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La estación: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

La estación: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

[Artículo revisado y corregido el día 15 de abril de 2014 a partir de la interesante aclaración que nos hace Primitivo Olivares en el comentario a esta entrada]

Hubo en otro tiempo, hace muchos años, una casilla del ferrocarril en el kilómetro 154 la línea Madrid – Alicante. Cae este punto kilométrico ya en el término de Campo de Criptana. Nada queda del paisaje de aquellos tiempos de la segunda mitad del siglo XIX, cuando allí se encontraba esta casilla, o caseta. Todo cambia tanto, y tanto, y tanto… El tiempo es inexorable. Pasan las generaciones, pasan las personas, pasan los paisajes… pasan también las casillas del ferrocarril, que ahora, en estos tiempos tan modernos, ya serían completamente superfluas. Se hallaba aquel lugar en aquellos tiempos de finales del XIX en pleno campo de esa llanura casi infinita de La Mancha, ésa a la que sólo el horizonte y la noche ponen fin. Los polígonos criptanenses se han ido poco a tragando tierras vírgenes del pasado y hoy, esos campos que viese el guarda desde su caseta en otros tiempos se han mutado en polígono, en periferias, en cinturón de castidad urbano de cemento y uralitas…

Tuvo la casilla guarda, y tuvo el guarda caballerías. Así fue, al menos, hasta octubre de 1881. Por aquel entonces alguien se las robó, y se quedó el guarda compuesto y sin caballerías, situación grave en aquellos tiempos procelosos para quien tenía su lugar de trabajo en la inmensidad de la llanura. Y se fue el guarda a quejar al alcalde interino de Alcázar de San Juan, que entonces, en octubre de 1881, era Vicente Moreno. Y Vicente Moreno, como era de esperar, envió un anuncio al Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real, y se publicó en el núm. del 19 de octubre de ese año. Rogaba el alcalde a la Guardia Civil que practicase las diligencias necesarias, o cuantas “les sugiere su celo para la busca de dichas caballerías”. Y después las describe. ¿Y cómo eran las caballerías? Inconfundibles, sin duda. He aquí la descripción:

Una burra de tres y medio años, castaña, cortada la cerda de la cola, con un buche de dos años, pelo negro, entero y muy pequeño.

La estación: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

La estación: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

No sabemos si la burra, de tres años y medio, tenía nombre. A lo mejor. Es posible. Siempre es conveniente poner un nombre a las caballerías. Recuérdese el caso del famoso Furia, caballo valiente y osado como pocos. No sabemos si la burra, de tres años y medio, fue hallada o no, si se fue tras los pasos de un burro encadenada por una desenfrenada pasión amorosa, y si el guarda del ferrocarril se quedó para siempre sin caballerías. Es uno de esos enigmas de difícil resolución. Ya da igual. Ya no hay ni caballerías, ni guarda, ni casilla… el tiempo pasa inexorable, nadie escapa a ese río vital que tiene nacimiento y muerte y, como la gota de agua, sigue su itinerario, desde el principio hasta el final, y nunca hace el camino inverso, porque no puede, como tampoco puede pasar por el mismo lugar dos veces, porque el tiempo solo va en una dirección, igual que el río va hacia el mar, que, en el fondo, es la muerte, el final, el infinitud o la eternidad. Es todo tan efímero…

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO