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Aledaños del santuario: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2008)

Aledaños del santuario: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2008)

No podíamos dar carpetazo a las ferias y fiestas de aquel año de 1943 sin algo que se nos quedó en el cajón ¿El qué? ¿Quizá las procesiones y las funciones solemnes? No. ¿A lo mejor los bailes y verbenas? Tampoco. De todo eso ya hablamos y dimos cumplida cuenta de lo que nos decía el programa de festejos que publicó el periódico Lanza, del día 3 de septiembre de ese año. Se nos quedó algo en el tintero. ¿Las cucañas y los globos? No. ¿Quizá las carreras ciclistas y las corridas de toros? No, tampoco. De todo eso también hablamos. Se nos olvidaba quizá lo más importante, quizá la razón de ser de las fiestas patronales de Campo de Criptana, quizá el núcleo de una vieja tradición que hace de la ermita del Cristo de Villajos no solo un santuario para los criptanenses, sino también para toda la comarca, porque de todos sus puntos y rincones vienen a rendirle pleitesía el domingo de la Octava. No podíamos concluir, por tanto, esta serie dedicada a las ferias y fiestas del año 1943 sin hablar de esta Octava, aunque no lo pareciera así por el hecho de haber intercalado ayer un artículo sobre una cuestión muy cercana, pero diferente.

El santuario de Villajos: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2008)

El santuario de Villajos: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2008)

Por ello hoy hablaremos de esa Octava, en particular, de la celebrada en el año 1943. Hagamos antes algunas consideraciones. Recordemos que antes de 1889, como decíamos ayer, las ferias y fiestas tenían lugar a mediados del mes de septiembre, pero siempre en domingo y lunes; el jueves anterior se trasladaba la imagen del Cristo de Villajos a la parroquia criptanense, y el lunes de feria, por la tarde, volvía de regreso a él (véase: Breve apuntamiento sobre el cómo y el cuándo de los adelantos de las fiestas patronales, Campo de Criptana, 1666-1957). El domingo siguiente se celebraba la Octava.

Alrededores del santuario: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Alrededores del santuario: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Cuando se adelantó la fecha de las ferias y fiestas se mantuvo la misma costumbre: el primer domingo de septiembre comenzaba la feria, y el jueves anterior se producía el traslado de la imagen del Cristo de Villajos a Criptana; el último día de feria se devolvía la imagen a su santuario. El domingo siguiente se celebraba la Octava. Es decir, el traslado del Cristo de su santuario a Campo de Criptana y la celebración de la Octava son los dos actos de estos festejos que con más fidelidad se han mantenido apegados a la tradición más antigua: el primer en jueves por la tarde el primero, y el segundo en domingo.

Aquel domingo de la Octava de 1943 cayó el 12 de septiembre. Sobre su celebración nos dice el programa de festejos publicado en Lanza lo siguiente:

Cerrados (sic, en lugar de «cerrada») con broches de oro la serie de festejos que el pueblo tiene anualmente en honor de su Cristo de Villajos, se celebra el domingo siguiente a su fiesta una animada romería en la que el antiguo Santuario de Villajos es el vértice donde concurren los caminos romeros de Alcázar, Pedro Muñoz, Quero, Miguel Esteban y el Toboso que, con Criptana, se esfuerzan en demostrar su devoción al SSmo. Cristo.

Desde el santuario al infinito: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Desde el santuario al infinito: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Con tal ocasión se organizaron festejos en el santuario, además de la función religiosa obligada en estos casos y de una procesión de la imagen por los alrededores de la ermita. ¿Qué habría en estos festejos? Pues lo esperado: músicas, bailes y, sobre todo, «sabrosas comidas junto a las ruinas del viejo convento y por las huertas cercanas». Hoy sería imposible organizar una comida junto a las ruinas del viejo convento. Ellas, que eran lo único realmente antiguo que quedaba en el Santuario y, casi podríamos decir, en todo Criptana, fueron borradas de la faz de la tierra no sabemos por qué bárbara e inculta razón. De ellas no queda hoy ni rastro, ningún vestigio, nada que nos diga que allí hubo durante siglos una construcción. Sin ellas, parte de la historia de Campo de Criptana se ha perdido para siempre. Es, sin embargo la cuestión de siempre: ruinas… donde veo historia, otros ven piedras viejas, estorbo ruín y miserable. Ya no hay remedio. Sólo nos queda lamentar ese atropello y recordarlo cuantas veces podamos en este blog, y que la posteridad pida cuentas a los responsables.

Concluye diciendo respecto a esta Octava el periódico que:

Es la romería de la Octava del Cristo la satisfacción de la juventud a quien la feria resultó corta y una muestra de las viejas costumbres, tan españolas, en que se aprecia la honda raíz de la religiosidad popular.

Hasta aquí, lo que nos restaba por decir sobre la Octava del Cristo de Villajos y sobre aquella feria del año 1943. Ahora sí damos por concluido el tema.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO