Etiquetas

, , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Jakub Schikaneder: "Asesinato en la casa". Praga, Galería Nacional

Jakub Schikaneder: «Asesinato en la casa». Praga, Galería Nacional

Ayer hablábamos del funesto fátum, del hado cuyo designio entreteje esos hilos que son nuestras vidas. Hay parejas y parejas, pero una de las más extrañas, una de las que están mejor avenidas, es, sin duda, la que forman el fátum y la parca. Tal para cual, se podría decir. Uno determina el rumbo de los sucesos y la otra les pone fin. Tal nefasta pareja se fijó en un criptanense aquel anochecer de finales de verano de 1885, y los hechos se desencadenaron, rápidamente, y la muerte se cobró su tributo fúnebre. Ya contamos en otras ocasiones con pelos y señales cómo se desarrollaron los hechos y cómo se desencadenó la desgracia (véanse: El extraño asesinato de Santos Ortiz, Campo de Criptana, 1885; El extraño asesinato de Santos Ortiz: Algunas noticias adicionales, Campo de Criptana, 1885). Ocurrió todo en un lugar de la calle Empedrada, ante la puerta de la casa de Santos Ortiz, un lugar que, quién sabe, quizá, marcado por la desgracia, quedó maldito para siempre… Empedrada, núm. 14.

Los hechos alimentaron por un tiempo la crónica negra de la prensa española, y como todas las historias también ésta al final acabó en el olvido. Ahora, casi ciento treinta años después de los hechos desempolvamos los recuerdos y los sacamos de ese pozo oscuro y tenebroso que es el tiempo buscando un poco de luz. Fue un uno de septiembre, aunque la noticia tardó en llegar a los periódicos. El jueves 10 de septiembre de 1885 aparecía en El Correo Militar  (año XVII, núm. 2.985) y el viernes 11 en el diario Época (año XXXVII, núm. 11.908). Días antes, sin embargo, justo una semana después del crimen, se publicaba una reseña mucho más completa de lo ocurrido en el Boletín Oficial de Avisos de Madrid, año CXXVII, núm. 250, del lunes 7 de septiembre de 1885. Es curioso que aquellos periódicos no recogieran detalles del crimen ya revelados en este Boletín, cuya versión de los hechos resulta muy interesante, como veremos a continuación. Dice así:

Un crimen terrible se ha cometido en Criptana, pueblo de Ciudad-Real.

Días pasados, á las diez y media de la noche se oyó una detonación en la calle Empedrada causada por un arma de fuego. A los pocos momentos se oyeron gritos y ayes lastimeros que pusieron en movimiento al vecindario. El primero que llegó al sitio de la ocurrencia fué Jesús Ortíz, el que al ver un hombre herido y pidiendo socorro, fué á dar aviso la autoridad, la que se personó al punto acompañada del médico Sr. Tirado y del coadjutor a la parroquia en el sitio del siniestro, en donde ya estaban un sinnúmero de personas. Reconocido el agredido resultó ser el Sr. Santos Ortiz Quitanar y de tanta gravedad, que falleció á los 35 minutos, habiendo ántes recibido los Sacramentos y declarado quien fuera el autor del crímen que en su persona se había cometido.

Paul Jacques Aimé Baudry: "La muerte de Marat" (1860). Nantes, Musée des Beaux Arts

Paul Jacques Aimé Baudry: «La muerte de Marat» (1860). Nantes, Musée des Beaux Arts

Interrumpamos la crónica del Boletín Oficial de Avisos de Madrid para hacer unas puntualizaciones. Según El Correo Militar y Época, el crimen tuvo lugar a las diez de la noche, pero en el Boletín se dice que fue a las diez y media. Esto cuadra perfectamente con los datos que encontramos en el Acta de Defunción de Santos Ortiz, que se conserva en el Juzgado Municipal de Campo de Criptana (tomo 21, fol. 60). Según se dice en ésta, falleció Ortiz a las once de la noche,  es decir, media hora después de recibir los disparos, lo que habría ocurrido a las diez y media. El primero que llegó al lugar de los hechos tras el suceso fue, también según el Boletín, Jesús Ortíz, que no es otro que Jesús Ortíz Leal, que al día siguiente, el 2 de septiembre, comparecería como testigo para la redacción del acta de defunción ante el juez municipal Justo Alonso y ante el secretario, Juan de Dios Villoslada. Recordemos que Jesús Ortiz y Leal era vecino del finado Santos Ortiz, pues vivía en la calle Empedrada, núm. 23. Pero si algo nuevo aporta la versión de este Boletín es lo referente al asesino. Parece que Santos Ortiz tuvo tiempo de identificarlo en el intervalo que medió entre el tiroteo y su muerte, y gracias a ello pudo ser detenido y puesto a disposición judicial. Continuemos, así pues:

A las cinco de la tarde de anteayer el agresor fué conducido á la cárcel del partido. El crímen tiene la circunstancia agravante de haberse cometido sin dar lugar á la defensa, pues el agresor no hizo más que llamar al desgraciado Sr. Ortiz, y al volverse para responder, le descargó a quemaropa (sic), traspasándole el proyectil uno de los pulmones.

El difunto deja en la mayor orfandad á su esposa y cinco hijos, el mayor de doce años. El Sr. Ortiz era una excelente persona, que después de grandes desvelos, había conseguido hacer una regular fortuna siendo tal la bondad de su carácter y belleza de sentimientos que le habían conquistado las generales simpatías, y así se probó en el acto de su enterramiento al que asistió (sic, por «asistieron») más de 600 personas.

Todas las versiones publicadas en la prensa dicen que Santos Ortiz murió a consecuencia de un disparo en el pulmón. En el acta de defunción, sin embargo, se dice que la causa de la muerte fue:

…una herida penetrante del estomago por arma de fuego según prescripción facultativa que se presenta para obtener la correspondiente licencia de enterramiento.

Paul Cézanne: "El asesinato" (ca. 1870). Walker Art Gallery

Paul Cézanne: «El asesinato» (ca. 1870). Walker Art Gallery

No se dice en el Boletín el nombre de su mujer y de sus hijos, pero conocemos gracias al acta de defunción. Era su mujer Micaela Carrasco y Ramos, y sus cinco hijos Lina, Honoria, Abelino (sic), José Gregorio y Santos. Aún hoy, casi ciento treinta años después de que tuviera lugar el crimen, se puede ver en el cementerio de Campo de Criptana la sepultura en la que reposan los restos de Santos Ortiz Quintanar y de la que fue su mujer, Micaela Carrasco y Ramos, que le sobrevivió bastante años.

La muerte separó y la muerte, años después, unió. Así, aquella extraña pareja, el fátum y la muerte, sembraron aquel día de finales del verano, aquel primero de septiembre de 1885, la desgracia y el dolor en Campo de Criptana, y cubrieron con su negro manto de luto el número 14 de la calle Empedrada y a quienes allí vivían.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO