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Calle Cebolla: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Calle Cebolla: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

Era discreta y callada la calle Cebolla a finales del siglo XIX, pero no por ello falta de gracia y paisaje, o como solemos decir, calle pizpireta y salerosa. Continuaremos hablando hoy de ella (véase: El “monopoli” criptanense, Campo de Criptana 1900, XXIII: La calle Cebolla I). A lo mejor era una de las calles más manchegas de Campo de Criptana, a lo mejor de las más típicas, quizá la mejor candidata a acoger la transfiguración gloriosa del Caballero de la Triste Figura que algún día podría ocurrir, de tanto y tanto imaginarlo los criptanenses y de tanto y tanto recrear sus aventuras y sus desventuras. Y la idea se hizo mito, y el mito se hizo carne…, el día menos pensado.

Reconozco que hay un rincón de la calle Cebolla que me gusta mucho. Es su arranque desde el oriente, allí donde las primeras luces del sol matutino alumbran sus casas. Había un encanto, al menos, en lo que recuerdo. No sé cómo será ahora; hace mucho, mucho tiempo que no paso por allí, ni siquiera por curiosidad. Por desgracia el tiempo no acompaña a la curiosidad, poco es el primero, mucha es la segunda, quizá demasiada… y una vida no da para tanta curiosidad.

Paul Cezanne: Bodegón con cebollas (1895-1900). París, Musée d'Orsay

Paul Cezanne: Bodegón con cebollas (1895-1900). París, Musée d’Orsay

El nombre de esta calle, “Cebolla” es de esos que se fueron, pero nunca del todo. Hay generaciones poco respetuosas con sus tradiciones; quizá a aquella generación que a finales del XIX le cambió el nombre le parecía poco glamuroso que “Cebolla” se llamase una calle, y se lo cambió por otro. Y se le puso “calle  Espada”, y así aparece en el plano de Campo de Criptana por Domingo Miras, en 1911. Reconozcamos que forma de espada tiene, o quizá más bien de sable de extraña curva, como desconocedora de su dirección, ahora hacia aquí, luego hacia allá, y después en cualquier dirección llevada por la inercia de los acontecimientos, o de los vientos de La Mancha que, como hemos dicho, son casquivanos y caprichosos. Pero eso no justifica el cambio de nombre. Se nombró a esta calle “Espada”, pero siguió siendo Cebolla para siempre. Es una muestra de la fuerza que tienen algunos nombres, que luchan contra viento y marea, y contra el tiempo, y contra las decisiones consistoriales que nada pueden frente a la memoria y a la vox populi, “la voz del pueblo”. A veces, quizá, el hombre y su mente son tan casquivanos e imprevisibles como los vientos de La Mancha, y a lo mejor les da por sacar cancioncillas con rima con el nombre de esta calle, y, no lo neguemos, “cebolla” da para mucha rima.

Fue esta calle siempre “calle Cebolla” para esa vox populi, esa voz que pone y quita, esa voz que impone y depone, esa voz que decide (cuando le dejan), y que va adonde quiere sin permitir que nadie le diga adónde y adónde no. Pero no es esta “cebolla” que da nombre a la calle, “la cebolla” por antonomasia, o una cebolla en particular, es la “cebolla” como concepto, como idea, como ente abstracto, dentro de lo poco abstracta que puede ser una cebolla. Nunca se sabe.

Seguiremos mañana hablando de la calle Cebolla.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO