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La mayoría de las cartas llega a su destino cuando debe y en un tiempo prudencial. Sin embargo, algunas nos salen casquivanas, y deciden recorrer mundo por su cuenta. Hacen su petate, se lanzan a la aventura y se van por esos mundos de Dios, por caminos y carriles inciertos que deparan, siempre al final, una sorpresa, buena o mala. Hay cartas que nos salen aventureras; a lo mejor son los garbanzos negros de la correspondencia, que haberlos los habrá como los hay en toda familia. Hay otras cartas que no llegan porque no pueden, porque el ser humano y las circunstancias se lo ponen más bien difícil. Hay cartas que piensan que no han sido enviadas para luchar contra los elementos, que solo quieren cumplir su función, que solo quieren llegar y alcanzar su descanso. Ya hemos hablado en otros artículos de este blog sobre algunas de esas cartas que no llegaron como debían, o bien por dificultades administrativas, o bien por errores humanos, o bien porque estaba escrito que no llegarían (véanse: ¿Dónde está mi carta? Campo de Criptana, 1856-1864; La Guerra de Independencia en Campo de Criptana: La carta que nunca llegó a su destino, 1808; y Las aventuras de la carta viajera, Campo de Criptana, 1905). Habría que preguntarles a ellas qué pasó realmente, aunque, reconozcámoslo, es probable que no tengamos respuesta. Son más bien calladas y discretas, ellas, plegadas tranquilas en sus sobres, adornadas con su franqueo que, ciertamente, da mucho pedigrí, vanidad epistolar… vanidad de vanidades. También las cartas la padecen. No creo que respondan… son tan calladas.

Traemos hoy otro caso de una carta que se quedó para siempre en ese limbo indefinido, tierra de nadie, de la correspondencia sin entregar. Fue en plena Guerra Civil, momentos, sin duda, de gran dificultad para el correo, como para casi todo. El periódico Azul, que era el órgano de la Falange Española de las JONS, año II, núm. 414, del 3 de febrero de 1938, publica un anuncio de la Asamblea Provincial de la Cruz Roja de Córdoba que contiene la:

Relación de cartas procedentes de la zona no liberada, que por no encontrar a sus destinatarios, están detenidas en la Delegación de Información y correspondencia, calle Málaga, 3, en ésta…

La lista de cartas en tales circunstancias es muy larga. Se consigna en todos los casos el nombre de los destinatarios y la ciudad o pueblo de origen. Entre ellas encontramos una carta procedente de Campo de Criptana, dirigida a Emiliana Vázquez Rodas. No se dan más datos sobre ella, pero la dirección de destino radicaba con toda seguridad en Córdoba. Tal y como se dice, la carta quedó detenida porque no fue posible localizar a la destinataria. Respecto a los remitentes, no se aporta ninguna información. Solo sabemos eso: que procedía de Campo de Criptana. Si llegó la carta o no, es algo que, quizá, nunca podamos saberlo, como tampoco podremos saber nunca de qué nuevas era portadora, si malas o si buenas. ¡Terrible incertidumbre!

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO