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José Moreno Carbonero: El Príncipe don Carlos de Viana (1881). Madrid, Museo del Prado

José Moreno Carbonero: El Príncipe don Carlos de Viana (1881). Madrid, Museo del Prado

Veíamos en el artículo de ayer que el ayuntamiento de Campo de Criptana tenía un secretario, Francisco Aparicio Sureda, competente, fiel y valorado. La vida le sonreía, al menos en el aspecto profesional (del personal, no podemos hablar porque no tenemos noticia alguna) (véase: Las piruetas del destino: El «affaire» del secretario Aparicio Sureda, Campo de Criptana, 1881-1899, I). Sin embargo, todo cambió para Aparicio Sureda aquel lejano verano de 1881. El BOPCR del 10 de agosto de ese año da cuenta de la toma de posesión de la nueva corporación criptanense el día 1 de julio de 1881. Esta sería su composición:

Alcalde-Presidente: D. José María Salcedo Moya.

Primer Teniente de Alcalde: D. Miguel Molero Úbeda.

Segundo Teniente de Alcalde: D. Jovito Romeral Sahuquillo.

Regidor Síndico Licenciado: D. Juan Manuel Alarcón Garay.

Concejales: D. José Olmedo González, D. Tomás Baíllo Marañón, D. Francisco Vicente Casero Magnes, D. José López Casero Alberca, D. Guillermo Lara Flores, D. Valentín Ortiz Sánchez Quintanar, D. Juan Manuel Carramolino, D. José Antonio Herencia Gómez y D. Andrés Perucho Gascón.

Tres días después tendría lugar la primera sesión ordinaria de este ayuntamiento. Fue el día 4 de julio. Se procedió a reorganizar todo el organigrama y a nombrar los diferentes cargos municipales y comisiones: la de presupuestos, repartos, creación de arbitrios, y examen de cuentas; la de instrucción primaria, beneficencia, Pósito, obras públicas, policía e higiene urbana y rural; la pericial de estadística, personal, padrones, amillaramientos, consumos y contribución territorial e industrial. Se confirmaron algunos cargos, como los de peón de calles y caminos, peritos labradores, peritos de plantíos, peritos de herreros, peritos carpinteros, peritos albañiles y el de administrador del Hospital. Y así muchos más.

Alfred Agache: "La Fortuna" (1885). Lille, Palais des Beaux Arts

Alfred Agache: «La Fortuna» (1885). Lille, Palais des Beaux Arts

Sin embargo, la posición cambió radicalmente para el secretario Aparicio Sureda y no habría para el lugar en el nuevo ayuntamiento. De repente y como quien no quiere la cosa, y como es propio de los designios del destino, que un día estás en lo más alto y al día siguiente en lo más bajo, un día en la gloria y otro en el fango, y te trata como un trapo cuando quiere, Aparicio Sureda cayó en desgracia, no sabemos exactamente por qué. Así, en la sesión de ese día 4 de julio de 1881 entre otras medidas se admitió la dimisión de Francisco Aparicio Sureda como secretario del ayuntamiento, y de José Antonio Sánchez, como auxiliar primero de la secretaría. En su lugar se nombró como secretario interino a Emilio Pulpón. Se procedería seguidamente a hacer una convocatoria de las vacantes para que en los siguientes treinta días se presentasen aspirantes. Y el día 11 ya se tenía aspirante. En la sesión ordinaria celebrada ese día se admitió la dimisión de Emilio Pulpón como secretario interino. Se nombró para ese cargo de Pío Cañadas Alcázar, y como oficial primero interino de la secretaría al mismo Emilio Pulpón.  A pesar de eso, Francisco Aparicio Sureda volvió a presentar una solicitud como aspirante a la Secretaría del Ayuntamiento como interino. En sesión ordinaria celebrada el día 18, el ayuntamiento la desestimó, y, según parece, Francisco Aparicio Sureda no consiguió el puesto. Desconocemos las circunstancias que dieron lugar a esta desavenencia entre el ex-secretario y el ayuntamiento, pero quizá encontremos algunas pistas de ello en el artículo de mañana. Allí veremos cómo fue el auténtico «calvario» de Aparicio Sureda.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO