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"Los tejados de la calle de Santa Ana": Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

«Los tejados de la calle de Santa Ana»: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Añadimos hoy la quinta calle a ese tablero de «monopoli» criptanense, y vamos completando así, poco a poco y con la tranquilidad que exige toda tarea, un mapa económico, y también social, del Campo de Criptana de hace ciento trece años, de aquel lejano 1900, último año del siglo XIX. Es aquel viejo Criptana, ya olvidado en la profunda e insondable nebulosa del tiempo; es aquel viejo Criptana de abacerías, de tablajeros, de jalmeros y de carreteros… (véanse: Abaceros y tablajeros, Campo de Criptana, 1900 y Los jalmeros de Campo de Criptana, 1900). Calle de Alfonso XII, calle de la Virgen de Criptana, Plaza de la Constitución, calle Reina Cristina… Poco a poco vamos dibujando aquel plano y vamos conociendo a algunos de los que habitaban Criptana entonces, y vamos sabiendo en qué trabajaban y, en definitiva, como vivían.

Leonardo da Vinci: "Santa Ana, la Virgen y el Niño" (ca. 1510-1513). París, Museo del Louvre

Leonardo da Vinci: «Santa Ana, la Virgen y el Niño» (ca.1510-1513). París, Museo del Louvre

Hoy nos vamos a otra de esas calles de pura cepa criptanense, la calle de Santa Ana, también una de esas calles con encanto. Es curioso observar que las principales calles criptanenses (y entre ellas está la de Santa Ana) están trazadas en dirección este / oeste, o al revés, oeste / este, que igual daría, porque en estos casos es difícil decidir por cuál de sus extremos comienza o acaba una calle. No cuenta aquí la numeración de las casas, porque es una cosa más bien humana o municipal, y por ello nos tenemos que quedar con la duda sobre su comienzo o final, y ésta es una cuestión más metafísica que urbanística. En torno a seis calles que siguen esta orientación se entreteje la telaraña callejera original de Criptana: Santa Ana, Murcia (antes Alfonso XII), Virgen, Reina Cristina, Convento y Concepción, y entre dos cementerios, el viejo al occidente, donde muere el sol, y el nuevo al oriente, donde nace (véase: La calle Concepción, los cementerios y un terrible suceso, Campo de Criptana, 1877-1929).

Tenía la calle de Santa Ana una cierta actividad económica en 1900, tal y como podemos encontrar en el listado de matrículas de contribución industrial de ese año que publica el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real, núm. 30, del viernes 9 de marzo. Quizá no fuese tanta su actividad económica como la de otras calles, pero sí era muy variada.

Bartolomé Esteban Murillo: "Santa Ana enseñando a leer a la Virgen" (1655). Madrid, Museo del Prado

Bartolomé Esteban Murillo: «Santa Ana enseñando a leer a la Virgen» (1655). Madrid, Museo del Prado

Encontramos en primer lugar una tienda de abacería, propiedad de Gerónimo Millán Bustamante, quien también tenía una bodega de 18.000 libros. Pagaba por la primera una contribución industrial de 35 pesetas y por la segunda la cantidad de 39 pesetas con 60 cénts. Una de las pocas farmacias que había en Campo de Criptana en aquel tiempo se hallaba en esta calle: era la de Bernardo Gómez Sánchez, farmacéutico y músico (véanse: Bernardo Gómez: Músico, boticario, «sancho» azoriniano y criptanense ilustre, Campo de Criptana, 1889-1918; Una mazurca para piano de Bernardo Gómez, 1898; y Viajeros en Campo de Criptana: Azorín, su «Ruta del Quijote» y el himno de don Bernardo, 1905) . Pagaba una contribución industrial de 88 pesetas. En la calle de Santa Ana vivían también José María Marchante Atienza, practicante, que pagaba 26 pesetas, y Vicente Quiñones Mazarambroz, carpintero, 24 pesetas.

Hay mucho más que decir sobre la importancia económica y social de la calle de Santa Ana para Campo de Criptana. A la contribución industrial hay que sumar la gran cantidad que contribuyentes electores que vivían en ella. No estaban éstos entre los más ricos de la localidad; pertenecían más bien a la clase media. De ellos hablaremos mañana.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO