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Verano: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Verano: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Primeros días de septiembre de 1943, días calurosos de un verano de postguerra, días de 38 grados bajo el sol, tórridos tiempos para la lírica en los campos de La Mancha, y en las tierras de Campo de Criptana tiempo de festejos. Se acercaban las fiestas del Cristo de Villajos, las ferias grandes de Criptana, ese breve respiro anual que rompe el lento y plácido fluir de la vida cotidiana, ese quebranto de la normalidad que, por unos días, cambiaba la faz de Criptana, y la de sus calles, y la de sus habitantes. Como decíamos ayer, el periódico Lanza del día 3 de septiembre de ese año publicaba un extenso publirreportaje sobre Campo de Criptana. Reunía temas variados sobre la localidad, y también intenciones diversas (porque la escritura nunca es un acto de inocencia o de objetividad), así como el programa de festejos que durarían desde la noche del sábado 4 hasta el miércoles 8.

Ya vimos ayer como comenzaron las fiestas la noche del día 4 y cómo transcurrieron a lo largo del 5, primer día auténtico de feria. Te-Deum, fuegos artificiales, concierto, función solemne con otro Te-Deum, verbena en el Cine Parque Ideal, dianas matutinas, bailes de sociedad, fútbol, y más verbenas populares, y cine. Así comenzó todo. Y, más o menos, con la misma tónica transcurrirían los días siguientes hasta el día 8 (véase: Ferias, fiestas, saros, verbenas y más cosas: Campo de Criptana, 1943, I).

Como era de rigor, el lunes 6 hubo diana a las ocho de la mañana, pero no a cargo de la Banda de Música Filarmónica Beethoven como el día 5, sino a cargo de la Banda de Cornetas y Tambores del Frente de Juventudes. No hay nada como la alternancia organizada. Quizá la alternancia lleva a la moderación, y eso siempre es bueno. A esa misma hora, hora temprana, hora calurosa seguramente, comenzaría la «gran carrera ciclista» que, organizada por «E. y Descanso», haría el recorrido Criptana – Pedro Muñoz – Alcázar – Criptana, con la meta en el «Tumbillo». A las 10 vendría de nuevo la función del Cristo de Villajos e, imaginamos, contaría como el día anterior con la presencia de autoridades y personalidades, además de ceremonias y rituales varios adecuados para la ocasión.

Francisco de Goya: La cucaña (1786-1787). Colección privada

Francisco de Goya: La cucaña (1786-1787). Colección privada

Lo más exótico del día eran los actos que se celebrarían en la Plaza del Generalísimo a las 10 de la mañana: los globos y las cucañas, algo esto último ya olvidado en Campo de Criptana y en muchos otros lugares de España, diversión superflua en sociedades saciadas que han olvidado su pobreza de otros tiempos. Y como la cucaña hoy es un artilugio raro y desconocido, e inusitada práctica lúdica, conviene quizá que aclaremos en qué consiste, según la definición que da la DRAE:

Palo largo, untado de jabón o de grasa, por el cual se ha de trepar, si se hinca verticalmente en el suelo, o andar, si se coloca horizontalmente a cierta distancia de la superficie del agua, para coger como premio un objeto atado a su extremidad.

Las cucañas criptanenses eran verticales y solían tener atado en su extremo un jamón, o alimentos varios.

Muy pronto comenzarían de nuevo los actos por la tarde, cuando todavía el sol picaba, y mucho, a lo mejor con la digestión a medio hacer, a lo mejor con la siesta a medias, o sin siesta. A la hora torera, a las cinco y media tendría lugar la:

…extraordinaria novillada, en la que, los ases de la fiesta nacional, Angelete y Paco Lara, triunfadores en todas las plazas, lidiarán cuatro magníficos novillos de la ganadería de Coquilla.

Un anuncio publicitario propio merecería esta novillada en el mismo periódico, en este caso en la pág. 2. Tendría lugar la corrida en la «Plaza de Toros de Campo de Criptana», con la presidencia de la autoridad competente. Se lidiarían:

Cuatro escogidos novillos, con divisa verde y encarnada, de la famosa y acreditada ganadería de D. Andrés Garrudo vecino de Cuenca, los que serán toreados, banderilleados y muertos a estoque por las siguientes cuadrillas:

PACO LARA

Y

EUGENIO FERNÁNDEZ «ANGELETE»

los dos famosos diestros que han sido consagrados en Madrid. Sobresaliente de Espada:

RAFAEL JIMENEZ

Darío de Regoyos: Tendido de sombra (1882). Colección particular

Darío de Regoyos: Tendido de sombra (1882). Colección particular

Lo curioso es que el anuncio nos dice que la corrida empezaría a las seis y media de la tarde (hora poco torera), mientras que el programa de festejos nos dice que comenzaría a las 5:30. Recordemos que en otros tiempos no faltaban las corridas de toros en las fiestas criptanenses (véase: Ruedos y corridas de toros en Campo de Criptana, 1891-1912).

Concluiría el día con más verbenas en el Parque Cine Ideal, una a las 7 de la tarde y otra a las 11 (véase: Las verbenas del Parque Cine Ideal, Campo de Criptana 1943), además del segundo concierto de la Filarmónica Beethoven, en este caso «en los jardinillos de la Plaza» y después, a las 10 y cuarto, una función de cine en el mismo lugar.

Y así, ya tarde, aquella noche del día 6 de septiembre, concluyó el segundo día de feria, y cayó la noche, y los criptanenses, después de tanta carrera, tanta fiesta, tanta verbena, música y cine volvieron a sus casas. Y dejamos a los criptanenses aquella noche en su cama porque, en poco, muy poco, muy de mañana, aparecería por las calles la Banda del Frente de Juventudes con su diana, y resonarían las cornetas y los tambores, y los criptanenses se levantarían de nuevo, y saldrían de sus casas lavados, peinados y bien vestidos (a lo mejor con traje de domingo), porque la fiesta empezaba de nuevo, y había que aprovechar, porque en el fondo del alma, muy en el fondo, quedaba el amargo regusto de que en poco los días de festejos acabarían, y la vida volvería a ser cotidiana, como siempre, y volvería a fluir plácida y lentamente por los meandros del tiempo con sus alegrías y sus penas. Mañana continuaremos hablando de las fiestas en los días 7 y 8.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO