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J. W. Waterhouse: "La dama de Shalott" (1888), Londres, Tate Gallery

J. W. Waterhouse: «La dama de Shalott» (1888), Londres, Tate Gallery

Ya en un artículo anterior habíamos hecho referencia a Francisco de Paula Baíllo y Castilla. Era el segundo gran contribuyente de Campo de Criptana allá por el último tercio del siglo XIX. Casó a comienzos de 1876 con una joven llamada Jacinta Baíllo y Chacón, y el matrimonio duró poco, apenas seis meses. A comienzos de junio de ese mismo año fallecía ella, a los veintiún años de edad; y él quedó viudo, con veinte. No tendríamos tantas noticias sobre esta historia si no fuera porque murió Jacinta sin haber hecho testamento, por lo cual tuvo que publicarse en el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real (3 de julio de 1876) un anuncio del juzgado de Alcázar y de su partido, para hacer saber que, quienes se creyesen con derecho a la herencia, lo hiciesen saber. Dice así el citado anuncio:

… el día veintiuno de Junio actual falleció en la villa de Campo de Criptana la vecina de la misma doña Jacinta Baillo y Chacón, natural de Alcaráz, provincia de Albacete, hija de don Francisco de Paula y de doña Micaela, de veintiun años, casada con don Francisco de Paula Baillo y Castillo, sin que conste otorgara disposición alguna testamentaria; habiendo comparecido sus hermanos doña Filomena, doña Micaela María y don José Vicente Baillo y Chacón, interesando se les declare sus herederos abintestato; y en su virtud se anuncia por medio de este único edicto, y se llama á los que crean con derecho á la herencia, para que comparezcan á ejercitarle dentro del término de veinte días en los autos que con tal objeto ha promovido el Procurador don Antonio Castillo.

Fue dado, en Alcázar de San Juan, un 30 de junio de 1876.

Hans Baldung: "La muerte y la doncella" (1517). Basilea, Kunst Museum

Hans Baldung: «La muerte y la doncella» (1517). Basilea, Kunst Museum

Jacinta Baíllo había sido la primera esposa de Francisco de Paula Baíllo. Pocos años después volvió él a casarse, y lo hizo con María Catalina Melgarejo Melgarejo, que le sobrevivió. Él también murió joven, con cuarenta y pocos, en el año que inauguraba el siglo XX.

De Francisco de Paula Baíllo y Castilla (o Castillo), ya hemos hablado en este blog. En 1890 vivía en la calle Torrecilla, núm. 2 (antes del cambio de nombre a Miguel de Cervantes) y pagaba una contribución de 4.092 pesetas con 29 céntimos (véase: El «monopoli» criptanense, Campo de Criptana 1900, VIII: La calle Miguel de Cervantes, «alias» Torrecilla, II). En ese año era también alcalde de Campo de Criptana. Bajo su mandato la Junta de Sanidad Local adoptó en la sesión del día 8 de agosto de 1890 dos medidas referentes al cementerio: una era contratar dos sepultureros más; la otra, urgir al Ayuntamiento para que tuviese preparado el nuevo cementerio ante posibles contingencias, por ejemplo, la inminencia de una epidemia de cólera (véase: Acuerdos y decisiones fúnebres, y la cuestión del cementerio, Campo de Criptana, 1879-1891).

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO