Etiquetas

, , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Criptana: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Criptana: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Acabaron las fiestas, acabó la Navidad, y el año 1911 comenzaba su andadura. ¿Qué ocurría entonces? ¿Cómo era la vida en Campo de Criptana en aquellos días? ¿Cuántos criptanenses había? De todo ello nos da cuenta un curioso artículo misceláneo, una crónica compuesta a base de remiendos de aquí y de allá que nos permite hacer eso que tanto nos gusta en este blog: volver a un instante del pasado, aunque sólo sea por un instante del presente, y observar, por medio de esta mirilla del tiempo, cómo vivían los criptanenses de aquella época… los criptanenses de hace ya la friolera de ciento tres años, que no son pocos. Ya hemos hecho referencia muy a menudo a un entregado corresponsal del periódico El Pueblo Manchego en Campo de Criptana, seguramente un criptanense que no era profesionalmente periodista, muy seguramente tampoco escritor, y quizá no alcanzó la suma perfección en el uso de la gramática, la ortografía, y la estilística, pero ¡cuánto tenemos que agradecerle sus crónicas y artículos, y que fuera tan detallado en sus informaciones, y que nos haya permitido revivir casi al detalle lo que entonces ocurrió y ser testigos privilegiados de tantos y tantos acontecimientos! (véase: La ilustre visita episcopal, Campo de Criptana, 1911, IV: La retórica del prelado y el panegírico del corresponsal; Las aventuras de la carta viajera, Campo de Criptana 1915). El día 10 de enero de 1911 firmaba este abnegado corresponsal criptanense una crónica que se publicaría al día siguiente en ese mismo periódico (núm. 8) y en ella hablará, como se verá, de casi todo, del mar y los peces, de lo divino y de lo humano, de alegrías y tragedias, y de eso de lo que generalmente se habla cuando hay poco que decir, del tiempo.

Paisaje de invierno (Vista parcial). Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2012)

Paisaje de invierno (Vista parcial). Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2012)

Y por el tiempo comienza el corresponsal su crónica de Criptana en aquellos fríos días del enero invernal de 1911. Nos dice antes que las fiestas de la Navidad pasaron sin “incidentes desagradables que produjeran desasosiego público”; lo mismo dice de las fiestas de Año Nuevo y Reyes: todo tranquilo y en plena normalidad. Y después de las fiestas, cada uno a sus tareas habituales. Que hacía frío, mucho frío, nos lo dice a continuación:

Sentimos un frío intensísimo desde principio de año, el termómetro marca varios grados bajo cero y las temperaturas se hacen insoportables; las siembras no obstante no padecen por el buen arraigo adquirido durante el otoño.

Cercanías de la estación y viejas bodegas: Dibujo de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Cercanías de la estación y viejas bodegas: Dibujo de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Y cambia a continuación de tema, y del tiempo pasa a hablar del vino, la gran industria criptanense de aquella época, el gran negocio que por aquel tiempo estaba cambiando la faz y el paisaje de Campo de Criptana (véase: Campo de Criptana en 1912, V: De bodegas y vinos; Campo de Criptana en 1912, VI. Más sobre bodegas, vinos y otras cosas):

Desde hace muchos días se observa gran paralización en las transaciones (sic) comerciales sobre vinos, los precios corrientes continúan siendo de 28 pesetas el hectólitro y varias bodegas importantes esperan vender á 30 pesetas, aunque hasta ahora no han llegado hasta este punto las ofertas.

Con el nuevo año vino también la renovación en las juntas directivas de los dos casinos que entonces había en Campo de Criptana: el Primitivo y el de la Concordia (véanse: El Casino Primitivo, Campo de Criptana, 1912; El Círculo de la Concordia, Campo de Criptana, 1912; y El nuevo Casino de la Concordia, Campo de Criptana, 1919). Según nos dice el artículo, la junta directiva del Casino Primitivo fue reelegida, y con ella su presidente, Domingo Esteso, el conocido comerciante que sería en 1922 alcalde criptanense (véase: El alcalde Domingo Esteso, y un médico para Arenales de la Moscarda, Campo de Criptana, 1922; El alcalde Domingo Esteso y la cuestión de las escuelas, Campo de Criptana, 1922). Un año después moriría su esposa, María de los Ángeles Cenjor (véase: El éxito escolar de Luis Esteso Cenjor… y una tristeza, Campo de Criptana 1912). El Casino de la Concordia lo presidiría Jesús Gómez.

Estaba por aquellos años la administración embarcada en la realización del censo en Campo de Criptana, y ya se tenían las primeras noticias:

En todo el término había el 31 de Diciembre [de 1910] 10.800 vecinos y 135 transeuntes (sic) que dieron una población de hecho en total de 10.935 almas; la población de derecho estaba formada también por 10.936 individuos. El casco de la población está formado por 10.673 presentes y 135 ausentes ó sea de 10.208 residentes que forman su población de derecho. Los trabajos censales se llevan con orden, acierto y escrúpulo dignos de imitación.

Y esto daba pie al corresponsal para hacer reivindicaciones a favor de Criptana:

Creémos (sic) llegado el tiempo de que á Criptana se le concedan las consideraciones é influencias sociales á que por su importancia tiene derecho.

Comienza a continuación la sección de sucesos criptanenses, primero con el caso de la “Niña carbonizada”, y en segundo lugar con una “Muerte inesperada”. El primer suceso tuvo lugar en la calle Calvario, y nos lo relata el corresponsal como sigue:

En la calle del Calvario vive un cabrero conocido por Vidal, el cual salió hace cuatro días á cumplir su obligación. Su mujer fué á varios recados quedando solos en la casa una hija de tres años y otro hermanito de cinco años: al aproximarse la menor á la lumbre se le prendió fuego en las falditas y en valde (sic) fueron sus gritos y los de su hermano, nadie los oyó y la pobre niña murió quemada sin que pudiera recibir socorro.

Invierno: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2009)

Invierno: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2009)

Es éste otro caso más a sumar a la lista de la crónica negra criptanense, la de esas historias trágicas que de vez en cuando entenebrecían la vida cotidiana y llevaba a los criptanenses a exclamar en voz alta y juntando las manos con resignación aquello de: “¡Qué pena! ¡No somos nada!” La muerte inesperada de la que nos informa el corresponsal fue la de Miguel Lara, que había sido oficial primero de la Secretaría del Ayuntamiento criptanense, y “persona muy querida en la población”. Nos dice el corresponsal que dejaba “en el mayor desamparo á su anciana madre á quien enviamos el más sentido pésame”.

En la Sesión ordinaria del Ayuntamiento de Campo de Criptana celebrada el día 20 de febrero de ese año, la Corporación acordó que constara “su sentimiento por el fallecimiento de D. Miguel Lara, Oficial de Secretaría”. Le sustituiría de forma interina Maximino Cuadra (Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real, del 5 de julio de 1911). Y con esto concluye el corresponsal criptanense su crónica, esa variopinta composición de remiendos informativos sobre la localidad en aquellos fríos días  invernales de enero de 1911.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO