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Caronte

Caronte

Suele decirse que la muerte iguala a todos, a mujeres y a hombres, a ricos y a pobres, a feos y a guapos, a altos y bajos, a rubios y morenos, a gordos y delgados, y a jóvenes y viejos aunque tenga, como es lógico, preferencia por estos últimos. Suele decirse que la muerte es de lo más democrática y que, aparte de hacer lo que da la gana siempre, lo hace sin ningún miramiento. Tanto le da un rey que un papa, un conde que un mendigo, un caballero que un chamarilero, un afilador que un frutero. La muerte es así. A lo mejor es que es ciega, pero ciega de verdad. Eso es igualdad… y lo demás es un cuento. Otra cosa es el juicio que viene después, el juicio de todos los juicios, el Juicio Final, y cada uno va a donde le toca… y sin rechistar, que no están las cosas para armar discusiones infructuosas y que no llevan a ningún sitio. Aquí, o pagas a Caronte, o te quedas en tierra.

Dieric Bouts: El Viejo: "El Infierno" (1450) Lille, Musée des Beaux Arts

Dieric Bouts: El Viejo: «El Infierno» (1450) Lille, Musée des Beaux Arts

Otra cosa son las consideraciones humanas con la muerte y con los muertos, porque se empeñan los hombres en hacer prevalecer privilegios a los que la muerte hace ascos y no les da ninguna importancia; en el fondo, no la tienen. Un ejemplo de ello lo encontramos en la sección de obituarios y temas varios del periódico El Imparcial, del martes 15 de enero de 1895, porque aquí, quien paga, manda, y quien paga tiene las esquelas más grandes y despampanantes. Y debieron pagar mucho los herederos de una marquesa madrileña de mucho postín y poderío cuya esquela ocupa un amplio espacio de la página. Y en la misma página, como arrinconadas y arracimadas, encontramos otras esquelas, casi apabulladas por el tamaño de la de la marquesa, lo que no quiere decir que aquellas pertenecieran a gentes de pocos posibles, porque, ya solo el hecho de tener esquela indica que algo de poderío había. Por supuesto, la gran mayoría de los mortales españoles de aquel tiempo se morían sin esquela; si no había para lo más básico, no iba a haber para esquelas, como es natural. Una de estas esquelas pertenecía a un criptanense, recién fallecido. Era Sinforiano Ruescas y Gómez, del que dice su esquela:

Ha fallecido el día 13 de enero de 1895 en la villa del Campo de Criptana (Ciudad Real), después de recibir los santos sacramentos y la bendición apostólica de su santidad.

Hans Holbein: "Danza macabra"

Hans Holbein: «Danza macabra»

Sigue, como es de rigor, la fórmula en latín (como debe ser), R. I. P., es decir, Requiescat in pace («Descanse en paz») y después se nos citan a familiares a allegados:

Su desconsolada esposa doña Manuela Rodríguez y Campos, sus hijos, D. Alfredo, don José, D. Vicente y doña María, hijos políticos doña Consolación Fernández, doña Julia Martínez, doña Carmen Salcedo y D. Roberto Jerónimo, nietos, hermana, hermanos políticos, sobrinos y demás familia.

Tienen el sentimiento de participarlo á sus amigos, suplicándoles encomienden á Dios el alma del finado.

Se añade, al final que por disposición testamentaria no se repartirían esquelas.

Hans Holbein: "Danza de la Muerte"

Hans Holbein: «Danza de la Muerte»

Algunos de los citados entre los familiares son bien conocidos en este blog, en especial su hijo Alfredo. Había comenzado su carrera como corredor de bolsa y con el tiempo se convirtió en uno de los más conocidos bodegueros de comienzos del siglo XX en Campo de Criptana. Hizo también incursiones en política, llegando a ser alcalde de la localidad en varios periodos, en los últimos años del XIX y en los primeros del XX. Fue el fundador en 1897 de la Bodega de San Felipe Neri (véase: El bodeguero e industrial Alfredo Ruescas, Campo de Criptana, 1895-1905, I; y El bodeguero e industrial… II). En honor a su mujer, Consolación Fernández, llamó «Villa Consolación» a sus viñedos y al hotel que inauguró a comienzos del siglo XX a pocos kilómetros de Campo de Criptana (véase: El Hotel «Villa Consolación», Campo de Criptana, 1900-1916). Fue autor en el año 1915 de un manifiesto que tenía como objetivo dar a conocer su gestión municipal en los periodos en que había sido alcalde criptanense (véase: El manifiesto de Alfredo Ruescas, Campo de Criptana, 1915).

Y de nuevo, hacemos aflorar el temor y espanto, el crujir de dientes de los triscaidecafóbicos. Mal fario tiene morirse; ya es algo fatídico de por sí, pero además…que sea en un día 13 no puede ser bueno.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO