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¿El huevo o la gallina?

¿El huevo o la gallina?

Hemos hablado ya de muchas calles que compondrían este imaginario e intangible “monopoli” criptanense. Excepto una, que no es propiamente calle, sino plaza, todas las demás tenían la orientación este / oeste, u oeste / este, que da lo mismo que mismo da, porque depende tal dirección de por dónde se considere que está el comienzo o el final, y nos enfrentaríamos en esta cuestión a un dilema mucho más irresoluble que el de la prioridad del huevo o de la gallina. Eran éstas calles que seguían el curso del sol, desde su salida hasta su ocaso, o, lo que es lo mismo, desde su nacimiento hacia su muerte, con todo el simbolismo que este espectáculo astronómico encierra como prefiguración de la vida de la existencia del hombre. Hablaremos hoy, y tendremos que seguir con esta pauta en los días sucesivos, de calles orientadas en el sentido norte / sur, o sur / norte, dirección que no podríamos establecer tajantemente porque nos encontraríamos ante un dilema similar al ya expuesto. Y con ellas vemos cómo va surgiendo en el mapa ese callejero criptanense tradicional que parece tener forma de cuadrado algo distorsionado, o abollado, o deformado, o como se quiera definirlo.

Comenzaremos con una de esas vías, quizá una de las más populosas de la localidad, aquella que encaminaba a los criptanenses rumbo al sur, antaño, antes de que llegara el ferrocarril a Criptana, hacia esos campos interminables de la llanura manchega; después de 1855, hacia ese adelanto de los tiempos que puso a Criptana a pocas horas de viaje de la Corte madrileña y pondría a los criptanenses tan cerca, tan cerca, del mar alicantino y valenciano.

Plano de Campo de Criptana de Domingo Miras (1911)

Plano de Campo de Criptana de Domingo Miras (1911)

Se llamaba esta calle “del Castillo” en el plano de Campo de Criptana de 1885 y ese ha sido su nombre siempre, por mucho que las autoridades buscasen sus triquiñuelas para nombrarla de otras maneras, no siempre de manera justificada ni convincente. Ni siquiera las decisiones consistoriales con toda la ley con la que quieran amparar sus veredictos pueden vencer a la toponimia ni a los usos populares. Al final, la ley y la verdad no tienen por qué coincidir, y es algo que a menudo, muy a menudo, más a menudo de lo que se querría, ocurre. Por ello, cuidado tendrían que poner las autoridades con los nombres que ponen a algunas calles, y hacerlo con buen juicio, porque un mal nombre o un nombre idiota quedará para siempre en la memoria de un pueblo y será objeto de mofa y befa por los siglos de los siglos.

La calle Castillo fue en Criptana siempre la calle Castillo, por mucho que se llamara, por ejemplo, en el plano de Domingo Miras de 1911 “del Marqués de Mudela”, o tomara otros nombres con el paso del tiempo. Pero como todo en la vida es cíclico y el final es a veces el principio y el principio es el final, se volvió a llamar esta calle del “Castillo”, como debe ser.

Fue y ha sido siempre la del Castillo, y la llamaremos así por coherencia con la tradición toponímica criptanense, calle de mucho trasiego, de tiendas, de mucha actividad, al fin y al cabo. Así, son bastantes los negocios que encontramos radicados en ella en 1900, según consta en las matrículas de contribuciones industriales de Campo de Criptana que se publicaron en el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real del viernes 9 de marzo de ese año; no son tantos, sin embargo, como los que encontramos en otras calles.

Comenzaremos este recorrido por las tiendas y negocios de la calle Castillo con el tablajero Felipe Muñoz Quirós, que pagaba una contribución industrial de 24 pesetas (sobre el término “tablajero” véase: Abaceros y tablajeros, Campo de Criptana, 1900). Encontramos también una tienda de aceite y vinagre, que era propiedad de Antonio Millán Martínez. Pagaba por ella una contribución también de 24 pesetas. Radicaba también en ella la bodega de 8.000 litros de José Vicente Ortiz Quintanar, con una contribución de 17 pesetas con 60 céntimos. Y había también un barbero, José Vicente Moreno Flores, que por ejercer su actividad pagaba una contribución de 24 pesetas.

A diferencia de otras calles, no eran muchos los contribuyentes electores que vivían en ésta del Castillo, o del Marqués de Mudela. En 1890 no pasaban de tres, según consta en el listado que publica el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real, supl. núm. 36, del miércoles 8 de enero de ese año. En el núm. 3 vivían Alejo García Santos y Martín Montalbán Cenjor, que pagaban respectivamente  35 ptas. con 63 cénts. y 107 ptas. con 49 cénts. Y en el núm. 14 vivía Primitivo Pozo y Sánchez, que pagaba una contribución de 57 pesetas con 37 cénts. Recuérdese que en otra ocasión hablamos de un tal Primitivo Pozo, músico, que había sido declarado oficialmente pobre, lo que no cuadra con la situación económica de esta persona con el mismo nombre que vivía en la calle Castillo en 1890 (véase: Primitivo Pozo, músico y pobre, Campo de Criptana, 1876-1886).

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO