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Era la revista El Progreso Agrícola y Pecuario de referencia nacional para las cuestiones sobre agricultura y ganadería en aquellos años veinte, años felices y locos, años desenfadados, años cuya alegría desbordante no hacía presagiar lo que se avecinaba. Fueron en aquellos años veinte muchos los criptanenses que escribían de vez en cuando a esta revista en busca de consejo y asesoramiento para sus problemas agrícolas y ganaderos, unas veces domésticos, otras veces industriales. La palma se la llevó, sin duda, quien firma todas sus preguntas como «Viuda de José R. Fernández Baldor», cuyo marido fuese en vida conocido industrial afincado en Campo de Criptana. Ya en su momento contábamos cómo la viuda de Fernández Baldor escribía a esta revista pidiendo consejo sobre la plantación de palmeras datileras en Campo de Criptana, y cuán tajante fue la negativa respuesta del asesor del periódico (véase: La viuda de Fernández Baldor y las palmeras datileras, Campo de Criptana, 1932).

En otra ocasión escribió la viuda de Fernández Baldor a esta misma revista. Preguntaba la causa de su fracaso en la eminente empresa de sacar adelante vivos los pollitos que de los huevos puestos por sus gallinas de raza salían. A la señora viuda de Baldor se le morían los pollitos al poco de salir del cascarón y esto le preocupaba sobremanera. ¿Cuál sería la causa? ¿En qué se estaría equivocando? ¿Sería suya la culpa o sería de las gallinas o quizá de los gallos? La respuesta la tuvo en el núm. 1545 de esta revista, del 7 de agosto de 1928 (págs. 726-727), y corrió a cargo del especialista Pablo Lastra y Eterna.

Tenía la viuda de Baldor tres lotes de gallinas raza Wyandotte, Orpington y Plymouth, respectivamente, «tres magníficas razas», según nos dice el especialista. Cada lote tenía 20 gallinas y un gallo. El año anterior había conseguido la viuda de Baldor muchos pollos, pero ese año de 1928 no sobrevivían tras la salida del huevo. Va repasando el especialista las diversas causas que podrían explicar este fracaso. ¿Quizá la existencia de gérmenes que enfermaban a los pollos? ¿La temperatura? No radica ahí, al parecer, el problema. ¿Eran quizá los huevos? Lo más probable, según el especialista, pero no por los huevos en sí mismos, sino porque o bien había mucha gallina para tan poco gallo, o porque los gallos eran impotentes, lo que sería, sin duda, grave desazón y disgusto para la viuda de Baldor. Cabía también la posibilidad de que la dueña de los gallos les hubiera exigido demasiado en sus obligaciones maritales propias de todo gallo, las que la naturaleza y su propia especie les atribuye, y que estuvieran agotados. No dice más el asesor de la revista, pero no debió de quedar muy contenta la viuda de Baldor con esta respuesta, tan ilusionada como estaba ella con sus gallinas y sus gallos, y ese gallinero  desbordante de pollos que imaginaba en sus noches de insomnio. Un gallo impotente en un gallinero es algo duro de asumir, reconozcámoslo.

Gabriel Metsu: Gallo muerto (1659-1660). Madrid, Museo del Prado

Gabriel Metsu: Gallo muerto (1659-1660). Madrid, Museo del Prado

Añadamos, antes de terminar, algo más sobre la viuda de Fernández Baldor. Era, en julio de 1926, «presidente accidental» de la Comisión evaluatoria de la parte real de Campo de Criptana, junto a P. P. Pedro Agüero. En calidad de tal firma un anuncio que se publicó en el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real (28 de julio de 1926) para convocar en el salón de sesiones de la Casa Consistorial sorteo público de 50 de los 500 contribuyentes electores de la parte real del repartimiento; de esos 50 se tendrían que elegir seis vocales para la comisión. En 1929 aparece con residencia en Solares (Santander), región de la que era originario el matrimonio (Boletín…, del 14 de octubre de 1929). Y digamos también algo sobre su marido. Aparece citado en la revista Madrid Científico, núm. 669, de 1910, pág. 16, como adjudicatario de la obra correspondiente al «Trozo 1º de la carretera de Venta Nueva al Puente del Corbón (León)». El tipo era de 131.600,45 pesetas, y se adjudicó en 125.199 ptas.

Y hasta aquí la historia de los gallos impotentes y de las gallinas insatisfechas de la viuda de Fernández Baldor. En estas cosas de gallos, gallinas, pollos y pollas, nunca sabe uno qué derroteros van a tomar los designios de la naturaleza y en qué va a acabar todo, por mucha voluntad, empeño y esfuerzo que en ello se ponga.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO

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