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Francisco de Goya: Fray Pedro arrebata el fusil (1806). Chicago, Art Institute

Francisco de Goya: Fray Pedro arrebata el fusil (1806). Chicago, Art Institute

No hay forma de predecir el destino, ni manera de vaticinar qué va a traer el futuro. Ninguna de las víctimas de los artículos anteriores esperaba morir aquel día y en aquel momento, y en aquellas circunstancias (véanse: Crónicas criminales, Campo de Criptana, 1917, 1918; Reyertas, peleas, un suicidio y una deserción, Campo de Criptana, 1920; Crónicas criminales: Los sangrientos asesinatos de los Leal Ligero, Campo de Criptana, 1926, 1932) . Es lo que tiene la muerte, que se presenta siempre sin invitación cual huésped gorrón, y siempre se lleva su parte del león, porque para eso está. Y sin excepciones. Es curioso cómo acontecimientos triviales que forman parte de la vida cotidiana se tornan, en un momento y rápida e inesperadamente, en tragedia. Si incluso algo tan hermoso y admirable como el amor de Romeo y Julieta, y el de los amantes de Teruel, o el de Calixto y Melibea se tornaron tragedia y tuvieron un final funesto, ¿qué no iba a pasar en circunstancias mucho más cotidianas de la vida? Cualquier momento puede desencadenar esta tragedia y hacer correr la sangre: una conversación airada, un desacuerdo, una disputa, una vieja rivalidad, una envidia, el demonio de los celos, el mal perder en el azar… Ya lo hemos visto en los artículos anteriores. Los casos de hoy son diferentes.

Traigo para esta ocasión dos historias criminales, dos tragedias sangrientas en las que la muerte se cobró su presa. Una es sobre el asesinato de Pedro Martínez Larra, que tuvo lugar en 1933; la otra es sobre el de Juan Ferrán Huertas en 1937, es decir, en plena Guerra Civil. Sobre las circunstancias tenemos en consideración lo que nos dicen una nota publicada en el periódico de alcance nacional Luz, para el primer caso, y un anuncio que apareció en el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real, para el segundo. He aquí las dos noticias al respecto:

Luz

La noticia se publicó en este periódico, núm. 460, año II, del martes 27 de junio de 1933, con el título Se dispara una escopeta y mata a un hombre. Dice así:

Ciudad Real, 27.- En Campo de Criptana, Pedro Martínez Larra conversaba con una vecina llamada Teresa Cobo Castillo, que tenía en la mano una escopeta cargada. El arma se disparó y el tiro alcanzó a Pedro en el ojo izquierdo. El herido falleció. Teresa ha sido detenida.

Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real

Asesinato de Antonio Cánovas del Castillo. Ilustración de V. Ginés. Publicado en Francisco Pi y Margall: Historia de España en el siglo XIX (1902)

Asesinato de Antonio Cánovas del Castillo. Ilustración de V. Ginés. Publicada en Francisco Pi y Margall: Historia de España en el siglo XIX (1902)

El número del 6 de octubre de 1937 publica un anuncio del Juzgado de Alcázar de San Juan, del juez interino Aniceto Sánchez Martín, por el cual se interesa a las autoridades y a la policía judicial para la busca y captura del:

… autor o autores de la muerte del vecino de Campo de Criptana, Juan Ferrán Huertas, ocurrida sobre las 17 horas del 22 de junio próximo pasado cuando entraba en su domicilio, sito en la calle de la Concepción número 1, de dicho pueblo, al dispararle un tiro, los que caso ser habidos serán puestos a disposición de este Juzgado, por haberlo así acordado cumpliendo lo ordenado por la Superioridad en el sumario 60 del corriente año por muerte.

Es curioso cuánto nos recuerda este segundo crimen a aquel del que tanto hemos hablado en este blog, ocurrido cincuenta y dos años antes, en 1885: el de Santos Ortiz. A Juan Ferrán y a Santos Ortiz los asesinaron premeditadamente ante la puerta de sus respectivas casas; a ambos les dispararon y fueron estos disparos los responsables de su inmediato fallecimiento (véase: El exctraño asesinato de Santos Ortiz, Campo de Criptana, 1885; El extraño asesinato de Santos Ortiz: Algunas noticias adicionales, Campo de Criptana, 1885). Respecto a las circunstancias de este crimen y si se descubrió o no a los responsables, nada más sabemos… por el momento.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO