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Pascal Adolphe Jean Dagnan Bouveret: Hamlet y el  enterrador (1883)

Pascal Adolphe Jean Dagnan Bouveret: Hamlet y el enterrador (1883)

«Ser o no ser», y nada mejor que dichos hamletianos para el tema de hoy que, como se ve por el título, tiene que ver con el teatro, pero no con el gran teatro, en el sentido abstracto de la palabra, ni con ese «teatro del mundo», sino con un teatro, el criptanense, aquel de finales del siglo XIX. «Algo huele a podrido en el estado de Dinamarca», diría el centinela Marcelo como presagio de la nefasta revelación del fantasma paternal a Hamlet. «Algo está podrido en el Teatro Cervantes», pude que dijese quizá, levantándose serio y airado ante su corporación el alcalde criptanense, Vicente Ruescas, en una de las sesiones de su consistorio aquella primavera de 1890; «muy podrido…, muy podrido…», pudo apostillar el secretario municipal, Francisco Aparicio Sureda, mientras tomaba acta del acuerdo poco después de que se le restituyese a su puesto (véase: Las piruetas del destino: El «affaire» del secretario Aparicio Sureda, Campo de Criptana, 1881-1899, III). Y parece que llevaban razón, tanto que durante los meses de mayo y junio de 1890 el teatro salió a relucir de vez en cuando en las sesiones ordinarias del ayuntamiento criptanense, y no fue para bien.

Según consta en el extracto de acuerdos del ayuntamiento criptanense que publica el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real, del 14 de mayo de 1890, la sesión ordinaria del 30 de abril había comenzado con el acuerdo de incluir el acta el pésame consistorial por el fallecimiento el día 27 del Conde de las Cabezuelas, Juan de la Cruz Baíllo y Marañón. Después vendría uno de los asuntos más espinosos: el que tenía que ver con la gestión del Teatro Cervantes:

Que la Alcaldía se haga cargo de los efectos existentes en el Teatro de Cervantes, previo inventario, y después liquide las acciones que puedan justificar algunos de los señores y señoras que en 3 de Enero de 1873 pretendieron la cesión de aquel local para sociedad recreativa.

William Morris Hunt: Hamlet (1864). Boston, Museum of Fine Arts

William Morris Hunt: Hamlet (1864). Boston, Museum of Fine Arts

Hubo indicios de que se había incurrido en una malversación de fondos. Y parece que se estaba en lo cierto. En la sesión ordinaria del 5 de abril el ayuntamiento confirmó los acuerdos del día 30 y decidió hacerse cargo de nuevo del Teatro Cervantes (Boletín Oficial…, del 13 de junio de 1890):

… no reconocer Junta alguna, fuera de la nombrada por consecuencia del pacto de 5 de Enero de 1873, con facultades para administrarles y los fondos que son propios y del exclusivo derecho del Municipio, á quien únicamente puede representar el Ayuntamiento, y que por consecuencia y para liquidar las cuentas de la Sociedad desde 1873 y poder amortizar las acciones, por cuanto no se ha hecho en los 17 años transcurridos, se incaute la Alcaldía de la llave del edificio de la propiedad del Ayuntamiento, cumpliéndose inmediatamente estos acuerdos.

En consecuencia con lo decidido y a raíz de la intervención del ayuntamiento en el Teatro Cervantes, se acordó en esa misma sesión:

Tomar en consideración la solicitud de varios jóvenes que pretenden se les devuelvan 6 sillas, una mesa y 8 candelabros existentes en el Teatro Cervantes.

Tuvo el ayuntamiento en esta decisión el apoyo de varios accionistas del Teatro Cervantes, quienes, tal y como se comunicó en la sesión ordinaria del día 28 de abril:

 … aplauden la determinación del Ayuntamiento y le excitan para que exija cuentas sin contemplación alguna y que las publique convenientemente.

Finalmente, el ayuntamiento acordó más de un mes después, el 30 de junio, según se dice en el Boletín Oficial… del 23 de julio de 1890:

Conceder quince días de término a D. Santos Flores, como Presidente de la Junta del Teatro de Cervantes, para que rinda cuentas desde que corre á su cargo hasta el 8 de Mayo último en que el Ayuntamiento se incautó, y es preciso determinar acerca de varias instancias presentadas en el expediente.

No sabemos en qué acabó esto, pero fue todo un escándalo. Puede que podamos identificar a este Santos Flores, presidente de la Junta del Teatro, con Santos Flores Casarrubios, contribuyente elector, que pagaba en 1884 una contribución de 25 ptas. con 6 cénts. y vivía en la calle Granado 23 (actual calle Virgen de la Paz) (Boletín Oficial… del 8 de enero de 1884). Con esa misma dirección lo encontramos en el año 1890.

Y ya que hemos hablado del teatro en este artículo, finalicemos con el epigrama del poeta Palladas (siglo IV), que tiene mucho que ver con él y con la vida misma: «Comedia y juego de niños es toda la vida; ponte el disfraz y entra en la burla o tendrás que lamentarte» (Anthologia Palatina, 10.72).

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO