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Panorámica del centro de Campo de Criptana (Detalle: Calle Soledad): Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2004)

Panorámica del centro de Campo de Criptana (Detalle: Calle Soledad): Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2004)

Era en 1900 la calle Soledad una de las más populosas y ricas de Campo de Criptana. Conviene recordar que ya en esa época había tenido lugar la reforma del nomenclátor, y que la llamada entonces calle Soledad correspondía a dos tramos diferentes que hasta 1890 tuvieron cada uno su nombre: Soledad y Pastrana. No tanto era rica por su actividad económica como por los niveles de renta de sus vecinos. Para el año 1900 se registran tres matrículas de contribución industrial a nombre de vecinos de esta calle, según se publica en el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real (núm. 80, del viernes 9 de marzo de 1900). Son tres solo, pero muy variadas, pues corresponden a sectores económicos muy diversos.

Encontramos en primer lugar una contribución industrial por una bodega de 40.000 litros. Era propiedad de Hilarión Escobar Sánchez, y pagaba por ella 88 ptas. De Escobar tenemos muchos datos, tanto por actividades económicas, como por su participación en la vida política y social de la localidad. En 1887 aparece como vocal del Comité Local del Partido Republicano en Campo de Criptana (véase: Campo de Criptana en 1912, VI: Más sobre bodegas, vinos y otras cosas). En 1910 fue alcalde de Campo de Criptana. En 1912 suscribiría acciones por valor de 500 ptas. para financiar la sociedad que se haría cargo del proyecto de traída de aguas a Campo de Criptana (véase: ¡Agua!… por fin, Campo de Criptana, 1912, IV). Ese mismo año, sabemos por el periódico Sancho Panza (año XI, núm. 91, del 17 de marzo de 1912) que se encontraba en aquejado de una grave enfermedad (véase: El discreto encanto de la aristocracia, Campo de Criptana, 1912); ésta acabaría ocasionándole la muerte el día 27 de abril, según dice el mismo periódico local (año XI, núm. 95, del 7 de julio de 1912) (véase: La otra cara de la moneda: Las necrológicas del periódico «Sancho Panza», Campo de Criptana, 1912). Por fortuna, había sido muy previsor, y en el año 1890 solicitó al consistorio un terreno para enterramiento en el cementerio. Se le concedió en sesión extraordinaria del 30 de abril de ese mismo año (véase: Acuerdos y decisiones fúnebres, y la cuestión del cementerio, Campo de Criptana, 1879-1891).

Molinos de Campo de Criptana; Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Molinos de Campo de Criptana; Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

En segundo lugar, se cita un molino de viento, por el que pagaba Manuel Quiñones Sánchez una contribución de 38 ptas. Sabemos también por los datos que nos proporciona el Anuario Riera de 1904 (pág. 1381) que era propietario y cosechero de vino (véase: La vid y la vida, Campo de Criptana, 1904, I). En 1883 fue uno de los concejales del consistorio criptanense que se rebelaron contra el alcalde, y por ello fue multado (véase: Turbulencias y disensiones consistoriales, Campo de Criptana, 1883).

La tercera contribución industrial era la de Antolín Martínez Santos, abogado, que pagaba 78 ptas. Vivía en el tramo de calle llamado antes de 1890 Pastrana, en el núm. 8, y con esta dirección aparece citado ya en el listado de contribuyentes electores del Boletín provincial del 9 de noviembre de 1877. Fue alcalde de Campo de Criptana por esa misma época, y de hecho desempeñando ese cargo firmó el pliego de condiciones para la subasta pública del servicio de alumbrado público de la localidad (véase: El alumbrado público de Campo de Criptana, 1900).

Este mismo boletín de 1877 nos proporciona noticias sobre actividades industriales y económicas registradas en esta calle por aquel tiempo. Se cita, por ejemplo, a un comerciante llamado Juan Casarrubios Lozano que vivía en el núm. 8 de la calle Soledad (según denominación anterior a la reforma de nomenclátor). Pagaba por ello 300 ptas. hacia 1890. También en 1877 vivía en esta calle (núm. 12) el veterinario Ramón Pulpón García, y en el núm. 5 se encontraba una de las farmacias existentes entonces en Campo de Criptana: la de Carlos Longoria (véase: Historias del tren… y otras cosas, Campo de Criptana, 1882).

Lo dejamos aquí por el momento. En los artículos de mañana y pasado veremos quiénes eran algunos de los vecinos que vivían en esta calle, distinguiendo entre los dos tramos de diferente nombre hasta 1890: Soledad y Pastrana.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO