Etiquetas

, , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Casa de la Huerta de Treviño: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2009)

Casa de la Huerta de Treviño: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2009)

Hoy ha caído en mis manos, como por casualidad y por esas tortuosas vueltas que da de vez en cuando la vida, un listado de terrenos criptanenses infestados por canuto de la langosta. Ocurrió esto en 1901, y se publicó el anuncio en el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real, del 11 de octubre de 1901. Son muchos los terrenos que se citan y de ellos se dan algunas informaciones básicas: ubicación, propietario y extensión. Pero no, lector, no pienses que voy a hablar hoy de plagas de langosta,  ni de subastas, ni de economía agraria, ni de personajes ilustres, menos ilustres, nada ilustres, o de medio pelo; ni tampoco de crímenes, ni de crónica negra, ni de contribuyentes electores, ni de calles, pozos, caminos o algo parecido, ni de jalmeros, abaceros y tablajeros, ni de comerciantes, bodegueros, alcaldes, corporaciones, concejales o secretarios. No, no hablaremos de todo eso; ya hemos hablado bastante de ello en este blog… y lo que nos quede.

Aquellas arboledas: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2009)

Aquellas arboledas: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2009)

Hoy recordaremos un lugar criptanense, de pura cepa. La idea de hablar de él me vino repentinamente, por uno de los terrenos citados en el listado de infestaciones: el «Camino huerta Treviño». Allí tenía una propiedad plagada de canuto un tal Sandalio Manzaneque. Y recurrí de nuevo a aquellos vagos recuerdos para intentar, al menos aproximadamente, rescatar del olvido un paraje que era único o que, al menos, a mí me parecía único: la Casa de la Huerta de Treviño. De nuevo tengo que advertir que los recuerdos a veces engañan, que tardan en llegar, sobre todo cuando son como éstos, vagos, y que, cuando vienen, lo hacen envueltos en las brumas de la nostalgia. Hagamos, primero, antes de entrar en materia, una distinción necesaria: Huerta de Treviño es el nombre de un paraje del término criptanense; la Casa de la Huerta de Treviño, es, como dice su nombre, una casa situada al sur de tal paraje. ¿Que fue antes: la casa o el paraje? ¿El huevo o la gallina?

Casa de la Huerta de Treviño. Las ruinas: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Casa de la Huerta de Treviño. Las ruinas: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

La Casa de la Huerta de Treviño se halla situada a unos 727 metros de distancia del santuario del Cristo de Villajos, al este; 451 metros la separan de la carretera que une Alcázar de San Juan con Miguel Esteban. Está la casa  en una pequeña hondonada envuelta por suaves colinas al norte y abierta por una pequeña llanura hacia el suroeste. Tiene un palomar en lo alto de una discreta colina en una de cuyas laderas está encabalgada la casa principal. Tiene pozo y tuvo noria. En sus proximidades nace un pequeño arroyo, el de San Marcos, que de vez en cuando nos sorprende y lleva agua, y tiene vida, y hay ranas que croan y croan sin parar… y rompen el silencio profundo del paraje.

El palomar: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2009)

El palomar: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2009)

Hoy poco queda del esplendor de aquella Casa de la Huerta de Treviño de otros tiempos. Hasta chimenea de postín tuvo la casa principal, y escalera de buena hechura, y balcones, y salón, y parece, por lo que queda, que alguna solera; y no sé cuantas palomas pudo albergar su palomar, de grande que es, aunque ya no sea ni sombra de lo que fue, con uno de sus muros por tierra. Y su noria, sin duda, sacaba y sacaba agua incesantemente… porque antes había más agua en La Mancha que ahora. Hasta que un día se paró la noria para siempre. Y tuvo la Casa de la Huerta de Treviño arboledas, y tuvo especialmente un bosquecillo, que, creo recordar, tenía forma cuadrada y estaba salpicado de altos árboles. A lo mejor eran olmos, pero no estoy seguro. El bosquecillo era, quizá, lo más característico del lugar. Era como un pequeño paraíso edénico, no muy grande, aunque sí suficiente para una tierra, como La Mancha, tan acostumbrada a llanuras desarboladas… tan dendrófobica. Recuerdo que un día, debía ser a finales de la primavera de un año ya algo lejano que no puedo determinar, me planté allí para pintar, armado de caballete y maletín. Aquello era, como decíamos, «pintar en el campo» y la Casa de la Huerta de Treviño ofrecía uno de los paisajes con más posibilidades pictóricas del término criptanense. La gran sorpresa fue que el bosquecillo ya no estaba. Había desaparecido, como quien dice, de la noche a la mañana. Pensé que me había equivocado de paraje, o que me había trasladado, como sin darme cuenta, en el tiempo o a otra dimensión. En su lugar ya había terrenos de labor. Ni árboles, ni sombra, ni el aroma de aquella vegetación de antaño, ni su frescor, ni sus colores, ni esos rayos tímidos de sol filtrándose entre las hojas, ni aquel canto incesante de los pájaros… Nada de todo eso. Fueron aquellos años en los que una plaga acabó con la mayor parte de las arboledas de La Mancha, y la de la Casa de la Huerta de Treviño, quizá, fue también víctima de ella. Pero me queda de ella el recuerdo, ya lejano y vago, de tardes de primavera de pintura «en el campo», en aquella idílica arboleda de la Casa de la Huerta de Treviño, en aquel bosquecillo edénico…. en aquel pequeño paraíso que parecía fuera de todo lugar y de todo tiempo.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

Anuncio publicitario