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El camino: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2008)

El camino: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2008)

Retomamos hoy la serie que comenzamos hace unos días dedicada a «completar» imaginariamente un hipotético «monopoli» criptanense a base de las calles de la localidad que mayor actividad económica tuviesen allá por el año 1900. La fuente es el listado de matrículas de contribución industrial que publica el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real, núm. 30, del viernes 9 de marzo de 1900. Ya habíamos visto en ocasiones anteriores que la calle más cotizada y la que, posiblemente, tendría que figurar como la principal en ese imaginario «monopoli» era la calle de la Virgen (véase: El «monopoli» criptanense, Campo de Criptana, 1900, III: La calle Virgen de Criptana). Es la más larga de la localidad, la que serpentea desde su origen, allá junto a la plaza, en pleno centro criptanense, hasta su final, donde se sale, como quien no quiere la cosa, del casco urbano. Pero a lo mejor ni siquiera acaba allí, y continúa, y continúa, por ese camino protegido de pinos, como una sola entidad o como un solo concepto. Entonces sí que sería la más larga de Criptana, y la más larga con mucho y puede que uno la tome a pie, y camine, camine, camine… y llegue, por qué no, a Roma, porque todos los caminos llevan a ella. Y también era, en 1900, la de la Virgen la calle criptanense que concentraba la mayor cantidad de actividad económica y de renta. Vimos que también merecían entrar en ese tablero del «monopoli» criptanense la calle Alfonso XII, actual calle Murcia, y la Plaza de la Constitución (véanse: El «monopoli» criptanense, Campo de Criptana, 1900, I: La calle de Alfonso XII; y El «monopoli» criptanense, Campo de Criptana, 1900, II: La Plaza de la Constitución).

Como era de esperar, encontramos las calles más activas en el centro de la localidad, y hoy incluiremos una más: la calle Reina Cristina, quizá una de las calles que, para mi gusto, conserva mayor encanto en toda la localidad, junto a la del Convento. Y no sé por qué; no podría dar una explicación. La calles tienen encanto o no lo tienen, y, cuando no lo tienen… pues no lo tienen. Y éstas lo tienen.

No se quedaba corta en relación a la de la Virgen la calle Reina de Criptana en renta y riqueza de sus vecinos. Recordemos que en esta calle, en el número 2, había vivido hasta 1894, fecha de su fallecimiento, la americana naturalizada criptanense Caroline Winslow Salter, viuda de Marcelo María Delgado Aguilera (véase: Una norteamericana en Campo de Criptana: La historia de Caroline Winslow Salter, Fayetteville, North Carolina, USA, 1822-Criptana, 1894). Otros contribuyentes vivían a finales del siglo XIX también en esta calle. El Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real, del 9 de enero de 1890 nos proporciona los siguientes datos sobre esta calle cuando cada uno de sus tramos principales tenía un nombre diferente: Huertas y Pintado.

En el tramo correspondiente a Huertas, en el núm. 1, vivía Santiago Millán y Bustamante, y pagaba una contribución de 31 pesetas con 86 cénts.; en el núm. 4, vivía Juan Manuel Guevara Solís, que pagaba 330 pesetas de contribución.

En la antigua Pintado núm. 2 vívía Antonio Ocaña y Flores, con una contribución de 52 pesetas con 49 cénts.; en el 3 figuran dos contribuyentes: Manuel Cereceda Ballesteros (701 pesetas con 3 cénts.) y Casiano Angulo y Lizcano (57 pesetas con 51 cénts.); en el 10 Lino Pérez Gallego (53 pesetas con 53 cénts.), y en el 13 Jesús Sepúlveda y Mínguez (45 pesetas con 71 cénts.). En esta calle, sin número, figura también Vicente Ruescas y Rodríguez, que pagaba 39 pesetas con 28 cénts.

Georges La Tour: "José Carpintero" (ca. 1645). París, Museo del Louvre

Georges La Tour: «José Carpintero» (ca. 1645). París, Museo del Louvre

La actividad económica de esta calle se centraba, sobre todo, en trabajos industriales y artesanos, además de en una bodega. Entre los primeros encontramos dos carpinteros: Cecilio Bustamante Rodríguez y José Porrero Manzanero. Cada uno pagaba una contribución industrial por su actividad de 24 pesetas. Había también un carretero, Venancio Casero Delgado, que pagaba una contribución similar a la de los carpinteros, 24 pesetas. Dos herreros tenían sus fraguas en esa calle: Siro Rubio Pérez y Bernardino Rubio Pintor, y cada uno contribuía con 24 pesetas. A todos ellos se sumaba un zapatero, Francisco López Pintor, que pagaba la misma cantidad.

La bodega sita en esta calle era la de Santiago Millán Bustamante. Tenía una capacidad de 18.000 litros y pagaba por ella 39 pesetas con 60 céntimos. Sus hermanos tenían también bodegas: José Millán Bustamante en la calle Isaac Peral, de 19.000 litros, por la que pagaba una contribución industrial de 41 pesetas con 80 cénts.; y Jerónimo Millán Bustamante, en Santa Ana, de 18.000 litros, y una contribución de 39 pesetas con 60 céntimos.

Teniendo esto en cuenta, merecerían un lugar aquellas dos calles decimonónicas que con la revolución del nomenclátor criptanense de 1890 pasarían a unificarse bajo un mismo nombre, y fue éste el de la reina regente de aquel tiempo, «Reina Cristina de Habsburgo», es decir, aquella Maria Christina Désirée Henriette Felicitas Rainiera von Habsburg-Lothringen que rigió el país durante la minoría de edad de Alfonso XIII, entre 1885 y 1902 (véase: La revolución del nomenclátor, Campo de Criptana, 1890).

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO