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Peter Paul Rubens: La masacre de los inocentes (1611-1612). Toronto, Galería de Arte de Ontario

Peter Paul Rubens: La masacre de los inocentes (1611-1612). Toronto, Galería de Arte de Ontario

Veíamos ayer cuál era la plantilla del Ayuntamiento de Campo de Criptana poco tiempo después de la finalización de la Guerra Civil. Era uno de los últimos días de aquel año 1939, «Año de la Victoria», decían todas las publicaciones oficiales de la época en sus cabeceras y portadas. Fue un día 29 de diciembre, uno de esos días en que uno no sabe exactamente en qué año está, si en el que acaba o ya en el nuevo, que espera, asomándose tímido e impaciente por una grieta del telón de ese inmenso escenario tragicómico que es la vida, mientras de vez en cuando pregunta: «¿Falta mucho? ¿Entro ya? ¿Falta mucho?» «¿Entro ya?…». Fue ese día, un día de la Navidad de 1939, día en que quienes han dado la inocentada el 28 se revuelcan de risa entre sus recuerdos y quienes la han sufrido se resignan, mientras resuena en su mente esa interminable cantinela «inocente, inocente, inocente…» Fue ese día 29 de diciembre cuando el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real publicaba la plantilla del Ayuntamiento de Campo de Criptana con relación completa de sus puestos de trabajo, sueldos y vacantes, y de esto ya hablamos ayer (véase: Campo de Criptana, 29.XII.1939: La plantilla del Ayuntamiento).

Criptana: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Criptana: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Contenía el anuncio oficial tras la relación de puestos de trabajo un capítulo de observaciones. Y en él se citan los funcionarios municipales que desempeñaban en ese momento cargos en propiedad. Los enumeramos tal y como lo hace el Boletín provincial, y en su mismo orden:

Secretario: Joaquín García González.

Depositario: Manuel Angulo Sepúlveda.

Oficiales: Vicente de Aragón Carretero; Honorio Molina Calonje (sic); Ramón Torija Gil; Manuel Rey Merchán; Celedonio Cedenilla Pérez.

Auxiliares administrativos: Manuel Perucho Granero; Julio Esteso Perucho; Manuel Ortiz-Villajos y Flores.

Administrador de arbitrios: José María Sánchez-Alarcos Morales (por contrato de diez años).

Médicos: Julián Esteso Cenjor, Manuel Torres Carrión, Joaquín Ibáñez Lezaheta.

Farmacéutico: José María Millán López.

Veterinario: Demetrio Cabañero Galindo.

Practicantes: Juan Manuel Sánchez Calcerrada; Marino Moreno Ruescas.

Matrona: Cándida Peregrina González Cobos.

Arquitecto: José del Hoyo Algar.

Conserje del matadero: Marcial Muñoz Olmedo.

Como ya vimos ayer, estaban vacantes casi todas las plazas de subalternos y es ahora cuando conviene que recordemos dos figuras que ya han desaparecido en Campo de Criptana: la de sereno y la de pregonero. Siete eran las plazas de sereno vacantes, además de la del cabo que estaba al mando del grupo; había, además, un alguacil para Arenales. Eran más en número que los agentes de policía (tres y un inspector) y, como su nombre, «sereno», indica, hacían su trabajo en las noches criptanenses, esas noches estrelladas y luminosas de luna llena del verano, esas noches frías y ventosas del invierno. De ellos ya hemos hablado en este blog (véanse: Serenos de Campo de Criptana, o cuando la jubilación nunca llegaba, 1930).

En la quietud de la fría noche: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2009)

En la quietud de la fría noche: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2009)

Recuérdese que el nombre «sereno» viene del latín serenus, adj. que a su vez procede del sustantivo serum, «tarde», «noche». De ella proceden los nombres para la tarde / noche en italiano (sera) y en francés (soir). En español sólo tenemos esta palabra, «sereno», como único superviviente de esta vieja palabra latina, que evoca en el hablante español la tranquilidad, la paz, el sosiego… la serenidad de espíritu y de alma, ésa que únicamente quizá se encuentra en la soledad de la noche, cuando el ser humano se enfrenta a sus miedos ancestrales, entre ellos el de la muerte, siempre incierta, pero siempre segura.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

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