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Vincent van Gogh: "El café de noche" (1888). Yale University Art Gallery

Vincent van Gogh: «El café de noche» (1888). Yale University Art Gallery

Volvemos hoy al periódico local Sancho Panza, y también al mismo número sobre el que ya hemos tratado en otras ocasiones (año XI, núm. 95, del 7 de julio de 1912). Si todos los caminos llevan a Roma, parece que casi todos los artículos más recientes publicados en este blog llevan al periódico Sancho Panza. Y no podía ser menos, porque era un lujo para Campo de Criptana disponer de medios de comunicación independientes como éste, que no se plegaban a los deseos de las autoridades ni asumían opiniones oficialmente impuestas. Sancho Panza era un ejemplo de libertad, como también lo fue otro periódico más o menos contemporáneo, El Sarmiento. En consonancia con ello, en Sancho Panza se sacaban a la luz opiniones sobre temas muy diversos, y no sólo relacionados con el Ayuntamiento, institución que, por supuesto, no tendría que ser en ningún caso la principal fuente de informaciones. Supongo que la información, como la democracia, tendría que emanar del pueblo, debiendo ser las instituciones meros espectadores accidentales y nunca protagonistas. Como iba diciendo, Sancho Panza no se callaba ante casi ningún tema, y hoy aquí traigo una muestra de ello. En el número arriba citado se expresan ciertas afirmaciones en desacuerdo con reformas realizadas en el Casino Primitivo, uno de lo dos, recordemos, que existían en Campo de Criptana por aquel tiempo. El tono es, como era acostumbrado en esta publicación, irónico y aún hoy día sigue manteniendo su frescura. Dice así esta nota:

En el Casino Primitivo se han hecho grandes reformas. Tras una amplia deliberación de la Junta se acordó estropear á la vez el salón de verano y el comedor, y así se hizo, comunicando con dos grandes arcos estas habitaciones.

También se han colocado, muy inmediatos á la entrada, tres enormes y seductores botijos, que nos reimos nosotros de las fuentes del Niágara en lo de echar agua y unas cajitas matamoscas para recreo y solaz de los socios.

Pero se nos olvidaba decir la mejor de las reformas: el toldo de la puerta solo se utilizará los días festivos; los demás días no hace color (evidente errata, por «calor»).

Y los que se crean más reformistas que den dos pasos al frente.

¡Ah! Alguna que otra vez se barrerá y regará la acera.

"Plaza de Campo de Criptana" (vista parcial): Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2003)

«Plaza de Campo de Criptana» (vista parcial): Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2003)

Por supuesto, no tiene desperdicio esta jocosa cadena de ironías que podría encontrar hoy día, ciento un años después, otros muchos casos parecidos en nuestra localidad a los que aplicarse, salvando las distancias, por supuesto. La historia se repite, y las pequeñas historias también, como no podía ser de otra manera. Esa tendencia reformista… que no cesa, esa manía de tirar por tierra con una mano el patrimonio paisajístico y urbanístico, cuando con la otra al mismo tiempo tanto se presume de defenderlo.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO