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Reloj de sol (Göttingen, Alemania): Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Reloj de sol (Göttingen, Alemania): Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2013)

Hoy hablaremos del tiempo y de los relojes. Del tiempo, por supuesto, no del clima, sino de ese transcurrir inexorable, ese futuro que es presente y que es, como quien no quiere la cosa y sin que nos demos cuenta, pasado, ese tiempo… tan fugaz como el viento. Es, como ya habrás podido observar, lector, el tiempo una de las obsesiones más presentes en este blog, quizá porque es para mí uno de esos grandes enigmas. No puedo dejar de preguntarme ¿qué es el tiempo? y si existe en realidad o es solo una percepción nuestra y existe porque lo computamos, porque lo intentamos controlar hasta el último segundo. Hay quien intenta detener el tiempo, como si eso se pudiera hacer… pero tiempo pasa inexorable, para todos y para todo; nadie escapa a sus leyes.

Resultado de esa obsesión de contar el tiempo y quizá, de controlarlo, son los relojes, de cualquier tipo que sean, de arena, de sol, de bolsillo o de pulsera, o de pared, o de torre, o digital, o parlante. Y a veces pienso cómo sería el tiempo si no tuviésemos relojes y si tendríamos conciencia de él. Con lo datos de que disponemos, muchos de los cuales han sido publicados en este blog, podríamos escribir una pequeña historia del reloj de Campo de Criptana que tendría que ir pareja, necesariamente, a la historia del tiempo, si es que el tiempo tiene historia o no es la historia misma, algo que no se si podríamos descartar. Todo esto es discutible, y por eso no me voy a meter en este campo de flores, porque puedo salir segado.

Hagamos, de todas formas, un breve ensayo de microhistoria relojera y cronológica de Campo de Criptana.

Reloj de torre (Múnich, Alemania): Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2012)

Reloj de torre (Múnich, Alemania): Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2012)

Y comenzamos en el año 1866. Sabemos que por aquel entonces en Campo de Criptana había un reloj de torre, no sé si en la de la iglesia o en la del Ayuntamiento, que debía de ser un primor. Era obra de uno de los relojeros de torre más conocidos y prestigiosos de España, Mónico Rosel, en la Calle Preciados 42, de Madrid (véase: Relojes de torre y seguros de vida, Campo de Criptana, 1866-1905). Hoy, Campo de Criptana no tiene ningún de torre. Una pena… con lo que adornan y dan alegría y gozo a los ciudadanos.

En 1904 sabemos que había una relojería en Campo de Criptana. Era sucursal de la Joyería y Relojería de Leoncio Peña (Madrid, San Bernardo 52). Estaba especializada en relojes de bolsillo y de pared, «en clase fina». La sucursal criptanense había sido fundada en 1890 en la calle Cardenal Monescillo, núm. 1, esquina a la plaza del Pósito. Tenía un «grande y variado surtido en toda clase de relojes de capricho». El encargado era José María Carballedo (véanse: El «monopoli» criptanense, Campo de Criptana 1900, X: El Pósito, su plaza, su calle y más cosas; Relojeros, toneleros y sastres en Campo de Criptana, 1904).

Relojes de torre (Múnich, Alemania): Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2012)

Relojes de torre (Múnich, Alemania): Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2012)

Y hablando de relojes tenemos que referirnos a dos sucesos relacionados con ellos relacionados con Campo de Criptana.

El reloj de Criptana Bustos de Salazar (1881)

Era su nombre María Criptana Bustos y Castilla, criptanense, y estaba casada con Gregorio Salazar y Chico de Guzmán († 1894). También a Criptana Bustos le robaron un reloj, como nos dice en una pequeña nota el periódico La Paz de Murcia, del 13 de julio de 1881:

Le ha sido sustraido el reloj, en la iglesia de Sta. Catalina de los Donados de Madrid, á doña Criptana Bustos de Salazar, hermana del Sr. Marqués de Corvera.

No hay que insistir más en la vinculación del marqués de Corvera con Campo de Campo de Criptana, pero como de este tema ya hemos hablado en muchas ocasiones no volveremos a incidir ahora. Véanse, al respecto: La Novena a la Virgen de Criptana, por Rosa de Castilla Portugal y Baíllo (Campo de Criptana, 1842) (I); Una aristocrática boda y una luna de miel en Campo de Criptana (1909).

Los relojes de Celestino Martín (1921)

Relojes de torre (Passau, Alemania): Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2012)

Relojes de torre (Passau, Alemania): Foto de José Manuel Cañas Reíllo (2012)

Tenía Celestino Martín dos relojes, suponemos que de bolsillo, y alguien se los robó. Decimos que suponemos que eran de bolsillo porque robar dos relojes de pared presenta muchos inconvenientes, además del peso de los artilugios, lo aparatoso de su forma y disposición. Es un asunto trivial, pero como por aquellos años había un corresponsal del periódico El Pueblo Manchego en Campo de Criptana y puede que no hubiese otras noticias de interés, la cuestión salió a la luz. Fue en el núm. 3129, año XI, del 21 de junio de 1921, y decía lo siguiente la noticia:

El vecino de Campo de Criptana Celestino Martín, dió cuenta a la Guardia Civil de que le habían desaparecido de su casa dos relojes, sin saber quién fuera el autor o autores.

Practicadas algunas gestiones, dió su resultado la detención de dos muchachos como presuntos autores llamados Juan José Manzanares y Manuel Martínez, confesándose autores del hecho. Fueron puestos a disposición del señor Juez.

Aquí termina el artículo de hoy, con una pregunta enigmática: ¿Quien roba un reloj, roba también el tiempo?

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO