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Sandro Botticelli: El nacimiento de Venus (1483-1485). Florencia, Galeria degli Uffizi

Sandro Botticelli: El nacimiento de Venus (1483-1485). Florencia, Galeria degli Uffizi

Eran tiempos aquellos en que se nacía en casa, no en hospital, como hoy. Corrían los primeros días del año 1930, todavía en Navidad, pues fue un día 3, cuando el alcalde criptanense de aquel tiempo Eduardo Cueto firmaba el anuncio de convocatoria de una plaza de matrona o partera titular que estaría dotada con un haber anual de 1.000 pesetas. Se publicaría poco después, el día 8, en el Boletín Oficial de la Provincia de Ciudad Real. Veamos ahora en qué consistía la convocatoria, pero no descubrimos nada nuevo, porque en esto de las oposiciones es más lo menos lo mismo en 1930 que ahora. Así pues, como en toda oposición que se precie para una plaza de partera:

… las concursantes tendrían que estar en posesión del título correspondiente, no padecer defecto físico que las incapacite para el buen desempeño de su cargo, carecer de antecedentes penales y observar buena conducta.

El nombramiento se haría de acuerdo con una escala de méritos, entre los que estaban el haber sido interina o haber disfrutado de una «plaza de matrona al servicio del Estado, provincia o municipio». También figuraba entre los mérito el haber prestado «los mejores y mayores servicios profesionales… en sanatorios, clínicas, hospitales o cualquier establecimiento benéfico». Se reservaba la corporación el derecho de evaluar los méritos, sopesándolos según el orden de preferencia expresado.

¿Matrona o partera? ¿Tienen el mismo significado? Vayamos, como siempre, al DRAE y que él nos aclare esta duda; no nos podemos ir a la cama hoy con este enigma irresoluto. Veamos pues. Para «matrona» tiene el DRAE tres acepciones, siendo la primera la que nos interesa aquí:

Mujer especialmente autorizada para asistir a las parturientas.

Vermeer de Delft: Mujer de azul leyendo una carta (1663-1664). Amsterdam, Rijksmuseum

Vermeer de Delft: Mujer de azul leyendo una carta (1663-1664). Amsterdam, Rijksmuseum

Las otras dos son bastante extrañas hoy día en el español cotidiano: la segunda hace referencia a la mujer encargada «en las aduanas y oficinas semejantes… de registrar a las personas de su sexo»; la tercera acepción es: «Madre de familia, noble y virtuosa». Y la diferencia sustancial entre matrona y partera la veremos ahora, porque si de «matrona» solo está atestiguada la forma femenina, para «partera» recoge también el diccionario el masculino «partero», con dos acepciones. En la primera encontramos: «Persona con títulos legales que asiste a la parturienta». Y en la segunda: «Mujer que, sin tener títulos o titulación, ayuda o asiste a la parturienta». Vemos, pues, sensibles diferencias: matrona solo puede ser una mujer, sin embargo el oficio de partero puede ser para hombre o para mujer; una partera puede tener titulación o no tenerla, pero la matrona la tiene que tener.

Y hay otra tercera palabra a tener en cuenta ya que hemos entrado en este grupo de palabras: «comadrón» o «comadrona», sinónimo de «partero» o «partera», según el DRAE. Hay entre ellas, básicamente, una diferencia etimológica: «partera» viene del verbo latino pario, «parir»; «matrona» y «comadrona» derivan del latín mater, «madre», «matrona» directamente, «comadrona» del compuesto español «comadre». Y una comadre, también según el DRAE puede ser también una partera, o una madrina, o, también hay un uso en la lengua coloquial, quizá ya no muy utilizado en español, el de «alcahueta» o «vecina o amiga con quien tiene otra mujer más trato y confianza que con las demás», palabra polivalente, riqueza del vocabulario español…. evocaciones shakespereanas… Las alegres comadres de Windsor (traducción algo libre del título original, The merry wives of Windsor).

Buscaba, por tanto, el ayuntamiento criptanense, una partera / matrona, con título. Era, por tanto, como se puede deducir, competencia suya en aquel tiempo el mantenimiento de la plaza de matrona y también la de médico tocólogo (como veremos otro día), al igual que lo eran las plazas de médico de cabecera. Todas estas plazas estaban dotadas con una cantidad anual a pagar por el ayuntamiento. Además tenían los médicos la posibilidad de tener «igualas», costumbre que permaneció hasta no hace mucho y de la que aún guardo recuerdo. Por cierto, tenía por algún sitio guardada la noticia sobre el resultado del concurso y el nombre de la partera que se quedó con la plaza, pero ahora no lo encuentro. La verdad es que me estoy volviendo loco buscándolo, pero es como si se lo hubiera tragado la tierra… o mejor dicho, como si se lo hubiera tragado el disco duro del ordenador. Pues, como no lo encuentro, otro día lo diré. Tampoco es cuestión de vida o muerte.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO