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La singladura: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

La singladura: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2014)

A estas horas, exactamente las 20:43 no tengo muy claro de qué voy a escribir hoy. Podría escribir sobre una necrológica de algún criptanense fallecido hace cien años, o quizá noventa, o quizá ochenta, o más…; quizá sobre aquella oposición que convocó el Ayuntamiento que presidía el alcalde Eduardo Cueto en busca de una comadrona para Campo de Criptana en 1930, o sobre publicidad de harinas, o de bicicletas en algún establecimiento criptanense de finales del XIX o comienzos del siglo XX. No tenía hoy previsto hablar de heridas abiertas, de esas que nunca se olvidan, de esas que quedan en el recuerdo para siempre, de esas que quedan para la eternidad. Realmente, no tenía muchas ganas de hablar de esto. Hace unos días dije en otro lugar que no quería hablar más del tema. Sin embargo, hay afrentas que nunca se olvidan, ignominias que perviven en la memoria, ofensas que resisten al paso del tiempo, frescas, como recién ocurridas. No tenía previsto hablar de heridas abiertas, de meter más y más el dedo en la llaga. «Campo de Criptana, 1930: Se busca comadrona». Ese iba a ser el título del artículo de hoy, una convocatoria publicada por el ayuntamiento criptanense de aquellos años previos a la implantación de la Segunda República. Ese iba a ser, precisamente, el tema del día. Pero reconozco que hoy tenía ganas de hurgar en la herida abierta y, en el último momento, he cambiado de opinión, y no escribiré sobre la convocatoria para comadronas que hizo el Ayuntamiento criptanense en 1930, sino sobre esa lucha contra los elementos que de vez en cuando el destino pone ante nosotros. ¿Por qué no?

Isla de libros,isla de pintura, isla de música... Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2011)

Isla de libros,isla de pintura, isla de música… Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2011)

Cuando no hace mucho comenzaba aquella singladura por mares ignotos, confiaba yo en tener calma chicha, aguas tranquilas, horizontes limpios, cielo azul y sin atisbo de tormentas… y que mi barco, sin bandera, ni roja, ni azul, ni negra, ni de ningún color… sin bandera… tendría una travesía tranquila. Sin embargo, na cosa es lo que uno confía y otra lo que los acontecimientos nos deparan. En 1588 Felipe II dijo lamentándose, al enterarse del desastre de la Armada Invencible que no había ido a luchar contra los elementos. Yo tampoco y, sin embargo, me los encontré, a los elementos, me refiero, e hicieron de aquel mar placentero turbulencia y tribulación, digámoslo claramente, de forma innecesaria, infructuosa, como si no hubiera cosas más importantes en qué pensar en esta vida, como si no hubiera cosas más importantes en que pensar hoy… Abandoné mi isla de tranquilidad, isla de libros, isla de pintura, isla de música, isla de escritura y me lancé a la eternidad del mar, si bien es cierto, digámoslo, con el mejor gobierno de nave posible, el mejor que se podría desear, pero como el destino es traicionero, no se contaba con los elementos, y los elementos estaban allí presentes, acechantes. Felipe II se quejaba, y con razón. Es para mí la arbitrariedad de los elementos, quizá, una de las cosas más odiosas del mundo, tanto como la censura y como la injusticia, y como el silenciamiento de la vox populi, como el desprecio a las obras de otros, como el quebranto de los derechos ciudadanos.

Isla de tranquilidad: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2011)

Isla de tranquilidad: Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2011)

Salí de mi isla de libros, isla de pintura, isla de música, isla de escritura y me lancé a la eternidad del mar, pensando que todo aquello, censura, silenciamiento, desprecio, ya era cosa de otros tiempos, que todo esto ya no era posible en tiempos como éstos. Uno nunca deja de sorprenderse de que el pasado siempre vuelva o, mejor dicho, de que nunca se haya ido. En todo caso, que juzgue la vox populi, que juzgue para siempre y, sobre todo, que nunca se olvide la herida, que quede en la memoria, porque el tiempo siempre resarcirá.

Posiblemente esperan aquellos elementos que tanto importunaron a Felipe II y me importunan a mí en mi singladura que vire en mi rumbo y tome el camino de vuelta a mi isla, que vuelva a ese retiro en el que me recluí voluntariamente hace muchos años, desengañado, decepcionado, descreído ya de casi todo, sobre todo de aquellos elementos. No, ahora no, ya no. Hoy no. Ahora las cosas han cambiado. Me importan un bledo los elementos porque la singladura seguirá contra viento y marea, seguirá, hasta el final, hasta llegar al destino, y no habrá quien la detenga, ni quien lo ponga obstáculos… de una u otra manera llegará… y la herida curará pero nunca, nunca se olvidará. Y ahora ¿con qué categorías etiqueto yo este artículo que iba a tratar sobre la oposición de comadronas de 1930 y ha acabado hablando sobre heridas, singladuras y elementos…? No tengo ni idea. Terrible incertidumbre, enigma imposible, solución ignota…

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO