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El periódico es efímero, tiene su momento y pasa, y queda en el olvido, que, cuando se habla de papel, es lo mismo que decir que en la papelera o en el fuego. A lo mejor también acaba en la calle con sus hojas sueltas, como huérfanas de grapa, arrastradas aquí y allí a merced del viento y sin un destino y sin saber dónde va a acabar. Puede que sea como la vida misma, arrastrada por el destino; pero de su camino sí conocemos el final. Un periódico que ha logrado sobrevivir cien años después de su día de gloria es como un trozo de tiempo congelado, o como un poco de memoria, o como un recuerdo. Es, realmente, un milagro. Cosas que pasaron desapercibidas al lector de entonces para nosotros, hoy, son un tesoro. Entonces por cotidianas, no tenían importancia; ahora, son excepcionales, porque gracias a ellas sabemos cómo vivían nuestros antepasados. Quizá la gran olvidada de la prensa sea la publicidad, pero, tan pequeña y tan humilde, ¡hay que ver qué rica información sobre el pasado nos trae!. Y por ello rescatamos hoy de nuevo un viejo número del periódico Sancho Panza  (año XI, núm. 91, del 17 de marzo de 1912) y veremos cómo eran algunos de sus anuncios publicitarios. Nos centramos en dos: uno de un establecimiento de bicicletas, y en otro de una quincallería y comercio de artículos varios que tenía por nombre La Muñeca Parisién.

Depósito de bicicletas «Catalino Tapia»

No especifica la ubicación. Según dice el anuncio, era el establecimiento representante de las «famosas marcas B S A, Durkopp y otras. Se vendía a plazos y al contado. Tenía a la venta también neumáticos, desde 5,50 pesetas, cubiertas, desde 6 pesetas, «y toda clase de accesorios». Pero vendía otras cosas, demás de bicicletas, tal y como se dice después:

Máquinas usadas desde 70 pts. en adelante. Máquinas nuevas garantizadas que se pueden ver en el establecimiento á precios muy económicos. Máquinas de escribir de renombradas marcas y gramófonos.

Diez años después, en 1922, volvemos a encontrar publicidad del negocio de Catalino Tapia (El Sarmiento, núm. 1, del lunes 1 de mayo de 1922).  En este caso su publicidad es de máquinas de coser Hexagon, «la mejor, la más elegante, la más barata». Cambiaba también viejas máquinas por nuevas, al contado y a plazos. Tenía exposición en la calle de Santa Ana, núm. 28 (véase: El quincenal «El Sarmiento», Crónicas de «Pepe el Tranquilo» y publicidad, Campo de Criptana, 1922).

La Muñeca Parisién

Paul Signac: "Las modistas" (1885-1886). Zúrich, Col. E. G. Bühle

Paul Signac: «Las modistas» (1885-1886). Zúrich, Col. E. G. Bühle

Era el propietario de este establecimiento Carlos Gómez. Se encuentra situado en la calle (Conde de las) Cabezuelas, 5 (actual calle Tercia). Anunciaba que disponía de «grandes novedades para la temporada de invierno» en quincalla y paquetería. Vendía también guitarras, y trajes y gorros para niños.

Por aquellos años existía también un conocido establecimiento en Madrid con el mismo nombre dedicado a ropa y complementos de señora (El Liberal, del 13 de diciembre de 1913):

En la semana próxima será expuesto en el Hotel Iberia, el muestrario de vestidos, abrigos, faldas, batas, cuellos y manguitos de piel y ropa blanca para señoras…

Según la publicidad que encontramos en el periódico La Correspondencia de España (año LXIII, núm. 19977, del 22 de octubre de 1912), tenía La Muñeca Parisién dos establecimientos en Madrid: uno en Fernando VI, 12 y oro en la calle Mayor, 55. Se podían encontrar allí vestidos a partir de 30 pesetas. Otra tienda con el mismo nombre había en Ciudad Real, y también dedicada a trajes de señora («vestidos sastre y fantasía, abrigos de pana, piel y felpa, blusas, faldas, ropa blanca, salidas de teatro y artículos de fantasía en pieles en manguitos») (El Pueblo Manchego, año III, núm. 606, del 13 de enero de 1913).

Y es que, Campo de Criptana, siempre estuvo en aquellos años en lo último de la moda (véase: «Prêt à porter», Campo de Criptana, 1879-1904). De todo había en Criptana para el comprador más exigente (sin que esto quiera ser una ‘metapublicidad’, aunque lo parezca): mercerías, modistas, sastrerías, sombrererías y comercio de tejidos. Es curioso observar que una de las calles comerciales más importantes en Campo de Criptana en aquella época era la de Santa Ana, pero esto ya es otro tema y lo dejaremos para otro día.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO