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La casa de la Huerta de Treviño: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (1995)

La casa de la Huerta de Treviño: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (1995)

No estaba previsto en un principio, cuando comencé a hablar sobre ese lugar mítico e idílico para mí, que se prolongase tanto la serie. Mucho menos pensaba que esto acabaría siendo una detallada crónica de la decadencia y muerte, a cámara lenta, de esa vieja casa y de su secular bosquecillo, uno de los pocos que quedaban en Campo de Criptana, uno de los pocos que daban en estas tierras manchegas sombra al caminante en los días de estío y alegraban con su verdor rabioso el entorno. Ayer describíamos cómo era la disposición y estado de esta casa según una fotografía del Vuelo Americano AMS de 1956-1957. Veíamos que lo que más destacaba de este lugar era su colina con su palomar, la casa y, sobre todo, el bosquecillo, una masa oscura que rodeaba el conjunto por el sur, a modo de golilla. Pero lo más llamativo era la gran extensión del bosquecillo. Nos vamos hoy a unos años después, y veremos qué fue de aquel bosquecillo basándonos en otras fotografías de la Fototeca Virtual del Instituto Geográfico Nacional pertenecientes a dos periodos: una es del Vuelo Interministerial de 1973-1986 y la otra del Vuelo Nacional de 1980-1986.

Vuelo Interministerial (1973-1986)

Lo que queda: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2009)

Lo que queda: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2009)

Tomamos en consideración el fotograma 07400C44982 de este vuelo. Casi todo lo que nos muestra es similar a la fotografía tomada unos años antes… casi todo menos el bosquecillo, que cada vez es más bosquecillo y menos bosque. Porque lo que llama especialmente la atención es que su extensión se ha reducido considerablemente, casi, podríamos decir, a una quinta parte de lo que era. Ya no abraza a la colina por el sur; como mucho, queda una pequeña arboleda que esboza las lindes, junto al camino de la derecha, y una pequeña masa de árboles al sur de la casa que intenta, como con esfuerzo y luchando contra la sequía, o contra los elementos, o contra no sabemos qué, mantener su territorio a toda costa. Todo lo demás que en otro tiempo fue bosquecillo, aparece ya cultivado o improductivo. También se distingue el arroyo de San Marcos con mucha más nitidez que en el Vuelo Americano AMS de 1956-1957, pero, a lo mejor, ya en ese momento estaba seco, como casi todo el entorno. No lo sé.

Vuelo nacional (1980-1986)

El panorama del lugar que nos muestra el fotograma 0714K003 de este vuelo es desolador. Es la decadencia de las decadencias, la tristeza de las tristezas, porque de aquel bosquecillo, bastante grande, de otros tiempos, de todo aquello, apenas queda una línea desaliñada de árboles cuya presencia difícilmente puede delimitar ya las lindes, esas que nunca cambian y que permanecen por encima de todo. Eso es lo que quedaba entonces. Ahora, mucho menos.

La casa de la Huerta de Treviño: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2007)

La casa de la Huerta de Treviño: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2007)

Aquí acaba esta crónica de una muerte anunciada, la de ese bosquecillo que es, como si dijéramos, prefiguración de lo ocurrido con la mayoría de los bosquecillos de La Mancha, esos que aún salpicaban al comienzo del siglo XX su llanura, pero que, en sus últimos años, ya prácticamente habían desaparecido. A lo mejor esto es un desastre ecológico cuyas consecuencias no podemos aún vislumbrar. Siempre nos quedarán los recuerdos de lo que fue aquel bosquecillo mítico y ya no es, de aquellos buenos momentos allí, en esos días de primavera de «pintura en el campo», de los cuadros que salieron de aquellos ratos. Pero siempre aflora la tristeza. De vez en cuando vuelvo allí y creo que me voy a encontrar aún  aquel Edén, como si aún existiera, tal y como quedó grabado en el recuerdo hace mucho. Pero me encuentro la realidad. Es como si el recuerdo se negara a aceptar que las cosas son como son y que no se puede hacer nada para evitarlo, y, sobre todo, que lo que se ha ido ya nunca volverá y que lo que fue ya no es, y nunca será, que el tiempo pasa y pasa y pasa…. para todo y para todos, hasta para el bosquecillo de la Casa de la Huerta de Treviño.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO