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Francisco Arturo Michelena Castillo: El niño enfermo

Francisco Arturo Michelena Castillo: El niño enfermo

Con el artículo de hoy cambiamos completamente de tercio, y dejamos por un tiempo, que será breve, las calles, los caminos, los parajes, los ayuntamientos, las bibliotecas, la estación, los muelles, las bodegas y todo eso de lo que hemos venido hablando tanto y tanto, y sin parar, en los últimos tiempos. Con el artículo de hoy nos introducimos en algunas cuestiones médicas relacionadas con Campo de Criptana en el ya muy lejano año de 1889. A lo mejor lo que se diga en este artículo no será muy del gusto de algunos lectores, y mucho menos de los hipocondríacos, entre los que yo, por cierto, me cuento. A lo mejor el que escribe este blog se está granjeando, como quien no quiere la cosa, la aversión de fóbicos diversos, como los hipocondríacos en este caso, y los triscaidecafóbicos en otras ocasiones, además de todos aquellos que no encuentren placer y solaz en la lectura de estos textos, que seguro que también los hay, como es natural y como ocurre con toda obra humana, que tiene sus defensores y detractores.

Me ha traído al tema de hoy una decisión tomada en  la sesión ordinaria del Ayuntamiento de Campo de Criptana, el 2 de diciembre de 1889. Y no sé exactamente por qué he llegado a este punto y a este tema en un día como el de hoy que, precisamente, es trece. Y por si los triscaidecafóbicos estaban tan tranquilos pensando que hoy no es martes ni viernes y, por tanto, no hay mal fario, les diré que no lo estén tanto: lo que importa es el trece, pues el que sea en martes, miércoles, jueves o viernes es algo puramente accesorio o casual. La decisión de la que hablaremos hoy la adoptó el consistorio criptanense en época del alcalde Francisco de Paula Baíllo, y se publicó como parte de los extractos de sus sesiones que se publicaron en el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real, del 20 de enero de 1890, y dice así:

Que se consigne en adicional la adquisición de una caja de amputaciones y demás operaciones de urgencia, un termo-cauterio del Doctor Paguelin, y una maquina electrica de Gaffe, con destino al Hospital y á los pobres.

Theodore Gericault: Estudio de pies y manos (1818-1819). Montpellier, Musée Fabre

Theodore Gericault: Estudio de pies y manos (1818-1819). Montpellier, Musée Fabre

Veamos ahora en qué consistía cada uno de estos artículos.Tenemos primero una «caja de amputaciones». «Caja», en este contexto de instrumentos quirúrgicos y médicos, tiene el sentido de objeto en el que se guardaban los útiles necesarios para las operaciones y los medicamentos que formaban parte de los botiquines portátiles. Al ser «de amputaciones», podía contener algunos de los instrumentos necesarios para esta operación que nos cita Joseph François Malgaine en su Manual de medicina operatoria (Madrid 1841), vol. 1, pág. 8: tres cuchillos rectos, cada uno con un tipo de corte diferente: uno recto, otro un poco convexo y otro de punta roma; un cuchillo interóseo de dos cortes; un bisturí recto, de mango fijo; una sierra común y otra articulada, una sierra recta, con forma de cuchillo, agujas diversas, tenazas, un osteotomo, etc.

El término termo-cauterio, o según la grafía más común, «termocauterio», se encuentra por primera vez recogido en los diccionarios de la Real Academia Española en la edición de 1899 (pág. 955), con este significado:

Cauterio hueco de platino que se mantiene candente por el vapor de bencina ú otro semejante impelido por un aparato de goma.

Práctica del Cauterio

Práctica del Cauterio

Los dos componentes de este término, «termo» y «cauterio», son de origen griego y tienen, el primero el significado de «calor», y el segundo de «quemadura». El de «Paquelin», forma correcta en lugar de la errata «Paguelin», era uno de los diversos tipos de termocauterio conocidos en la época. Se usaba como antiséptico para destruir tejidos y coagular vasos sanguíneos mediante la aplicación de calor. El cauterio era una práctica médica muy antigua. Se encuentra ya el término recogido en el Diccionario de la Lengua Castellana de 1729 (pág. 238), con el siguiente significado:

CAUTERIO. Vale también el remédio riguroso de abrir con fuego las partes del cuerpo que están apostemadas, y de quemar las llagas y heridas para restañar la sangre, y hacer otros efectos y curaciones.

Y como todo lo que tiene que ver con este tema da un cierto repelús, lo dejamos por hoy, alegrándonos de ser tan afortunados de vivir en un tiempo en el que la medicina está tan avanzada y, por fortuna, existe la anestesia. Sin embargo, también tenemos que reconocer que los pacientes criptanenses de aquellos años del siglo XIX eran afortunados de tener, al menos, estos medios a su disposición. Y el día trece ya casi ha pasado…

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO