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El Pósito y alrededores. Plano de Domingo Miras de (1911)

El Pósito y alrededores. Plano de Domingo Miras (1911)

Después del epílogo del artículo de ayer, retomamos hoy la sensatez, en lo posible, y volvemos a ese monopoli criptanense del año 1900, ese mapa económico y social que vamos completando poco a poco, puzzle un poco de recuerdos y otro poco de olvidos. No sabemos muy bien lo que saldrá de todo esto. Quizá ya se nos va acabando el repertorio de calles sobre las que hablar, porque, no lo neguemos, de algunas hay bien poco que contar o, mejor dicho, nos ha quedado tan poco que apenas podemos contar algo de ellas. A veces la historia es muy ingrata y, sobre todo, muy selectiva: ¡habla tanto de unas cosas y tan poco de otras!

Quedan, sin embargo, todavía algunas calles sobre las que tratar, y de ellas seguiremos hablando mientras el tema dé de si. Fijamos hoy el centro de atención en ese edificio criptanense tan presente en su historia y en su vida cotidiana: el Pósito. Tiene su plaza, pero siempre he pensado que es apócrifa. No he sabido nunca si es una plaza de verdad, en sí misma, en el concepto total de «plaza» o es un apéndice de la otra gran plaza, de la auténtica, de la Mayor, sólo una extensión o prolongación de ésta. A veces el urbanismo tiene estos misterios. Tiene su compleja historia el del nombre de esta plaza y de sus proximidades. En el plano de Campo de Criptana de 1885 aparece una «Calle del Pósito» que arranca desde la esquina con la actual Cardenal Monescillo (entonces «Herriega») y baja, serpenteando, como con destino incierto, casi descarriado, hasta el mismo Pozohondo. En el plano de Domingo Miras de 1911 la calle es la misma, y tiene la misma forma; no hay variación urbanística, pero los nombres nos dicen otra cosa. Se distingue una plaza, sin nombre, presidida por la facha principal del Pósito, como una extensión de la Plaza Mayor, o «Plaza de la Constitución» entonces, y se da el nombre de Fernández Calzuelas al resto. Cambiaron los nombres, cambiaron sus habitantes, pero el Pósito siempre estuvo allí, y es él, por tanto, el punto de referencia, quizá lo que debe figurar en ese monopoli criptanense y no tanto su o sus calles y plazas.

Tanto que hablamos del tiempo, de su transcurso, de su fugacidad, y, casualmente, la única contribución industrial que encontramos en esa plaza es la que pagaba un vendedor de relojes, tal y como se nos dice en el listado de contribuciones criptanenses que publica el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real, núm. 80, del viernes 9 de marzo de 1900. Era Leoncio Peña Álvaro, y pagaba una contribución de 44 pesetas. Es curiosa esta noticia, porque en un anuncio publicitario de 1904 del periódico local El Pueblo encontramos que la relojería de Leoncio Peña estaba situada en la calle Cardenal Monescillo 1, quizá en la esquina a esa misma plaza del Pósito (véase: Relojeros, toneleros y sastres en Campo de Criptana, 1904). El negocio se había fundado en 1890  como sucursal de relojería y joyería, de venta y compraventa de joyas. La central se hallaba en la calle de San Bernardo 52, de Madrid. Estaba especializado en relojes de bolsillo y de pared «en clase fina». El encargado de la sucursal criptanense era José María Carballedo.

Pero vayamos ahora a la calle del Pósito de 1890, la actual Fernández Calzuelas, y veremos qué contribuyentes electores vivían en ella. La fuente es, como en otros casos, el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real, supl. núm. 36, del miércoles 8 de enero de 1890, y la lista de contribuyentes electores de Campo de Criptana que publica. Son cinco los reseñados:

Pósito: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2012)

Pósito: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2012)

núm. 2. Juan Manuel Alarcón y Garay. 959 ptas. con 51 cénts. Era abogado y, como tal, aparece ya citado en el Anuario del Comercio del año 1882 (pág. 834). Había estudiado en la Facultad de Derecho de la Universidad Central entre 1846 y 1858. En 1886 manifestó públicamente su adhesión a la Liga Expiatoria de la Juventud (véase: La adhesión de J. Manuel Alarcón a la Liga Expiatoria de la Juventud, Campo de Criptana, 1886).

núm. 3. José María Pulpón García. 79 ptas. con 43 cénts. Quizá lo podamos identificar con el presbítero del mismo nombre que participó en el duelo por la condesa criptanense en 1887 (véase: El entierro de la condesa, Campo de Criptana, 1887).

núm. 4. Vicente Ruescas y Rodríguez. 851 ptas. con 62 cénts. Era hermano del célebre bodeguero criptanense Alfredo Ruescas (véase: El bodeguero e industrial Alfredo Ruescas, Campo de Criptana, 1895-1905, II). Hacia 1891 era alcalde de Campo de Criptana (véase: Acuerdos y decisiones fúnebres, y la cuestión del cementerio, Campo de Criptana, 1879-1891). Fue él uno de los que promovieron intervenciones para reformar el Puente de San Benito a finales del XIX (véase: Aquel viejo puente de San Benito… y sus remiendos, Campo de Criptana, 1575, 1790, 1872-1892).

núm. 7. Severiano Martínez del Rey Flores. 35 ptas. con 48 cénts. Era sacristán (véase: «Ecclesia criptanensis»: El párroco, los presbíteros y el sacristán, Campo de Criptana, 1878).

núm. 9. José Joaquín Pulpón y García, albéitar (véase: José Joaquín Pulpón y García, albéitar, Campo de Criptana, 1877-1879). Fue uno de los firmantes del manifiesto de los monárquicos liberales de Campo de Criptana en 1871 (véase: Los monárquicos liberales de Campo de Criptana, 1871, I). En ese mismo número de la calle del Pósito vivía en 1877 Silvino María Pulpón Bustamante, propietario (Boletín…, del 9 de noviembre de 1877).

Por cierto, respecto al nombre actual de la calle, Fernández Calzuelas, recordemos a aquel famoso criptanense, José Fernández Calzuelas, que allá por 1769 aplicó, parece que con éxito, un nuevo remedio contra el muermo de las caballerías (véase: José Fernández Calzuelas y su remedio para el muermo de las caballerías, Campo de Criptana, 1779).

Pósito: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2007)

Pósito: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2007)

Acabamos aquí otorgando un lugar al Pósito y a su plaza, y a su calle, en este «monopoli» criptanense que llevamos algún tiempo ya completando. Sin embargo, hay una consideración más que hacer. En este punto, no puedo dejar de echar una mirada al pasado y recordar aquella hermosa disposición que esta plaza del Pósito tuvo hace muchos… muchos años. Era quizá ésta del Pósito, entonces, una de esas placitas con encanto. Tenía su fuente, su jardincillo y coronaba todo el conjunto el monumento al músico criptanense Bernardo Gómez. Fueron tiempos mejores para esta plaza, convertida hoy en aparcamiento, espacio de funciones urbanísticas indefinidas y más indefinida aún estética, como tragado por un descampado casi interminable y eternamente inconstructible, esa herida incurable de tierra y de polvo en el centro de Campo de Criptana. Fueron tiempos mejores también para ese monumento a Bernardo Gómez, condenado hoy al ostracismo y a la marginalidad en el rincón de una plaza que no es la suya, y expuesto con paciencia a un vandalismo que se ceba en él más frecuentemente de lo que debería. A lo mejor Bernardo Gómez es uno de esos grandes olvidados de Campo de Criptana. ¡O tempora, o mores!, diría Cicerón.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO