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La Hidalga: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2002)

La Hidalga: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2002)

Allá, en un confín del norte de la provincia de Ciudad Real, en tierras que casi caen ya en la de Toledo, allí, muy cerca del Cerro Gordo, esa pequeña colina de 690 metros de altura, allí, en el corazón de El Chito,allí, precisamente, comienzan a correr los límites entre Campo de Criptana y Alcázar, esos límites irreales que separan una realidad: la de las contribuciones, porque, nos guste o no, los censos, los amillaramientos, incluso la invención de la escritura hace miles de años, responden a razones básicamente económicas. Quienes cobraban tenían necesidad de repartirse a los cobrados, y recordar quiénes eran éstos y cuánto debían, y en concepto de qué. Lo que ha unido la naturaleza, lo separa la hacienda pública.

Laguna de Salicor: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Laguna de Salicor: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Allí, cerca del Cerro Gordo, comienzan estos límites a correr en línea recta, de vez cuando algo quebrada, y buscan el sur subiendo y bajando suavemente entre pequeños montecillos que salpican la llanura. La Cañada de la Cabra, las orillas de la Laguna de Salicor, que cae en terreno criptanense, los Cerros de Martín Juan, en el de Alcázar, con sus 709 metros sobre el nivel del mar, el Haza Negra y, a un lado, la Casa de Sabino, el Cerro Carretero. Éstos son los parajes por los que discurre ese límite, y continúa hacia el sur esa frontera y llega hasta CM-310. Pasa raspando el Pozo del Pico, en Criptana y prosigue su camino hacia el sur, hacia las llanuras de viñedos. Es curioso cómo en pocos kilómetros se transforma el paisaje, y las suaves ondulaciones de las sierras del norte se van allanando poco a poco y se convierten en las infinitas extensiones de viñedos del sur. El límite continúa hacia el sur, y pasa sobre la N-420, a 2.557 metros de la Plaza Mayor criptanense, y sobrepasa El Albardial, y en un punto intermedio entre los kilómetros 152 y 153 corta la línea del ferrocarril.

Las llanuras de La Mancha II: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (1995)

Las llanuras de La Mancha II: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (1995)

Ya estamos en la llanura, ya se ve el horizonte lejano e interminable, ese que se funde, casi sin que nos demos cuenta, con el cielo. En algún momento no se sabe qué es tierra y qué es cielo. Y continúa el límite, y pasa cerca de la Caseta del Agua, corta el camino del Vegazo, y baja por el Pozo de la Lagunilla, en término criptanense, y por el Pozo del Empego, en término de Alcázar, en pleno Campo de San Juan, y se va a encontrar con la CM-3105 poco más allá de su kilómetro 11, en el paraje de El Polvorín. Y sigue hacia el sur y se encuentra otros topónimos: aquel viejo Camino Real que tanto y tanto trasiego de gentes y mercancías viera en otros siglos, Peribáñez, Amaro, y más lejos, en el Chozo de Leal. Allí, justo allí, límites y río Záncara se encuentran.

El río Záncara: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

El río Záncara: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Son ya 12.733 los metros recorridos por el límite desde su comienzo. No es mal camino. Y no para ahí el límite, y sigue, y sigue y sigue hacia el sur, larga travesía, porque todavía le faltan muchos kilómetros hasta su final, apacible recorrido por ese llano Campo de San Juan al encuentro de las tierras de Tomelloso. Y va encontrando el límite esos topónimos de oscuros orígenes: Los Tintares, Las Longueras, el Tejado, y muy cerca, ya junto al Canal del Guadiana, a pocos metros de Alameda de Cervera, esa casa con nombre diminutivo, Treviñeja, sin duda, de Treviño; y al otro lado del canal la Casa del Tejado, lugar que fue escenario en 1869 de la agresión al criptanense Isidoro Berenguillo y Casero (véanse: La agresión al criptanense Isidoro Berenguillo y Casero, Campo de Criptana, 1869, I; y La agresión al criptanense Isidoro Berenguillo y Casero, 1869, II). Y más topónimos: Villa Rosario, la Casa del Minguillo y su paraje, El Minguillo, allí donde se encuentra el límite con la CM 400. Varias veces atraviesa el Canal del Guadiana; zigzaguean el límite y el canal, uno y otro, y se van encontrando, como buscándose, como retorciéndose de ardiente pasión. Y deja el límite la Casa de Montarroz a la derecha, en término criptanense, y continúa por el paraje del Cuervo. Allí, finalmente, se encuentra en el cruce de límites, la encrucijada de Alcázar de San Juan, Campo de Criptana y Argamasilla de Alba. Allí acaban los límites que separan a Alcázar de San Juan y Campo de Criptana, en El Cuervo, al norte de la Huerta del Juez, pero también en el Campo de San Juan, muy al norte de aquel viejo barrio criptanense que en 1841 pasó a Tomelloso, El Altillo (véase: Una antigua aldea de Campo de Criptana hasta 1841: El Altillo). Allí mueren los 32.574 metros de límite entre Alcázar y Campo de Criptana; allí acaba esa pequeña aventura entre las sinuosas colinas del norte y la infinita llanura del sur, sierras y Campo de San Juan.

Desde las sierras: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Desde las sierras: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Fue en 1869 cuando se intentaron fijar definitivamente los límites entre Alcázar de San Juan y Campo de Criptana. Las necesidades de la contribución territorial así lo exigían. El ayuntamiento de Alcázar dio el primer paso. El Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real, del 21 de abril de 1869, publica un extracto del acuerdo tomado en su ayuntamiento en sesión ordinaria del día 11 de marzo de ese año por la cual se establecía que el alcalde de esta localidad participase al de Campo de Criptana:

… con el objeto de practicar un deslinde provisional de los términos de ambas villas por la parte dudosa de sus respectivos límites, á fin de que se arreglaran a él las Juntas periciales de ambas villas para el amillaramiento que ha de servir de base para el repartimiento de la contribución territorial.

El alcalde por aquel entonces de Campo de Criptana era José Antonio Ladrón de Guevara. Y se dijo: háganse los límites, y los límites se hicieron realidad. Y cada uno supo dónde tenía que pagar su contribución.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO