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John Wiliam Waterhouse: Estoy harta de sombras, dijo Lady Shalott (1915). Toronto, Art Gallery of Ontario

John Wiliam Waterhouse: Estoy harta de sombras, dijo Lady Shalott (1915). Toronto, Art Gallery of Ontario

Después del paréntesis de ayer retomamos de nuevo, para acabar pronto con ella, la serie dedicada al embargo de la fábrica de harinas, serie aquella, recordamos, que dejábamos el sábado en su quinta entrega. A estas alturas de serie podrás pensar, lector, que ya poco tendría que quedar para rematar el catálogo de lo embargable en aquella fábrica de harinas, trabajo y esfuerzo ímprobos que corrieron a cargo de un funcionario del juzgado destinado a tal efecto. A lo mejor se le tuvo que reconocer el mérito de tan puntilloso catálogo con una promoción, o con una gratificación, o a lo mejor con una ración de gambas con gabardina en el Casino Primitivo de aquellos años veinte. A lo mejor tuvo su mujer, al igual que la Lady Shalott que pintó Waterhouse, que esperar aquel mediodía, esperar a su marido, que afanoso tenía que dedicar su tiempo a listar todos y cada uno de los elementos que contenían la fábrica y sus dependencias. A lo mejor a su mujer se le pasó el arroz, que es asunto bien serio y preocupante y es desgracia que nunca tiene marcha atrás, más que nada porque, arroz pasado arroz tirado. A lo mejor miraba su mujer el reloj y se impacientaba como Lay Shalott, y pensaba: “Es la hora de comer y este hombre, que no viene. ¿Dónde estará?” Pues catalogando los bienes de la fábrica de harinas de la sociedad “Berruga, Sobrinos, López y González” ¿dónde iba a estar si no? Paciencia… mucha paciencia con las cosas de la administración.

La casa amarilla, o la casa de la fábrica: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2009)

La casa amarilla, o la casa de la fábrica: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2009)

Después de la ristra de porches, habitaciones, cobertizos, dependencias y demás componentes de la fábrica descritos hasta ahora en esta serie (véanse: El embargo de la fábrica de harinas, Campo de Criptana 1924, I; El embargo… II; El embargo… III; El embargo… IV; y El embargo…V), ya sólo quedan en el listado que publica el anuncio del Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real (20 de junio de 1924) dos propiedades: una bomba de pistón y una casa vivienda. Para poco serviría la primera, porque al parecer, ya no tenía uso:

Una bomba de pistón instalada en un pozo que existe al lado de la habitación en donde se halla emplazado el motor de gas pobre, la cual bomba se encuentra en mal estado y no funciona.

El caserón: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2009)

El caserón: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2009)

Al menos, suponemos, para chatarra sí valdría. Más valiosa sería la segunda, la vivienda, que se describe como sigue:

Una casa- habitación destinada a vivienda, compuesta de planta baja y un pìso por alto, cubierta de teja ordinaria y construcción mixta, predominando en sus murallas los tapiales de tierra. Comprende esta edificación, que está elevada sobre 146 metros y 25 centímetros cuadrados de solar, cinco habitaciones en el piso bajo y seis en el principal; sus pisos de mosaicos, losetas llamadas de Santa Cruz y entarimado de madera, teniendo superpuesto a la puerta principal de su entrada un mirador de madera y cristalería ordinaria y sus linderos son los siguientes: Al Norte o sea por la espalda, propiedad urbana de D. José María Ortiz; izquierda o sea al Poniente, edificación de planta alta y baja propiedad de D. Emilio Sepúlveda; derecha entrando que es el Saliente, por donde tiene un pasillo y puerta accesoria, y por su entrada o sea al Mediodía, con el tantas veces dicho patio que forma el solar en donde se encuentra enclavada y con el edificio-fábrica de harinas de que e ha hecho mención, junto a la que tiene otro pasillo que divide una habitación del piso bajo y cuya superficie de ésta, que mide 31,50 metros cuadrados, ya está incluida en la totalidad deslindada casa vivienda. Dicha finca urbana tiene en su piso superior dos balcones y tres ventanas al lindero del Mediodía y otro balcón y una ventana que da vistas al patio que forma el solar, frente a la entrada del mismo que es por el Paseo de la Estación; y, por último, también tiene en el piso bajo una ventana pequeña en igual posición que la última anterior y cuatro ventanas más al lindero del Mediodía; tanto éstas como los balcones, de hierro, y puertas o ventanales de madera de pino, en buen estado.

Santiago Rusiñol: El patio azul (1892). Abadía de Montserrat

Santiago Rusiñol: El patio azul (1892). Abadía de Montserrat

Es decir, era una casa vivienda en condiciones, con sus suelos de madera, sus losetas de Santa Cruz y sus pisos de mosaicos, que no es poco. Al menos, con esta detallada descripción podemos hacernos una idea muy clara de cómo era aquella casa vivienda de la vieja fábrica de harinas, que a lo mejor tenía un patio de faenas, con lavadero y todo, como el que pintara Rusiñol. La época es la misma; no sería, seguramente, muy diferente. No existe aquella casa de la fábrica de harinas ya, pero la pintura de Rusiñol nos puede ayudar a imaginar más o menos cómo pudo ser.

Aquí acaba el catálogo de bienes, pero no acaba aquí la cuestión. Muchos problemas legales irían apareciendo poco a poco en este embargo, tantos que en el anuncio encontraremos una breve pero enjundiosa historia de esta fábrica de harinas, sus antiguos propietarios, sus avatares y dificultades prácticamente desde 1915. Ánimo, funcionario del juzgado encargado de redactar el catálogo de bienes a embargar; ya queda poco. Ánimo, lector, el final de la serie se acerca. Mañana continuaremos.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO