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Edouard Manet: Retrato de Émile Zola (1868). París, Musée d'Orsay

Edouard Manet: Retrato de Émile Zola (1868). París, Musée d’Orsay

Ponemos ya hoy, con este artículo, punto y final a la serie dedicada a la celebración de la “Fiesta de la Raza” criptanense un ya lejano 12 de octubre de 1921. Serán con éste seis los artículos dedicados al tema y, ya a estas alturas, yo mismo me asombro del de sí que dan las crónicas que nos dejó aquel corresponsal criptanense que trabajaba para el periódico El Pueblo Manchego, aquel “Zola” criptanense. A lo mejor, lector, insisto mucho en esto, y resulto repetitivo en mi agradecimiento a aquel criptanense que tantos y tantos escritos envió sobre su pueblo a aquel periódico. No sé, lo reconozco, qué habríamos hecho sin él y sin sus crónicas en este blog. Una parte de estas historiasl, sin duda, habría quedado incompleta, habría quedado completamente coja esa imagen del Criptana en blanco y negro y sepia de aquellos años diez y veinte del pasado siglo.

Se tomó sin duda el corresponsal trabajo en contarnos con todo el detalle posible cómo transcurrió el acto de la “Fiesta de la Raza” criptanense de aquel año de 1921. Y el fruto de su trabajo se publicó en el periódico El Pueblo Manchego del 14 de octubre de ese año, una extensa crónica que nos va desgranando poco a poco la celebración, quiénes intervinieron y qué dijeron y cómo lo dijeron. ¡Hablaron tantos y tantos en la fiesta!… y el corresponsal calladamente lo contó. Pero, a diferencia de otras crónicas, él puso el punto el final a la historia, el epílogo a su crónica. He aquí lo que escribió sobre el acto:

También Criptana, como miembro de la tiera (sic) hispana y, quizás olvidada de aquellos paises que debieran llamarse Colombia, quiere la fraternidad y la unión con aquellos que hablan el idioma que inmortalizó Cervantes y por sus venas corre la misma sangre de la madre que cariñosa los recibió en su seno.

Grande, en sí, ha resultado el acto que hoy se ha celebrado y orgullosos pueden estar sus organizadores, cuyos desvelos serán premiados al menos, con el agradecimiento y el aplauso de los que sepan amar la cultura y quieran hacer de su pueblo el prototipo de la civilización y el progreso.

Y faltaría a mis deberes de cronista si no consignara que a la brillantez de la fiesta contribuyeron las beldades criptanenses, las encantadoras Angelita Alarcón, Isabel Millán, Justita López y Pilar Alarcón, que ostentaron la representación de sus paisanas, quienes parece depositaron en ellas cuantos encantos atesoran.

Simon Vouet: El Tiempo vencido por el Amor, la Belleza y la Esperanza (1627). Madrid, Museo del Prado

Simon Vouet: El Tiempo vencido por el Amor, la Belleza y la Esperanza (1627). Madrid, Museo del Prado

El alcalde de Campo de Criptana, Juan Vicente Alarcón, los niños y las niñas con sus discursos y sus poesías, el párroco criptanense, Juan José Sánchez Ruiz y el director de las escuelas graduadas, Domingo Miras… todos han ido pasando en este escrito como si de un escenario imaginario se tratara, todos han pasado, como pasan los acontecimientos y las personas por la historia, unas veces discretos y callados, en silencio, otras con sonido de fanfarrias y con pompa y circunstancia. Gracias al corresponsal criptanense, todos ellos han quedado como parte de la historia criptanense, pero de la pequeña historia, esa de la vida cotidiana, esa de la rutina del día a día, esa que, en otras condiciones, habría quedado ya relegada al olvido y al anonimato. Aquí termina, pues, la historia de la “Fiesta de la Raza” criptanense de 1921.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO