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Alfred Agache: Las Parcas (1885)

Alfred Agache: Las Parcas (1885)

Decíamos ayer que las ferias y fiestas del año 1943 daban para mucho, y que eran tema que ya considerábamos zanjado en el artículo de hace dos días, cuando tratábamos en un epílogo de la celebración de la Octava. Y como el destino nos trae sorpresas inesperadas, mire usted por dónde que ayer, como quien no quiere la cosa, tuvimos que continuar con el tema, porque daba más de sí, más del que sospechábamos en un principio. Tuvimos que subtitular ayer el artículo, por tanto, con la coletilla de “Otro epílogo”. Pues bien, en esas seguimos hoy, y con las mismas tenemos que continuar la serie, y nombrarla con el subtítulo de “Un epílogo más”. Y esto, lo reconocemos, ya nos da cosa, porque a lo mejor colma la paciencia del lector, y dice éste que ya es mucho epílogo, y que tanto epílogo despista un poco.

José de Ribera: Arquímedes (1630). Madrid, Museo del Prado

José de Ribera: Arquímedes (1630). Madrid, Museo del Prado

¿Qué le vamos a hacer? Vamos ya a entrar de lleno en el artículo de hoy, que el subtítulo de “Otro epílogo más” tiene. Y si es así ¿Qué le vamos a hacer? ¿Vamos a enfrentarnos al destino? Imposible. Prosigamos, pues, y hablemos de lo prometido ayer: de la Biblioteca Municipal de Campo de Criptana. ¿Y qué tiene esto que ver con las ferias y fiestas? Se preguntará el lector, pregunta que, a mi juicio, es completamente oportuna. “Pues mucho”. Ésta es mi respuesta, porque fue la Biblioteca Municipal de Campo de Criptana uno de los protagonistas del publirreportaje sobre las excelencias de la localidad que publicó el periódico Lanza del núm. 3 de septiembre de 1943 con motivo de las ferias y fiestas de ese año. Y volvemos de nuevo a la Biblioteca, ese eterno retorno que parece dominar los designios de este blog (véase: El eterno retorno a la Biblioteca, y la Fiesta del Libro, Campo de Criptana, 1947).

Hablemos, pues, de la Biblioteca, según lo que nos dice Lanza en un extenso artículo que tenía, nada más y nada menos, que título, subtítulo y un segundo subtítulo, que no es poco. El título era El 23 de abril de 1941 se inauguró en Criptana la Biblioteca Municipal. El subtítulo era: Comenzó con 400 volúmenes y actualmente cuenta con 2.300. Y el segundo subtítulo era: Funciona un servicio de préstamo de libros que se piensa hacer extensivo a los estudiantes becarios. Es largo el artículo, por lo cual intentaremos extractarlo y condensarlo en la medida de lo posible, dejando para mañana una parte de él.

Se presenta el artículo en forma de reportaje – entrevista a su entonces director, José Antonio Sánchez Manjavacas, su alma mater, también escritor (véase: Criptanenses ilustres: El poeta y erudito José Antonio Sánchez Manjavacas, y sus “Estrofas a la Ssma. Virgen de Criptana”, 1940), que también por aquel entonces era corresponsal de Lanza en Campo de Criptana. Comienza el corresponsal diciendo que la Biblioteca estaba presidida por el Sagrado Corazón, “en el trono que le fué dedicado el día de la Fiesta del libro”. Y no podía faltar una representación “simbólica del flaco y desventurado caballero, que da nombre a nuestro Diario”, es decir, Don Quijote. Y lo necesario en una biblioteca, por supuesto, también estaba allí: “A uno y otro lado, libros y más libros, magníficamente encuadernados”. ¿Qué se siente en una biblioteca entre tantos libros? Así nos lo describe el autor del artículo:

Charlamos a ratos y a ratos quedamos en silencio, contemplando, amorosamente los libros a su cuido encomendados; repasando nosotros hojas de unos, grabados de otros; yendo de uno a otro extremo de la pequeña biblioteca en examen ligero pero también acariciador de los volúmenes que son nuestros mejores compañeros en los momentos de inquietud y desfallecimiento; nuestro mayor anhelo en los de aburrimiento; el mejor consuelo de nuestras aflicciones; el mayor contento posible y la máxima felicidad.

Y seguidamente se nos habla de los orígenes y de la historia de la Biblioteca. Como ya se había dicho, se inauguró en abril de 1941 con un fondo original de 400 volúmenes que habían sido facilitados por la Junta de Intercambio. No dejaron desde entonces de llegar libros y más libros así como cantidades de dinero que estaban destinadas a la encuadernación de volúmenes. Tendría a partir de entonces un presupuesto de mil pesetas anuales para afrontar los gastos de adquisición de libros.

En un principio, según dice su director al autor del artículo, la Biblioteca solo ofrecía servicio de lectura dentro de sus locales. Pero eso fue solo el comienzo. En julio de 1941 comenzó a funcionar el Servicio de Préstamos para lectura fuera de la biblioteca, que estuvo impulsado por una inmensa labor de propaganda. ¿Cómo se componía el fondo? También nos lo explica su director Sánchez Manjavacas. Una parte procedía de los envíos de la Junta de Intercambios; otros eran propiedad de la Biblioteca que poseía el Ayuntamiento, aunque pocos se habían salvado de la Guerra Civil, entre ellos la Enciclopedia Espasa, que se conservó completa. Por cierto, aún se puede hojear esta enciclopedia con sus suplementos anuales en la actual biblioteca. También se salvaron algunos ejemplares de la Biblioteca Patria, aquella colección en la que, por ejemplo, se publicaron obras de la escritora criptanense Micaela Peñaranda (véanse: Criptanenses ilustres: La escritora Micaela Peñaranda y Lima, I, Campo de Criptana, 1907; Criptanenses ilustres: La escritora Micaela Peñaranda y Lima, II, Campo de Criptana, 1908-1909). Había también donaciones de particulares, así como libros para distribución en bibliotecas y organismos oficiales remitidos por la Vicesecretaría de Educación Popular (véanse, sobre la historia de la Biblioteca: Crónicas bibliotecarias, Campo de Criptana, 1883; Crónicas bibliotecarias, Campo de Criptana, 1882, 1930). Con todo ello, a fecha de septiembre de 1943 tenía la Biblioteca Municipal de Campo de Criptana en torno a 2.300 volúmenes, “todos ellos cuidadosamente encuadernados en piel”.

Aquí lo dejamos por hoy. Seguiremos mañana hablando sobre la Biblioteca criptanense en ese año de 1943.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO