Etiquetas

, , , , , , , , , , , , , , , , , , , ,

Esa telaraña callejera... (Detalle del cuadro "Panorámica de Criptana y de la Sierra"). Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2009)

Esa telaraña callejera… (Detalle del cuadro «Panorámica de Criptana y de la Sierra»). Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2009)

Después de un largo paréntesis en el que hemos hablado del mar y los peces, eso sí, del mar criptanense y de los peces también criptanenses, retomamos hoy aquella serie que daría para un blog ella sola, de tanto como he escrito ya, y de tanto y tanto tema como ha dado de sí, desde aquel ya lejano primer artículo que inició la serie (véase: El «monopoli» criptanense, Campo de Criptana 1900, I: La calle de Alfonso XII). Sí, lector, tal y como dice el título, es ésta, como no podía ser de otra manera  la serie del «monopoli» criptanense, y ya con este artículo abordamos la entrega número vigésimo tercera, que no son pocas. Muchas calles son las ya tratadas, sí, pero muchas quedan aún. No todo en un pueblo son las grandes calles, las más largas y anchas, las más pobladas, las más ostentosas y rimbombantes, las más transitadas y las que más suenan en la mente de sus vecinos. ¿Qué sería de los pueblos sin esas pequeñas calles que tanto ayudan a entretejer la telaraña de sus vidas?

Al pie de la Sierra (Detalle del cuadro "Panorámica de Criptana y de la Sierra"): Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2009)

Al pie de la Sierra (Detalle del cuadro «Panorámica de Criptana y de la Sierra»): Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2009)

Pocas calles hay de nombre tan sencillo como la vieja calle Cebolla. En los años ochenta del siglo XIX era ésta por el norte del caso urbano criptanense la última calle, en el sentido estricto y tal como hoy entendemos hoy este concepto de calle. Al norte ya no había calles propiamente dichas en aquel tiempo; por allí arrancaban ya las pendientes laderas de la Sierra, suponemos con sus cuevas vivienda, uno de esos tesoros urbanísticos de Criptana. Era la calle Cebolla el límite norte, la última frontera al pie de los molinos que todavía por aquel tiempo molían y molían, y giraban sus aspas y giraban, y molían, una y otra vez, al son del viento o de las ventoleras, porque son casquivanos y caprichosos los vientos de La Mancha, y uno nunca sabe por dónde van a venir y por dónde se van a ir.

Calle Cebolla: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Calle Cebolla (hoy «Espada»): Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Es nombre humilde para una calle, «Cebolla», pero sonoro como pocos, como digo siempre en este blog cuando una palabra me gusta y me suena bien, pizpireta, y es dada a una gran cantidad de rimas, prudentes unas y subidas de tono otras, depende de por dónde vengan esos vientos de la sierra y las intenciones poéticas del caminante ocurrente, que es más cambiante y casquivano que el viento mismo.

Es rara de forma la calle ésta y tiene una curva suave, suave, tan suave, que apenas es curva, pero lo suficientemente curva para que el caminante que viene desde la Cruz de Santa Ana no sepa bien adónde va a ir a parar. Siempre le espera una sorpresa al final. Reconozcámoslo: otra cosa no, pero el caminante anónimo al que tanto aludo en este blog va sobrado en sorpresas, y en advertencias, y en descubrimientos épicos en estas calles y caminos de Criptana. A lo mejor un día desvelo el nombre de ese caminante, pero no por el momento. Lo dejaremos en el misterio, uno más de este pueblo que tantos y tantos esconde en sus rincones, en sus callejas, en sus cuevas y en sus recovecos.

Continuaremos mañana hablando sobre esta calle.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO