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Friedrich Füger: Prometeo lleva el fuego a la Humanidad (ca. 1817). Viena, Liechtenstein Museum

Friedrich Füger: Prometeo lleva el fuego a la Humanidad (ca. 1817). Viena, Liechtenstein Museum

Todo tiene su final, y esta serie sobre el embargo de la fábrica de harinas no podía ser una excepción. Hoy es el día de ese punto final, y éste es el artículo que lo pondrá. Será éste el artículo octavo de la serie y, a estas alturas tenemos tan bien descrita la fábrica y todo lo que en ella había que podemos hacernos la cuenta de que nos hemos paseado por sus edificios, dependencias, patios, porches, y de que hemos visto su maquinaria, sus motores y sus ingenios diversos. Sólo nos ha faltado verla en funcionamiento. Siempre tiene algo de fascinante el funcionamiento de maquinaria industrial, engranaje complejo cuyos destinos no siempre podemos llegar a comprender. Vemos que funcionan, pero no sabemos cómo lo hacen. A lo mejor eso es lo fascinante, ese lado oculto de la maquinaria, esa «vida» artificial que hace que el hombre a veces se revista de orgullo prometeico. Hazte cuenta, lector, que a estas alturas de serie hemos hecho una visita guiada por aquella fábrica, y que nuestro guía ha sido el anuncio de embargo que se publicó en el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real del 20 de junio de 1924, cuyo texto ha sido hasta ahora el motivo y razón de esta serie.

Francisco de Goya: El sueño de la razón. Grabado

Francisco de Goya: El sueño de la razón. Grabado

Ya hablábamos ayer sobre las dificultades de última hora que pueden aparecer en un embargo, y en este caso aparecieron, y se dieron cita cual pesadilla nocturna de un juez y maldición de un juzgado, pero bendición del embargado. A la hora de la verdad, es decir a la hora de proceder al embargo, se comprobó que los bienes a embargar no estaban registrados a nombre de su propietaria, la sociedad «Berruga, Sobrinos, López y González». Pero como nada detiene a un juzgado que cual fiera, no deja escapar fácilmente su presa, se pusieron en marcha inmediatamente todos los procedimientos para asegurar que el embargo llegaría a su fin con éxito. Y se requirió, en consecuencia, la inscripción de los bienes a nombre de la sociedad, por una razón y con una condición. La primera, la razón, es que era evidente que la sociedad era propietaria de los bienes, y había testigos de ello, como nos dice el Boletín provincial:

Que la razón social citada viene poseyendo quieta y pacíficamente todos los bienes inmuebles relacionados, como dueños que lo son de todos ellos y sin interrupción alguna, desde la fecha en que el socio colectivo D. Antonio Berruga Villodre los aportó a la Sociedad, lo que pueden acreditar con sus oportunas declaraciones los testigos y vecinos de Campo de Criptana D. Antíoco Alarcos Rodríguez y D. Castor Pradillo Pérez, ambos mayores de edad, casados, habitantes en el Paseo de la Estación, de expresada villa, de profesión panadero y retirado de la Guardia Civil, respectivamente.

Y la condición era la común en estas circunstancias:

Por consecuencia de ello, en providencia de 22 de Diciembre último, se ha acordado se cita por medio de edictos, cual se hace por este tercero, a las personas ignoradas a quien pueda perjudicar la inscripción solicitada, para que en el término de ciento ochenta días comparezcan en este Juzgado y expediente referido si quieren alegar su derecho.

Paseo de la Estación: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Paseo de la Estación: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Y con esto finaliza el anuncio de embargo, dado en Alcázar de San Juan, el 12 de junio de 1924. El nombre de uno de los testigos nos es ya bien conocido en este blog: Antíoco Alarcos Rodríguez, quien sería alcalde de Campo de Criptana unos años después, ya en tiempos de la Segunda República, aunque en este blog le seguimos la pista desde su infancia (véanse: Aquel curso del 96…, Campo de Criptana, 1896; El manifiesto de Antíoco Alarcos, Campo de Criptana, 1930; y Cuando el sueño de la razón produce monstruos: La prohibición del Santo Viático y la destrucción del Calvario, Campo de Criptana, 1931).

Y aquí acabamos ya esta serie sobre el embargo de la fábrica de harinas, lo que no quiere decir, paciente lector, que pongamos punto y final a su historia que, como ya dijimos, es muy anterior. Es grato ver que fuera de esas nebulosas del embargo hay vida.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO