céntimos, y, a pesar de eso, era uno de los 300 privilegiados. Después del Conde de las Cabezuelas, estaba, en riqueza, Ramón Baíllo Marañón, que vivía en la calle Convento 28 y pagaba 2.292 ptas. y 56 cénts. Eran las calles Convento, del Magnes (actual primer tramo de la calle de la Virgen) y de la Torrecilla las que alojaban a los ricos entre los ricos criptanenses. Si en el 28 de la primera vivía Ramón Baíllo Marañón, en el número 22 vivía Tomás Baíllo Marañón, que pagaba 1.668 ptas. con 28 cénts. En el número 1 de la calle Magnes vivía Mariano Quirós Espinal (1.471,51 ptas.), en el 3, José Treviño Medrano (1.998,84 ptas.) y en el 12, José Antonio Guevara Solís (2.030,32 ptas.). En el núm. 10 de la calle Torrecilla vivía José Vicente Ayala Salazar (1.791,96 ptas. de contribución).

Otras calles parecen dominio de una clase media acomodada. El ejemplo más claro es el de la entonces llamada Calle Empedrada, hoy segundo tramo de la calle de la Virgen, desde su confluencia con la calle Castillo hacia el este. La gran mayoría de sus casas estaban ocupadas por contribuyentes, no muy ricos, pero si con posibles, casi todos propietarios, y algunos con una profesión especializada. Veamos ahora, quiénes vivían en esta calle.

Edgar Degas: "Retrato de la familia Belelli" (1858-1867). París: Musée d'Orsay

Edgar Degas: «Retrato de la familia Belelli» (1858-1867). París: Musée d’Orsay

En el núm. 4 vivía José María Reíllo Pizarro (319,55 ptas.); en el 7, Santiago Casero Cruzado (465,33 ptas.); en el 8, Ulpiano Sánchez Gil Briega, que era molinero (90,54 ptas.). En los núms. 10 y 13 vivían los «Reíllo López»: Antonio, en el 10 (235,50 ptas.), y Ramón, en el 13 (45,60 ptas.). En el 12 vivía Villajos Olmedo Angulo, quizá uno de los más ricos de la calle (627,42 ptas.); en el 14 Francisco Antonio González de Salcedo y González de Salcedo (193,22 ptas.); en el 15 Quiliano Casarrubios Burillo (205,55 ptas.), que en 1878 ostentaría la alcaldía de la localidad y en 1883 se convirtió en tema de discusión en el ayuntamiento (véase: Turbulencias y disensiones consistoriales, Campo de Criptana, 1883), y en el 17 vivía Félix Plaza Valera (44,54 ptas.). Y nos vamos alejando del centro de la localidad, hacia el oriente, y continuando en la calle Empedrada llegamos al número 24, donde vivía Eugenio Amores Lucas (44,75 ptas.). En el 25 vivía Pedro Panadero Polo (40,98 ptas.), en el 35 Julián Manzaneque de Alberca Pérez (26,56 ptas.), en el 39 Francisco de Paula Leal Flores (90,33), del que ya hemos hablado en más de una ocasión en este blog (véanse: Historias del Cementerio de Campo de Criptana: Francisco de Paula, republicano (1869); Historias del Cementerio… II: Francisco de Paula Leal, republicano, 1871-1886; e Historias del Cementerio… III: Francisco de Paula Leal, republicano, † 1887), en el 41 Manuel Olivares de Sañoso Carramolino, tejedor (39,51 ptas.) y, finalmente, en el 43 Facundo Rufián Ortiz (39,51 ptas.).

Éstos eran los habitantes de la criptanense calle Empedrada en 1877, esa clase media de la época.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

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