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Hieronymus Bosch 'El Bosco': "La nave de los locos" (1503-1504). París, Museo del Louvre

Hieronymus Bosch ‘El Bosco’: «La nave de los locos» (1503-1504). París, Museo del Louvre

Todos los años, cuando llegaba la primavera, Paquito el Relojero se olvidaba de los relojes y se iba en busca de su loca. Después de sus tejemanejes eróticos con ella, que duraban lo que durase la primavera, ya en verano, Paquito el Relojero volvía a sus quehaceres, a sus relojes y a la que sería su vida cotidiana hasta la llegada de la próxima primavera. Y así, un año tras otro, Paquito el Relojero, repetía el mismo ritual. Nos cuenta esto Gonzalo Torrente Ballester de aquel loco en su impresionante novela, quizá una de las obras más importantes de la literatura española del siglo XX, Los Gozos y las Sombras. Y aquel Paquito el Relojero, loco y todo, decía verdades como una casa.

A comienzos del mes de abril de 1910 un loco criptanense lo dejó todo, y se fue. Huyó del sanatorio de Madrid en el que estaba recluido, y se fue, no sabemos si en busca de su loca como Paquito el Relojero o de cualquier otra aventura, porque buscar aventura es muy humano, y es cosa tanto de cuerdos como de locos, que en esto no hay muchas diferencias muchas veces cuando se contempla a la Humanidad así, fríamente. Dos periódicos nos dan cuenta de la fuga de aquel criptanense. El primero fue El Liberal (año XXXII, núm. 129, del jueves 21 de abril de 1910), que publicó la noticia con el título Evasión en un sanatorio. Dice así:

Del Sanatorio del Pilar, situado en la Guindalera, ha desaparecido un recluso, llamado Angel Gullón. Su familia suplica á las personas que conozcan su paradero, lo comuniquen á la guardia civil, para que lo restituyan al Sanatorio ó á Campo de Criptana (Ciudad Real), donde están domiciliados sus padres.

Dos días después, seguía en paradero desconocido aquel criptanense, y así nos lo contaba el periódico El Imparcial (año XLIV, núm. 15.490, del sábado 23 de abril de 1910) en una nota que tiene por título Evasión de un demente. Dice así:

Del Sanatorio del Pilar (Guindalera) fugóse día 12 corriente D. Ángel Gullón y Granero, de veinticuatro años. Se suplica á las autoridades y cualquier particular que sepa su paradero, lo atiendan, avisando por telégrafo, Plaza del Ángel 4, tienda. Abonáranse todos los gastos.

Hieronymus Bosch 'El Bosco': "Extracción de la piedra de la locura" (ca. 1490). Madrid, Museo del Prado

Hieronymus Bosch ‘El Bosco’: «Extracción de la piedra de la locura» (ca. 1490). Madrid, Museo del Prado

Tenemos así el nombre completo de aquel criptanense que se fuó del sanatorio, Ángel Gullón Granero. Tenía veinticuatro años por aquel entonces, por lo que no es extraño que sea él el niño aquel, Ángel Gullón, que catorce años antes, en 1896, siendo alumno de la escuela criptanense del profesor Ramón López, había participado con 25 céntimos en la suscripción abierta por el periódico El Imparcial para ayudar a los soldados heridos o enfermos en la Guerra de Cuba (véase: Aquel curso del 96…, Campo de Criptana, 1896). Recordemos que entre  compañeros de clase de Gullón estaban los niños Celestino Martínez y Salvador Martínez, Luis Treviño, Manuel Pizarro, Andrés Cenjor, Maximino Cuadra y otros muchos que, unos años después, desempeñarían un importante papel en la vida económica, social y política de Campo de Criptana. El niño Ángel Gullón participó en esta suscripción con la cantidad de 25 céntimos (El Imparcial, del 20 de noviembre de 1896, pág. 6).

No sabemos si estaba emparentado con Antonio Gullón Rodríguez, comerciante muy conocido en Campo de Criptana (véase: Los monárquicos liberales de Campo de Criptana, 1871, IX: Antonio Gullón). Puede que fuera su hijo, porque el apellido Gullón era bastante raro en Campo de Criptana. Hacia 1878 tenía Antonio Gullón su residencia en la Plaza, núm. 1, y figuraba su nombre entre los de los contribuyentes electores de la localidad en aquella época (Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real, del 7 de enero de 1878). Como ya señalamos en aquella otra ocasión, Antonio Gullón era propietario de una de las tres mercerías de Campo de Criptana a comienzos de siglo XX, según consta en el Anuario Riera de los años 1901 (pág. 913), 1902 (pág. 908) y 1903 (pág. 1002). Habría fallecido hacia el año 1918.

A lo mejor Ángel Gullón se fue, como Paquito el Relojero, a buscar a su loca. ¿Quién sabe? A lo mejor se escapó porque la primavera no es tiempo de estar encerrado, y menos aún es tiempo de estar en un sanatorio. La primavera tiene estas cosas, y no lo pueden remediar, ni el loco, ni el cuerdo.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO