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Jan Steen: La escuela de pueblo (1670). Edimburgo, Scottish National Gallery

Jan Steen: La escuela de pueblo (1670). Edimburgo, Scottish National Gallery

Una vez conocido el plan de estudios de este colegio, su plantilla de profesores y su perfil académico, veamos ahora cómo se organizaban las clases en los días lectivos y cuáles eran los horarios (véase: El Colegio de San Gregorio, Campo de Criptana, 1906, III: Los profesores). Olvidábamos ayer hacer una observación respecto al grupo de profesores, y por eso la hacemos ahora: no había ninguna mujer entre ellos, hecho que parece ir acorde con las costumbres de aquella época. Recordamos que la fuente que utilizamos para reconstruir esta breve historia sobre este colegio es el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real, del 9 de noviembre de 1906.

Vimos también que los cinco cursos de que constaba el plan de estudios de este colegio no tenían una excesiva carga de asignaturas, al menos en los cuatro primeros cursos (véase: El Colegio de San Gregorio, Campo de Criptana, 1906, II: El plan de estudios).  En primero había cuatro asignaturas, tres en segundo, y cuatro en tercero y en cuarto. En quinto encontramos, en cambio, ocho asignaturas. Pero este desequilibrio tiene una explicación: las asignaturas de los cuatro primeros cursos eran diarias, mientras que algunas de las que encontramos en quinto eran en días alternos: Religión y Música; es posible también que algunas asignaturas de este curso fueran optativas. Respecto a los horarios, generalmente comenzaban las clases a las 8 de la mañana y acababan a las doce y media, y por la tarde se reanudaban a las dos y media y terminaban generalmente a las seis. Las últimas clases eran las de Dibujo y Música. Es posible también que existiese a media mañana y a media tarde ese rato dichoso para los escolares, quizá el más gozoso y deseado, y añorado durante las horas de clase: el del «recreo», pero, a partir del horario que se publica en el Boletín provincial es algo difícil deducir en qué momento exacto tenía lugar. Puede que por la mañana podamos situar ese recreo en una horquilla horaria que va de las 10 a las 11 de la mañana, por la tarde en la horquilla que va de las 4 a las 4 y media.

Se completa la información académica publicada en el Boletín provincial con la autorización de la Alcaldía criptanense para la instalación y funcionamiento del colegio en la localidad. Era, entonces el «alcalde constitucional de esta villa» León Longoria y Morán, del que hablamos hace unos días (véase: Los López de Longoria y el solar del Pozohondo, Campo de Criptana, 1884-1889; y Cuando la Muerte llama a la puerta: La nota necrológica de María Manuela López de Longoria y Morán, Campo de Criptana, † 1908). Y éste certifica que:

… reconocido el local que destina á Establecimiento de enseñanza privada D. Lorenzo Carrillo y Muñóz, Presbítero, de esta vecindad, en nada se opone á las Ordenanzas municipales por lo que respecta á las condiciones de salubridad, seguridad é higiene. Y para que conste, á instancia del referido D. Lorenzo Carrillo libro la presente en Campo de Criptana á 29 de Octubre de 1906. – León Longoria – Hay un sello que dice: Alcaldía constitucional de Campo de Criptana.

Todos estos documentos se publicaron en el Boletín para que en plazo de quince días se pudiesen presentar alegaciones. Respecto al local al que alude el certificado, desconocemos la ubicación.

Pieter Brueghel el Viejo: Juego de niños (1560). Viena, Kunsthistorisches Museum

Pieter Brueghel el Viejo: Juego de niños (1560). Viena, Kunsthistorisches Museum

Y aquí finaliza esta breve serie dedicada a una de esas ilustres y atrevidas instituciones de la historia criptanense, aquel colegio que comenzó su andadura en 1906. Y muchos recuerdos me vienen a la mente de aquellas escuelas que yo conocí, y especialmente tres: el primero, que la escuela tenía un olor particular mezcla de tiza, goma de borrar y papel que lo impregnaba todo y a todos; el segundo, que aquellas «cinco de la tarde», hora hispánica de toros y hora de la salida de clase, eran un momento único, dichoso, casi salvífico especialmente en esas tardes soleadas de invierno en las que el tiempo y todo lo que había alrededor parecía detenerse por un instante, en que todo parecía dejar de ser efímero y fugaz, aunque solo fuera por un momento. El tercer recuerdo que aflora es aquella práctica llamada «Permanencias», algo que hoy ya no existe tal y como entonces se concebía, aunque quizá si con otra forma y con otra denominación. Recuerdo que entonces se llamaban Permanencias a esa hora lectiva adicional, generalmente de cinco a seis, opcional y de pago; y que yo recuerde, siempre asistí a las Permanencias en aquel viejo colegio del Palomar. Pero hace ya tanto de todo esto y ha cambiado tanto la escuela…

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO