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Aldea y campos: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2009)

Aldea y campos: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2009)

No es nada o es mucho. Depende. Pienso a veces en esos treinta años, y me doy en cuenta entonces de que el tiempo es fugaz, mucho más de lo que nos pensamos, y mucho más de lo que podemos advertir. Ya decía ayer que percibo siempre esa fugacidad cuando miro cuadros de hace veinte años, quince o diez años, o de hace cinco, incluso de hace dos. Parece que fue ayer cuando los pinté. Parece que fue ayer cuando los pensé. A lo mejor en cada cuadro va quedando un poco de uno mismo, como una impregnación que, en el fondo, es una forma de pervivencia de uno mismo o un recuerdo. A lo mejor es eso lo poco que quedará cuando la Parca venga a llamar a mi puerta. A lo mejor cada cuadro será como un epitafio que quedará allí… cuando uno ya no esté aquí, y hasta que el tiempo lo quiera.

Plaza de Oriente (Madrid): Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2011)

Plaza de Oriente (Madrid): Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2011)

Hace muchos años que ya no pinto bodegones. Disfruté mucho en su momento cuando los pintaba, pero, como todo en la vida, también en esto de la pintura uno busca otros caminos. Yo los encontré en el paisaje y en la naturaleza, en los cielos, en los campos, en las tierras y sobre todo en los árboles. Hace ya años que me dedico a la pintura de paisajes y no dejaré nunca de sorprenderme por todo lo que la naturaleza nos ofrece, por todo lo que la hemos dañado y por su gran esfuerzo por sobrevivir. Hace ya bastante tiempo alguien me preguntó que por qué no había gente en mis cuadros. ¿No hay gente? Pregunté, yo asombrado. En efecto, no había gente. Nunca me había dado cuenta. De vez en cuando aparecía un gato, pero nunca gente, ni la más mínima presencia humana. No tengo una respuesta. A lo mejor quiero en el fondo que la naturaleza sea la única protagonista de cada cuadro, que cada árbol, que cada rincón del paisaje ocupe su lugar como protagonista de la historia y que el cielo se enseñoree de toda la creación, que es como debe ser.  La naturaleza se basta y se sobra por si misma para llenarlo todo.

Calle de Alcalá (Detalle del Cuadro "Gran Vía - Calle de Alcalá"): Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2011)

Calle de Alcalá (Detalle del Cuadro «Gran Vía – Calle de Alcalá»): Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2011)

Hay dos temas que reconozco que tengo como fetiches en mi pintura. Uno son las lagunas de Ruidera, quizá ese respiro de la naturaleza en esta llanura manchega interminable; el otro son los caminos. Y me di cuenta hace poco. No sé por qué pinto tantos caminos, caminos que se dirigen hacia la lejanía, caminos que acaban en el horizonte, caminos que no sabemos adónde van. A lo mejor es que en estos caminos identifica uno la vida misma, ese trayecto que se recorre sin saber muy bien por qué y con un desconocimiento casi total de su destino y de su final. Y hay también muchas calles, y en ellas busco la cotidianeidad. Recuerdo la gran sorpresa que causaron algunos de los cuadros sobre Madrid que pinté entre 2010 y 2012 entre quienes me conocían. Fue la primera vez que pinté paisajes urbanos, y reconozco que fue una experiencia única, porque uno está enamorado de la Gran Vía, que, en el fondo, es también el barrio de uno. Pero Madrid da para mucho, y también pinté cuadros del Retiro, y de la Plaza de Oriente, y de otros muchos más lugares de la capital. No todo iban a ser lagunas de Ruidera o paisajes campestres, o vistas de pueblos. La vida da para mucho, y la pintura también, y esta serie sobre los treinta años que no son nada… también. Por ello lo dejamos por hoy, para continuar mañana.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO