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Pieter Brueghel el Viejo: "La Torre de Babel" (1563). Viena, Kunsthistorisches Museum

Pieter Brueghel el Viejo: «La Torre de Babel» (1563). Viena, Kunsthistorisches Museum

Pocas veces, o quizá ninguna, cuando miramos al pasado, nos preguntamos cómo trabajaban nuestros antepasados, cuánto y a cambio de qué sueldo. Nos vamos para encontrar algunas respuestas a estas preguntas al año 1931, año de cambios muy importantes en el mundo laboral español por la mejora de las condiciones y garantías laborales, secularmente abusivas las unas, e inexistentes, en otros tiempos, las otras. Veámoslo con el gremio de los albañiles: ¿Cuántas categorías de albañiles había, cuánto trabajaban y qué sueldo tenían? Nos da cuenta de todo esto la revista El Eco Patronal, núm. 213, del 1 de mayo de 1931 (pág. 6), en el apartado titulado Acuerdos de Comités Paritarios. Estos acuerdos del Comité paritario interlocal de Oficios de la Construcción regirían la actividad del gremio en los pueblos de La Mancha.

Entre las medidas que se adoptaron figura la obligatoriedad de contrato de trabajo en los pueblos de la jurisdicción. Se reconocen diversas categorías en el oficio, cuestión muy importante, porque sobre ella se establecerán los correspondientes salarios. Así, se distinguen las categorías de oficial de primera, oficial de segunda, ayudante, amasador, peón de mano y peón suelto.

Francisco de Goya: "El albañil herido". Madrid, Museo del Prado

Francisco de Goya: «El albañil herido». Madrid, Museo del Prado

Se fijarín también los salarios mínimos correspondientes a jornadas de ocho horas, dependiendo de las categorías. Eran como sigue:

Oficial de primera: 8 pesetas.

Oficial de segunda: 7 pesetas.

Ayudante: 6 pesetas.

Amasador: 5 pesetas.

Peón de mano: 4,50 pesetas.

Peón suelto (de catorce a dieciocho años): de 2,75 a 4,25 partes según acuerdo en cada caso.

Esta tabla de salarios por día se aplicaría sólo en algunos pueblos, como Alcázar de San Juan, Manzanares, Valdepeñas, Tomelloso, Herencia y también en Campo de Criptana. Se establece también que el día de pago sería el sábado y nunca en los días de descanso de los obreros. Se procedería al pago de los salarios después de la jornada y por no más espacio de tiempo que media hora.

Comparémos ahora estos sueldos con el precio de un producto básico en la vida cotidiana: el pan. Costaba el kilo poco más de 55 céntimos, mucho en proporción a esos salarios.

Y por cierto, qué mejor oportunidad para publicar una información como ésta en el Eco Patronal que el día 1 de mayo. ¿Intención o casualidad?

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO