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Cristóbal Rojas: "La primera y última comunión" (1888). Caracas, Galería de Arte Nacional

Cristóbal Rojas: «La primera y última comunión» (1888). Caracas, Galería de Arte Nacional

Interrumpimos por un tiempo la serie dedicada al «monopoli» criptanense, para no causar hastío al lector y para no caer en el hastío yo mismo, de tanta calle, de tanto nombre nuevo y de tanto nombre viejo, de tanta abacería, jalmería, tablajería, garañones, caballos sementales, zapateros, barberos, bodegueros, farmacéuticos y veterinarios… de tantos contribuyentes electores y de tantos nombres que, aunque ahora no digan mucho a muchos, están en el origen de este pueblo y, seguramente, son antepasados de muchos criptanenses. Y cambiamos, por eso, de tema, aunque sea por poco tiempo.

Ya nos hemos quejado muchas veces en este blog de la vaguedad del recuerdo y de la memoria criptanenses con los suyos, o con los que, aunque no eran en origen suyos, se hicieron suyos con el tiempo, fuera mucho o poco, que vivieron aquí. Lo malo es que entre el olvido y la despreocupación hay una delgada capa, que se rompe muy a menudo, y se encierra en la penumbra nebulosa de la desconsideración a muchos cuyo recuerdo tendría que haber pervivido, aunque sólo hubiera sido con el nombre de una calle. Algún día tendremos que dedicar un artículo a «Los sin calle», a todos aquellos cuyo nombre permanece ignoto y olvidado para los criptanenses de hoy. Hoy hablaremos de uno de los criptanenses efímeros, uno de aquellos que no eran de Campo de Criptana, no nacieron aquí ni murieron aquí, ni pasaron aquí la mayor parte de su vida, pero algo sí hicieron aquí. Es Teodoro Espadas, párroco por un tiempo de este pueblo. No puedo decir con exactitud cuándo entró en el cargo y cuando salió; lo cierto es que fue ya en unos años del siglo XIX muy avanzado. Veamos ahora algunas cronologías relativas que nos ayudarán a situarlo (véase: Sacerdotes en Campo de Criptana, 1832-1914).

En 1878 era el párroco Agustín Blasco y Hernández (véanse sobre él: Un párroco erudito y polígrafo en Campo de Criptana: Agustín Blasco, † 1883; Más cosas sobre Agustín Blasco, párroco erudito y polígrafo de Campo de Criptana; Los lazos del tiempo: El Conde de las Cabezuelas y el presbítero Agustín Blasco, Campo de Criptana, 1877; Apostillas a la historia de Agustín Blasco, párroco de Campo de Criptana: Epílogo y final, 1841-1883), y teniente de párroco José Andrés Lara y Flores (Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real, del 7 de enero de 1878, Supl. nº 37, pág. 5). En los años seguientes el párroco era José Beamud y Quevedo, según consta en el Anuario del comercio, de la industria, de la magistratura y de la administración, 1879, pág. 617; 1880, pág. 805; 1882, pág. 834. Ya a comienzos del siglo XX, en 1901, tenemos un párroco en comisión: Antonio Martínez (Anuario Riera, 1901, pág. 913).

Franz von Lenbach: "Retrato del Papa León XIII" (ca. 1885). Múnich, Lenbachhaus

Franz von Lenbach: «Retrato del Papa León XIII» (ca. 1885). Múnich, Lenbachhaus

Hay un año en el que sabemos con seguridad que Espadas era párroco en Criptana: 1886, tal como consta en el Anuario del comercio, del año 1886, pág. 1025, pero poco más sabemos. Ni antes ni después hay muchos datos sobre su paso por Campo de Criptana, aunque sí sobre sus puestos en otras parroquias. Según el Diario Oficial de Avisos de Madrid, año CXVI, núm. 163, del viernes 12 de junio de 1874, habría participado en las Novenas de San Antonio de Padua en San Antonio de la Florida, en Madrid. En 1883 aparece citado en un listado de suscriptores para un monumento a Zumalacárregui que publica el periódico El Siglo Futuro (núm. 2.387, del 6 de marzo de 1883). Era entonces presbítero (no se dice dónde) y participó con la cantidad de 10 reales. En 1888 ya estaba en Ciudad Real, y tenía un puesto en Santa María del Prado. Lo sabemos porque a comienzos de enero de ese año envió un telegrama al periódico El Siglo Futuro (núm. 3.846, del 3 de enero) para que se diese publicidad a la siguiente nota:

Solemne triduo en la parroquia de Santa María del Prado (Ciudad Real), ochocientas comuniones intención Jubileo León XIII.

Ese mismo año, aparece entre los firmantes de un manifiesto tradicionalista firmado en Ciudad Real el 10 de septiembre y que publica el periódico pamplonica El Tradicionalista, año III, núm. 556, del 15 de septiembre (tomado de El Siglo Futuro). Era entonces ecónomo de Santa María del Prado. Vuelve a aparecer en un listado ampliado que se publicó en el periódico La Fidelidad Castellana (año VI, núm. 1.668, del 26 de octubre). En 1897 era ya párroco de Santa María, en Ciudad Real, y fue protagonista involuntario de un incidente del que se hicieron eco varios periódicos de la época. El Globo (núm. 7871, del 10 de junio, pág. 2), El Imparcial (del 9 de junio, pág. 1) y el Heraldo de Baleares (año I, núm. 114, del 13 de junio) cuentan que, siendo Teodoro Espadas cura párroco de Santa María, en Ciudad Real, volvía por la carretera a la ciudad acompañado de un grupo, del que formaban parte el médico Marcial Rico, su mujer y la familia de Ramón Clemente. Fueron, en un momento dado, detenidos y maltratados por una pareja de la guardia civil «en estado de embriaguez» en las cercanías de la ciudad. No sólo fueron ellos los agredidos: también un carnicero, un concejal, el carrero de una tartana. El incidente causó un gran escándalo en Ciudad Real.

En 1903 aparece citado también en un incidente que tuvo lugar con el testamento que había hecho Dolores de Bustos y Castilla nombrando heredero de todos sus bienes a su sobrino, el marqués de Corvera (El Liberal, año XXX, núm. 10.586, del miércoles, 28 de octubre de 1903). Fue Espadas quien hizo llegar una disposición testamentaria otorgada por la primera a manos del segundo, por lo que quizá se remontaban los hechos a su periodo como párroco criptanense, dada la gran vinculación de la familia de Bustos y Castilla con Campo de Criptana. Tenía intención el marqués, al parecer, de renunciar a esa herencia. En aquel entonces Espadas es citado como presbítero.

José Benlliure y Gil: "Oyendo misa". Valencia, Museo de Bellas Artes

José Benlliure y Gil: «Oyendo misa». Valencia, Museo de Bellas Artes

En 1910 sería nombrado párroco de Santiago, también en Ciudad Real, y en ese puesto seguía a comienzos de 1913. Parece que por aquel tiempo cayó enfermo. El Pueblo Manchego (año III, núm. 650, del 6 de marzo de 1913) informa de una mejora en su enfermedad, pero parece que el día 22 de ese mismo mes ya había fallecido. A propósito de ello, el periódico el Pueblo Manchego (año III, núm. 662, de ese mismo día) anuncia una Vigilia general de aniversario en la Iglesia de San Pedro «en sufragio del alma del adorador honorario D. Teodoro Espadas (q. e. p. d.)». Poco después, el mismo periódico (año III, núm. 677, del 10 de abril) publica el anuncio de un solemne funeral de los PP. Misioneros por el que «fué párroco de Santiago D. Teodoro Espadas» en la iglesia del Corazón de María.

Siete años después, permanecía su recuerdo en Ciudad Real, como podemos comprobar por una nota de El Pueblo Manchego, año X, núm. 2910, del 25 de septiembre, en la cual se anuncia una función con motivo de la Solemne Novena de los misioneros y de la archicofradía del Inmaculado Corazón de María. El día 27 de ese mes se diría la función por el alma de Teodoro Espadas. Correría a cargo de la «señora doña Bienvenida Martín».

Estos son algunos de los datos sobre la vida de Teodoro Espadas Díez, aquel presbítero que fue uno de los párrocos criptanenses de finales del XIX, aunque parece que por poco tiempo.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

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