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Desde el norte: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2008)

Desde el norte: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2008)

La calle de la Fuente, la unificada bajo este nombre, en 1900 no figuraba entre las económicamente más activas de Campo de Criptana, y no son muchas las contribuciones industriales que tenía, a juzgar por la información que nos ofrece el listado que publica el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real, del viernes 9 de marzo de ese año. Sin embargo, sí encontramos entre ellas algunas de las más curiosas, y por ello, consideramos, merece su lugar en este «monopoli» criptanense. Veamos cuáles eran estas actividades económicas.

Hallamos en primer lugar, un negocio que, podríamos decirlo así, era como uno de los «últimos de Filipinas» aplicado a la industria textil criptanense, otrora floreciente y esplendorosa, ya por aquella época en franca decadencia. Recordemos que en el siglo XVIII la industria textil criptanense tenía una importancia crucial en su economía, tal y como nos decía Eugenio Larruga en el tomo XVII de sus Memorias políticas y económicas sobre los frutos, comercio, fábricas y minas de España, publicadas en Madrid en 1792. Las estameñnas fabricadas en Criptana, y sus albornoces, y ligas, y también sus paños tenían mucha fama y se producían en tan gran cantidad que, según dice este autor, ocupaban la mayor parte del año el batán de la villa de «Alámbra» (véanse: Riquezas de Campo de Criptana en el siglo XVIII: El azafrán y los textiles; El batán de Campo de Criptana, 1792; y Aquellos viejos oficios, Campo de Criptana, 1879-1886).

J. W. Waterhouse: "Esperando a Ulises" (1915). Toronto, Art Gallery of Ontario

J. W. Waterhouse: «Lady Shalott» (1915). Toronto, Art Gallery of Ontario

De todo eso ya quedaba poco en 1900: un «telar a la Jacquard», que era propiedad de Julián Morales Sevilla, y poco más. Estaba en esta calle de la Fuente, y su dueño pagaba por él una contribución industrial de 10 pesetas con 20 céntimos (véase, sobre el significado de «telar a la Jacquard»: El último telar de Campo de Criptana, 1900). También relacionado con los textiles, en este caso en su venta al por menor, estaba el negocio de Florentino Escribano Beamud, por el que pagaba una contribución de 179 ptas. Y, lo que es el pluriempleo, también tenía éste una mesa de billar, por la que pagaba 34 pesetas. No había más artesanos en este calle, pero sí un veterinario un abogado. El primero era Manuel Pizarro Gómez, y pagaba por su actividad económica la cantidad de 44 ptas. El segundo era Delfín Díaz Hellín, y pagaba 78 ptas. De ellos hablaremos con más detalle en otra ocasión.

Sólo nos queda por hacer referencia a los contribuyentes electores que vivían en esta calle, pero esto lo haremos en artículos sucesivos, distinguiendo entre los que vivían en 1890 en los antiguos tramos de «la Cruz Verde» y de la «Fuente».

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO