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Hay cuestiones que parecen revivir con el paso del tiempo; hay cuestiones que, si no dijéramos que pertenecen a otra época, podrían perfectamente pasar por temas de actualidad. El tiempo es cíclico y, como las estaciones, todo vuelve, y los tiempos cambian para no cambiar. Hoy se discute si es conveniente o no abrir comercios en domingos y festivos. Se discute hoy, cuando hace ya muchos años que se decidió no abrir, y ya existía una costumbre para que así fuera. Pero hace noventa y un años ya Campo de Criptana se planteó esta cuestión, y se discutió, y se deliberó, y había argumentos a favor y argumentos en contra, como debe ser en toda controversia que se precie.

Mariano Fortuny: "El vendedor de tapices" (1870). Monasterio de Monserrat

Mariano Fortuny: «El vendedor de tapices» (1870). Monasterio de Monserrat

La cuestión llegó al periódico local El Sarmiento, que se autodefinía como «periódico quincenal independiente», en su primer número, que se publicó el 1 de mayo de 1922, y que tenía su redacción y administración en la calle de Santa Ana, núm. 28. Fue en la página 2 del ejemplar donde alguien, que firmaba con el pseudónimo de «Uno de tejidos» publicó una carta titulada Por si acaso, haciendo gala del lema que tenía que el periódico: «Todo ciudadano debe llevar escrito en la frente lo que piensa acerca de la cosa pública», añadamos a ello, aunque a las autoridades no les guste. El texto es una advertencia al alcalde criptanense de aquellos tiempos, Domingo Esteso, para que se abstuviera de promulgar normas que impidiesen a los comerciantes abrir los domingos, por las causas que se expresan. He aquí el texto de la carta, que reproduzco con el exceso de comas que presenta y con algunos de sus defectos estilísticos, que resultan muy llamativos. Tengamos, en todo caso, indulgencia con aquel comerciante de tejidos que aprovechó (e hizo bien en ello) su derecho a expresar su opinión con libertad:

Confiamos en que el Sr. Esteso, consciente de sus deberes y de la difícil misión que ha venido a cumplir desde la Alcaldía, no se dejará arrastrar, como su antecesor por esa corriente impetuosa que estos días se nota, y que sin razón pretende obligar a todos los comerciantes a que cierren sus establecimientos en domingo.

Ni esto se puede hacer, ni un Alcalde consecuente, puede aconsejarlo a título del cumplimiento de una Ley, porque la de descanso dominical no se ha dictado solo para los comerciantes, sino que, comprende en sus disposiciones, otra serie de gremios, oficios e industrias, que en estos pueblos agrícolas no pueden interrumpir sus trabajos – pues la suspensión causaría perjuicios a una parte del vecindario, que necesariamente, ha de realizar sus compras y operaciones en Domingo, por residir, el resto de la semana fuera de la población.

Y ya que su observancia, no se puede imponer, a todos los comprendidos en la misma, por lo perjudicial que resultaría la medida, que de adoptarse, paralizaba en sus trabajos, a la mayoría del vecindario, tan incumplida queda la Ley, obligando a cerrar en domingo, como dejando en libertad a los patronos para hacer lo que más les convenga.

El público que es el pagano en esta cuestión, quiere libertad para realizar sus actos sin restricciones y desea que no le priven de hacer sus compras cuando más acostumbrado está a verificarlas.

Medios tienen los patronos para libertar a sus dependientes concediéndoles un día de vacación a la semana sin cerrar el comercio con este procedimiento podrán hacerse compatibles los intereses del público con los de la dependencia, porque también tienen derecho a la vida.

Fue ésta, como se ha dicho, una advertencia al alcalde criptanense, Domingo Esteso Maldonado, y no fue el único artículo en el que él fue protagonista en este número del periódico. No fue en el otro caso por la cuestión de los comercios, o por una cuestión del ayuntamiento, de la administración pública o de presupuestos; fue por las escuelas, un tema que provocaba muchas susceptibilidades entonces (véase: El alcalde Domingo Esteso y la cuestión de las escuelas, Campo de Criptana, 1922). Lo cierto es que el mismo Domingo Esteso era comerciante, por lo cual se veía muy implicado en la cuestión de la apertura en domingo. Tenía un comercio de tejidos, del que nos decía el periódico Heraldo de Madrid, del 14 de julio de 1912, que era uno de los más importantes de la población, «provisto de grandes existencias y variados surtidos en géneros del reino y del Extranjero, especialmente paños ingleses y telas de Holanda, junto con los mejores tejidos que se fabrican en el país» (véase sobre el comercio de tejidos en Campo de Criptana: «Prêt à porter», Campo de Criptana, 1879-1904).

Al final, muchos años después, el comercio criptanense cerró los domingos, y luego los sábados por la tarde.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO