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Edgar Degas: Orquesta en la Ópera (1868-1869). París, Museé d'Orsay

Edgar Degas: Orquesta en la Ópera (1868-1869). París, Museé d’Orsay

Retrocedimos ayer al año 1943. Hablábamos de cine, de películas, de éxitos y de más cosas. Era un tiempo de películas en blanco y negro; entonces eran estrenos, hoy, muchas de ellas son clásicos, de esos que pervivirán para siempre en la historia del cinematógrafo. Al igual que hay un canon de la literatura, y de la pintura, y de la música, un canon de obras que recogen en sí mismas todo lo mejor del pasado de la creación humana, también hay un canon del cine, unas películas que hay que ver, porque en ellas encontramos lo mejor de la que, sin duda, ha sido la época dorada del cine, los años cuarenta y cincuenta. Encontraban en estas películas de los cines de la postguerra los criptanenses solaz, evasión, aventuras e historias de amor, dentro de los límites que imponía la censura, que eran muchos.

Pero ya que estamos en ese año 1943, vamos a continuar hoy en él, y vamos a ver algunos aspectos más de las diversiones de los criptanenses en aquellos tiempos. Por ejemplo, encontramos que aquel año, con motivo de las ferias y fiestas en honor al Cristo de Villajos, que se celebraron entre el sábado 4 y el miércoles 8 de septiembre, días quizá calurosos de aquel verano ya cercano a su fin, y que hubo muchos bailes, muchos conciertos, y hasta fuegos artificiales en el Pozohondo y también una traca. Eran sin duda, las grandes estrellas de aquellas fiestas las verbenas, fiestas con orquesta, baile agarrado (dentro de los límites de aquella presunta decencia que imponía la censura y la buena moral vigilada), baile lento, baile pausado, baile encandilado, baile interminable en esas horas de la tarde y de la noche, baile subido de tono cuando se podía. A lo mejor también baile de marido y esposa, de novio y novia, de niño con niña, y también de señora con señora, baile inocente si no había pareja a mano. Eso está bien; la frente siempre alta, y aquí se baila… sea como sea, que no hay que perder ocasión de divertirse, que son cuatro días de fiesta en todo el año y luego se pasan y viene la vendimia… y se acabó la diversión.

Pierre Auguste Renoir: Baile en el Moulin de la Galette (1876). París, Museé d'Orsay

Pierre Auguste Renoir: Baile en el Moulin de la Galette (1876). París, Museé d’Orsay

Sabemos por el programa de fiestas que publicó el periódico Lanza del 3 septiembre de ese año, que estas verbenas eran diarias, y que había incluso varias al día. Se celebraban todas en el Parque Cine Ideal, en la actual calle Veracruz. El primer día de fiestas, el día 4, había verbena para los más trasnochadores. Empezaba a las doce y media de la noche. Que era «magnífica» nos lo dice Lanza, y por este periódico nos enteramos de que había baile con orquesta en vivo, que es cosa que se agradece mucho y anima extraordinariamente a bailar, mientras que la orquesta siga tocando, claro está. En el momento en que se canse de tocar, se acabó la fiesta, y cada mochuelo a su olivo, que a las ocho de la mañana venía la Filarmónica Beethoven con su diana diaria por las calles de la localidad. Así no hay quien trasnoche. Tenía la verbena del Parque Cine Ideal, para fruición de los asistentes, un «surtidísimo bar», en el que se podían encontrar entre otros productos, churros, «pitos», regalos y sorpresas. Con «pitos», nombre con el que se designa en Ciudad Real capital a lo que en Criptana se designa como «titos», fundamentales en toda festividad popular que se precie y omnipresentes en todo encuentro de tintes manchegos. No sabemos en qué consistían las sorpresas, y no nos lo podemos imaginar. A lo mejor era el precio de la gaseosa, o de los «titos» que quizá era un poco alto, pero no lo podemos asegurar.

Toulouse Lautrec: En el Moulin Rouge (1892). Art Institute of Chicago

Toulouse Lautrec: En el Moulin Rouge (1892). Art Institute of Chicago

Los demás días de feria había dos verbenas diarias en el Parque Cine Ideal: una a las siete de la tarde, y otra a las once de la noche. A lo mejor cada una iba destinada a un público específico; es lo más seguro. A lo mejor en la de las once, ya en la oscuridad de la noche, que por muy estrellada que fuera, mucha luz no tendría, se animaba más el personal a bailar agarrado, «ahora que los beatas no miran». A lo mejor en la verbena de la noche era todo más voluptuoso y carnal, y a lo mejor todo llegaba a más. Parece que la noche, en estas cosas, da más libertad y despreocupación y que todo lo oculta, y que todo queda como en familia y sin que nadie se entere.

Pero no era el Parque Cine Ideal el único lugar de festejos en aquellas fiestas de 1943. El cercano cine Imperio se celebraban sesiones extraordinarias de cine, y en el Círculo de Bellas Artes más y más bailes, pero quizá con más exclusión social, y en el Teatro Cervantes se representaban comedias, y en la Plaza del Caudillo noches de cine al aire libre. Los criptanenses se lo pasaban de miedo en aquel tiempo, y quizá tenían que desdoblarse o bilocarse para poder estar en varios actos a la vez, de tantos como había. Cosas de las fiestas.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

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