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La calle Convento: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2012)

La calle Convento: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2012)

No podía faltar en este imaginario tablero de «monopoli» criptanense, entre sus calles más importantes y más cotizadas, aquéllas que forman, podríamos decirlo salvando las distancias, su «city», o su «downtown» (tan inolvidable, de Petula Clark), la calle Convento. Es, junto a las calles de las que hasta ahora hemos hablado (Alfonso XII [= Murcia], Virgen de Criptana, Santa Ana, Reina Cristina y Plaza de la Constitución), una de las más criptanenses de Criptana, calle de evocaciones, nombrada así por aquel viejo convento de Carmelitas Descalzos que por tantos siglos tanto y tanto influyó en la vida social, religiosa y cultural de la localidad (véanse: La fundación del convento de Carmelitas Descalzos de Campo de Criptana, 1597; y Libros que fueron del Convento de Carmelitas Descalzos de Campo de Criptana en la Biblioteca de la Universidad Complutense).

El convento ya no existe, porque fue desamortizado, pero quedó su impronta para siempre en el nombre de la calle, uno de esos pocos del nomenclátor callejero criptanense que no ha cambiado, quizá como homenaje inconsciente de los criptanenses a aquellos carmelitas descalzos. Quedó también como recuerdo de aquel convento su iglesia, la Iglesia del Convento, justo en la parte central de su recorrido, tan recto, con la excepción de esa pequeña quiebra que hacía la casa Ruescas en su confluencia con la antigua calle del Conde de las Cabezuelas, actual calle Tercia.

La calle Convento es recta, y es estrecha, como deben ser las calles de pueblo, y es armoniosa allí donde se han conservado las viejas casas, algunas muy viejas, pero enteras y aún con personalidad y alma, y algunas con escudos, porque fueron de rancio abolengo, y ni el paso del tiempo ni el maltrato han conseguido privarlas de su dignidad. A veces, parece que esos escudos están vivos, y que nos miran, y que nos cuentan viejas glorias del pasado, e incluso parece que nos piden clemencia, favor para no desaparecer perdidos en las nebulosas del olvido o entre los escombros de una demolición.

La del Convento era (y es) una calle para vivir, una calle con pocos negocios y con poca actividad económica. En general, albergaba a una acomodada clase media y, también (desigualdades de la vida) a algunos de los más ricos, ricos riquísimos de Criptana. Sólo tres matrículas de contribución industrial radicaban en esta calle en el año 1900, según encontramos en el listado que encontramos en el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real, núm. 30, del viernes 9 de marzo. Una correspondía al Casino de la Concordia, que pagaba por una mesa de juego una contribución industrial de 11 pesetas. Otra correspondía a Alfredo Ruescas Rodríguez, alcalde de Criptana por épocas e industrial de vinicultura, que pagaba por una bodega de 12.000 litros una contribución de 26 pesetas con 40 céntimos (véanse sobre él: El bodeguero e industrial Alfredo Ruescas, Campo de Criptana, 1895-1905, IEl bodeguero…, II; y El manifiesto de Alfredo RuescasCampo de Criptana, 1915). La tercera correspondía a uno de los dos jalmeros que había en Campo de Criptana: Silvio Campos Campos. Pagaba una contribución de 24 pesetas (sobre el término «jalmero» véase: Los jalmeros de Campo de Criptana, 1900).

Pero si merece esta calle figurar en el tablero de «monopoli» criptanense no es por sus contribuciones industriales, sino por la gran cantidad de contribuyentes electores que le proporcionaban un gran peso económico y social en Campo de Criptana. Pero dejamos esto para mañana.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO