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Carl Spitzweg: El ratón de biblioteca (1850). Schweinfurt, Museum Georg Schäfer

Carl Spitzweg: El ratón de biblioteca (1850). Schweinfurt, Museum Georg Schäfer

Continuamos hoy hablando de bibliotecas en Campo de Criptana, tema del que queda mucho por decir todavía. Dábamos ayer cuenta de una breve nota sobre la existencia en 1883 de una Biblioteca Popular en Campo de Criptana, una de las muchas que el Ministerio de Fomento había fundado por localidades de todo el país.

Parece que el resultado de esta iniciativa, cuya intención era laudable, no dio los resultados deseados. Y aquellas bibliotecas no cumplieron su función primordial: acercar los libros a los lectores. De ello se quejaba, precisamente, el autor del artículo publicado en la Revista Contemporánea, año 9, tomo 48, vol. 1, del 15 de noviembre de 1883. Sabemos por él, además, que en Campo de Criptana ya había una de estas bibliotecas populares a 1 de enero de 1883 (véase: Crónicas bibliotecarias, Campo de Criptana, 1883).

Conviene ahora que completemos esta información con nuevos datos. Esta Biblioteca Popular criptanense fue fundada, como se ha dicho, por el Ministerio de Fomento en el año 1882. Así nos lo indica la estadística de concesiones hechas y colecciones entregadas en ese año que se publicó en el Anuario del Cuerpo Facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Anticuarios, II, 1882 (Madrid 1883). En la pág. 330 se nos dice que esta biblioteca criptanense se fundó ya con 900 volúmenes, fondo que no estaba nada mal para aquella época.

No sabemos que fue de aquella biblioteca. Avanzando los años saltamos del siglo XIX al XX y nos situamos en 1930. Porque entonces otra iniciativa tiene lugar. Es, de nuevo, una «Biblioteca Popular» pero, en esta ocasión, no es iniciativa oficial, sino de una asociación privada: el Patronato Social de Buenas Lecturas. Nos informa de ello la Revista Católica de Cuestiones Sociales, año XXXVI, núm. 426,  junio de 1930, en el capítulo «Nuestras fundaciones de bibliotecas». En este caso, estas fundaciones tienen una finalidad moralizante, tal y como se señala en la introducción a la estadística de donaciones y fundaciones:

Con el fin de que nuestros consocios vayan conociendo la magnitud de la empresa que acomete el Patronato Social de Buenas Lecturas al crear en millares de poblaciones de España bien nutridas bibliotecas que lleven al pueblo moralizadoras ideas, sanas doctrinas, continuamos en este número de la «Revista» dando cuenta detallada de los generosos auxilios que recibimos de manos de nuestros amigos, a la vez que citamos los pueblos y lugares donde se van instalando las Bibliotecas.

Carl Spitzweg: El poeta pobre (1839). Berlin, Gemäldegalerie

Carl Spitzweg: El poeta pobre (1839). Berlin, Gemäldegalerie

En la pág. 69 encontramos los datos relativos a Campo de Criptana. Hubo dos criptanenses que contribuyeron con cantidades de dinero para la iniciativa que había puesto en marcha este patronato. Uno fue Ramón de la Vega y Arango, que aportó 10 ptas.; el otro Eduardo Cueto Subit (sic, en el texto, «Subrit»), que había aportado la cantidad de 150 ptas. Y también se nos da cuenta de la fundación de una biblioteca popular en Campo de Criptana, en los siguientes términos:

Biblioteca Popular enviada al Alcalde de Campo de Criptana (Ciudad Real) para su instalación en una escuela de la localidad.

Respecto a Eduardo Cueto, uno de los criptanenses que había hecho donaciones a este patronato, recordemos que había sido alcalde de la localidad y conocido empresario (véase: Eduardo Cueto, alcalde y empresario, Campo de Criptana, 1928).

Recordemos, antes de finalizar, otras bibliotecas que existieron  en Campo de Criptana. Una, que debió de ser muy rica en volúmenes, fue que existió en el Convento de Carmelitas Descalzos de Campo de Criptana. La Desamortización acabó con ella y desapareció, perdiéndose así una colección de extraordinario valor. Algunos de estos libros fueron a parar, como ya hemos dicho en otra ocasión, a la Biblioteca de la Universidad Complutense, y allí se encuentran aún (véase: Libros que fueron del Convento de Carmelitas Descalzos de Campo de Criptana en la Biblioteca de la Universidad Complutense). Otra biblioteca sabemos que tuvo el conocido Círculo o Casino de la Concordia, ya desaparecido. Sabemos por el periódico El Heraldo de Madrid, año XXIII, núm. 7.896, del 14 de julio de 1912, que ya por entonces disponía de biblioteca propia:

Su biblioteca, con un buen número de volúmenes de las más altas mentalidades europeas, viene á llenar su provechoso cometido en bien de todos.

(Véase: El Círculo de la Concordia, Campo de Criptana, 1912). En 1919, siendo presidente de la Junta del Círculo el mismo Eduardo Cueto ya citado, se proyectó un nuevo edificio muy ambicioso que tendría entre otros espacios (cine, teatro, hotel, salas de reuniones) una biblioteca. En la Junta había también una figura de Bibliotecario, cargo que ostentaba en 1919 alguien de quien conocemos el nombre, José Vicente, pero no el apellido (véase: El nuevo Casino de la Concordia, Campo de Criptana, 1919).

La pregunta, para finalizar, es: ¿Qué fue de todo aquello? Esta pregunta merece, sin duda, una reflexión… y muy seria.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO