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Juan Fernández El Labrador: "Bodegón con uvas, manzanas y nueces, y jarra de terracota" (ca 1633). Colección particular

Juan Fernández El Labrador: “Bodegón con uvas, manzanas y nueces, y jarra de terracota” (ca 1633). Colección particular

Y seguimos, para acabar ya hoy, con esta serie dedicada a la vid y al vino en Campo de Criptana, en aquel lejano año ya de 1904. No creí en un principio que daría para tanto este tema, pues lo que comenzó siendo un sencillo y único artículo se ha convertido en tres. Son cosas inesperadas de la vida, que uno nunca sabe qué derroteros va a seguir, porque si algo no podemos predecir es el destino. Y hace tres días, cuando me puse a escribir sobre este tema, fue grande mi asombro al comprobar para cuánto daba ese humilde listado de nombres que se publicó en el Anuario Riera del año 1904 (pág. 1381). Abundancia y abundancia, extraordinaria abundancia de cosecheros encontramos en Campo de Criptana en aquel año; y muchos, muchos lagares… lo que nos hace pensar en la extraordinaria importancia que este sector económico tenía en la localidad por aquellos años.

Pieter Brueghel el Viejo: "El vino de la Fiesta de San Martín" (1565-1568). Madrid: Museo del Prado

Pieter Brueghel el Viejo: “El vino de la Fiesta de San Martín” (1565-1568). Madrid: Museo del Prado

Pero hay algo más, porque también encontramos en ese año ocho fábricas de aguardiente radicadas en la localidad, siendo sus propietarios algunos de los productores de vino ya citados, lo que indica que había una diversificación dentro de la industria vinícola. Y añadámoslo, incluso champán se hizo en Criptana (véase: Vino, coñac y champán, Campo de Criptana, 1896-1948). Las fábricas de aguardiente eran las de Manuel Amores, Miguel Calonje (sic), Francisco Laurens e Hijo, el marqués de Mudela, Valentín Ortiz, Evaristo Quintanar y Alfredo Ruescas.

Y, por supuesto, una industria vinícola requería la concurrencia de otros sectores, como el de la fabricación de cubas y toneles. El Anuario del año 1904 recoge los nombres de cuatro criptanenses especializados en este trabajo: José A. Castellanos, Miguel Manzanares, José Núñez y Desiderio Vázquez.

Bartolomé Esteban Murillo: "La pequeña vendedora de frutas" (1670-1675). Múnich: Alte Pinakothek

Bartolomé Esteban Murillo: “La pequeña vendedora de frutas” (1670-1675). Múnich: Alte Pinakothek

Así era aquel inmenso lagar báquico criptanense de 1904. Pero fue con el tiempo a más la industria, y fue sobre todo a finales de la primera década del siglo XX, y también a lo largo de la segunda, cuando alcanzó su mayor esplendor. Entre sus artífices estuvieron Alfredo Ruescas (véanse: El bodeguero e industrial Alfredo Ruescas, Campo de Criptana, 1895-1905, I; El bodeguero… II), el francés Francisco Laurens (véanse: Un bodeguero francés en Campo de Criptana: El banquero y financiero Francisco Laurens, 1912; El financiero y bodeguero Francisco Laurens y los vinos de Campo de Criptana en la Exposición Regional de Valencia, 1909, I; El financiero… II; El financiero… III; El financiero… IV), Amadeo Badía (véase: Amadeo Badía, sus “Bodegas de San Miguel” y otras cosas sobre el vino, Campo de Criptana, 1913) y otros, como José Simó, José Antonio Mompó, Julio Bénézet y  muchos más, cuya enumeración detallada sería casi interminable (véanse para ello: Las Bodegas de Rubín, Campo de Criptana, 1913; Campo de Criptana en 1912, V: De bodegas y vinos; Campo de Criptana en 1912, VI: Más sobre bodegas, vinos y otras cosas; Miscelánea vinícola, Campo de Criptana, 1917).

Y las bodegas y el vino llenaron, como quien no quiere la cosa, aquel Campo de Criptana en blanco y negro y sepia de comienzos del siglo XX. El vino, siempre el vino… la vid y la vida.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO