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Emile Friant: Día de Todos los Santos (1886): Nancy, Museo de Bellas Artes

Emile Friant: Día de Todos los Santos (1886): Nancy, Museo de Bellas Artes

Ya es tiempo de ir acabando esta miniserie dedicada al Pozohondo. No hay mejor manera de hacerlo, posiblemente, que hablando de aquellos que fueron sus vecinos en otra época, algo que comenzamos a hacer ayer. Supongo que es lo oportuno. Ya hemos hablado de todo lo que forma parte de la historia del Pozohondo, de su viejo cementerio (aquel al que durante tantos y tantos años acudirían, sin duda, los criptanenses en el día de los Todos los Santos, a poner flores o, a lo mejor, simplemente a recordar, quizá escena muy parecida a la que nos pinta Emile Friant), de su Caz, de sus pozos y de muchas otras cosas que no viene ahora al caso enumerar, porque sería muy largo y tedioso en exceso. Y nos faltaban los vecinos, porque son ellos quienes han ido poniendo poco a poco los ladrillos que levantaron ese muro llamado «historia», la de la vida cotidiana, la del día al día. No habría callejero sin vecinos, no habría monopoli sin ellos, no habría pueblos sin ellos, aunque muchas veces sean los ciudadanos para los autoridades meros números ya desengañados de todo a los que imponer cargas inmorales y enmudecer con censuras decimonónicas, polvorientas y obscenas.

Camille Pisarro: Entrada del pueblo de Voisins (1872)

Camille Pisarro: Entrada del pueblo de Voisins (1872)

Comenzábamos ayer esta pequeña subhistoria del vecindario del Pozohondo en el año 1877, y continuábamos hasta 1881. Era el tiempo en que esta plaza era la perfiferia criptanense, una de las entradas a la localidad desde el oeste. Y vimos algunos de los nombres de quienes habitaban por aquel tiempo en sus casas, una gran mayoría de propietarios que en ningún caso eran grandes terratenientes, ni ricos riquísimos, ni poderosísimos contribuyentes (véase: El «monopoli» criptanense, Campo de Criptana 1900, XXVI: La Plaza del Pozohondo VI). Eran más bien una clase media acomodada, de la que también formaban parte el carpintero Felipe Casarrubios y el presbítero José Vicente Manzanares. Pero, como hemos advertido en más de una ocasión, que no nos engañen los boletines oficiales de la provincia de finales del siglo XIX: estos vecinos acomodados, estos contribuyentes electores sobre los que tenemos datos eran una minoría de la población; sobre la gran mayoría que no pagaban contribución y, por tanto, no contaban, no tenemos datos. Es, como hemos dicho más de una vez, una de esas injusticias de la historia, que da voz a veces a quien no lo merece y enmudece a quien tendría posiblemente algo interesante que decir.

Pero como las cosas son así y la historia no es un calcetín al que se pueda dar la vuelta cuando uno quiera, continuaremos hablando de aquellos vecinos a partir de la única fuente disponible que tenemos: la de los boletines con las listas de contribuyentes electores. Poco varían las cosas en el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real del día 8 de enero de 1883: encontramos a los mismos vecinos que en 1877, a excepción de uno, Felipe Casarrubios Parreño, carpintero, en Pozohondo 18, que ya no aparece citado. Una de tres: o no vivía ya allí, o había fallecido o se había deteriorado su posición económica y había dejado de ser contribuyente. Y saltándonos unos años en los que no hay demasiados cambios, nos vamos directamente a 1890, año que, recordémoslo, tuvo lugar el cambio del nombre de la calle, que de Plaza del Pozohondo pasó a llamarse del General Espartero. Éstos son los vecinos que encontramos citados en ese año, según el Boletín provincial del 9 de enero de 1890, listado de contribuyentes en el que, por última vez, aparecerá el nomenclátor callejero antiguo de Campo de Criptana. Desde hacía algunos años ya no figuraba en estos listados la profesión de los contribuyentes; sustituía a este dato el del «Punto en que contribuyen ó en que adquirieron el título profesional», pero eso no interés para nosotros porque en la mayoría de los casos es Campo de Criptana. Sí se mantiene el montante de contribución que pagaban. He aquí, por tanto, la información relativa a aquellos pozohonderos de 1890.

La mayoría de los vecinos de 1890 son los mismos que vivían ya en el Pozohondo en 1877: Andrés Reíllo López en el núm. 1, con una contribución de 65,24 ptas.; Felipe Palmero Fermoso en el núm. 4, con 44,43 ptas.; Telesforo Mínguez Amores en el núm. 9, con 44,12 ptas.; Juan Antonio Lázaro y Cruz en el núm. 16, con 25,09 ptas.; José María Flores (de Francisco) y Flores en el núm. 18 con 54,78 ptas.; y a Francisco López Casero y Gómez, que en 1877 aparecía con domicilio en Pozohondo 6, lo encontramos en 1890 avecindado en Pozohondo 4 (¿dato real o una errata?). Y otro vecino más aparece en el número 4 en ese año, junto a Palmero y junto a López Casero: es Braulio García Casarrubios y González, con 76,47 ptas. de contribución. Un nuevo vecino aparece en el núm. 12. Es José Carrasco Quevedo, con una contribución de 39,28 ptas. Del carpintero Felipe Casarrubios Parreño, en Pozohondo, núm. 18, del presbítero José Vicente Manzanares Villanueva, en Pozohondo 3, y del propietario José Antonio Lizcano de Vela Fernández, en el núm. 16, ya no hay noticias en 1890.

Plaza del Pozohondo: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2009)

Plaza del Pozohondo: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2009)

Por cierto, de algunos de estos personajes del Criptana del siglo XIX , como Felipe Palmero Fermoso, ya hemos hablado en este blog (véase: Los monárquicos liberales de Campo de Criptana, 1871, II: Felipe Palmero Fermoso). No podía faltar también una breve referencia a los menores María Manuela y León López de Longoria que poseían un solar en el Pozohondo en la década de los años ochenta del siglo XIX. En 1889 solicitaron permiso al Ayuntamiento para edificar, y se les concedió (véase: Los López de Longoria y el solar del Pozohondo, Campo de Criptana, 1884-1889).

Lo dejamos aquí por hoy con un interrogante que yo mismo me planteo: ¿Continuará la miniserie del Pozohondo? No lo sé. Mañana, o quizá pasado mañana lo veremos.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO