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Las afueras: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2007)

Las afueras: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (2007)

A estas alturas, pocas calles van quedando ya en aquel viejo Criptana sin ubicar en este «monopoli» criptanense que estamos poco a poco tejiendo a base de retazos del pasado. Pero todavía quedan. No sé lo que haré cuando ya no quede ninguna, y esté completo el callejero, porque, como he dicho muchas veces, es ésta posiblemente de todas las que se han escrito en este blog la serie que más me gusta y aquélla por la que siento más predilección. Hoy abordamos una nueva entrega, y hablaremos de la calle que tuvo en otro tiempo por nombre «de Berenguel» pero a partir de 1890 se llamó de «García León».

Es hoy aquella vieja calle Berenguel larga, muy larga, tanto que entra desde las afueras más lejanas de Campo de Criptana hasta su mismo corazón. Acaba la calle de Berenguel en la de Valenzuela; o empieza allí, según por dónde se mire, porque en esto de los comienzos y finales de las calles habría mucho que decir y nada es lo que parece, y uno nunca sabe dónde está el principio y dónde está el final. Quizá más indicado sería decir que comienza en la calle Valenzuela, porque es de suponer que comenzó a hacerse esta calle de la nada, donde en otro tiempo ya muy lejano seguramente hubo campos y eras, hacia las afueras, en esa dirección noreste – suroeste que tienen muchas de las calles más nuevas de Criptana.

Calle García León (antigua Berenguel): Plano de Campo de Criptana por Domingo Miras (1911)

Calle García León (antigua Berenguel): Plano de Campo de Criptana por Domingo Miras (1911)

No era tan larga como hoy esta calle en 1885. Realmente, llegaban las casas hasta el lugar que ocupaba el Matadero municipal criptanense, que luego sería el Matadero Viejo y después acabaría por desaparecer del lugar, y así era aún en 1911, cuando Domingo Miras hizo su plano de Campo de Criptana. Desapareció el Matadero Viejo (señalado en el plano de Domingo Miras con el núm. 5; con el núm. 7 aparece señalado el viejo cementerio del Pozohondo y con el núm. 4 el Palomar), pero no su nombre, porque resistió para denominar a la calle que parte de la del Berenguel y llega al Pozohondo. Más o menos hasta allí llegaba la calle del Berenguel; al suroeste, suponemos, sería camino, con eras a un lado, con eras a otro, con campos a un lado, con campos a otro, paisaje primigenio, paisaje manchego, paisaje de llanura, paisaje interminable, paisaje que inmutable permaneció hasta no hace mucho tiempo.

Cocero: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (1995)

Cocero: Óleo de José Manuel Cañas Reíllo (1995)

Recuerdo aún que hasta los años setenta la calle Berenguel era camino desde el cruce con la actual calle Estrella hacia la llanura, y que había grandes eras, incluso algún que otro «cocero» en ruinas que había quedado aislado en medio de ellas, a pocos metros de las casas del pueblo, como algo fuera de lugar, algo fuera del tiempo (véase sobre el término «cocero»: Un robo variado, un cocedero y la toponimia rural criptanense, Campo de Criptana, 1937). Hubo siempre junto a este «cocero» un antiguo artilugio abandonado, quizá una vieja segadora, ya oxidada, objeto también de otros tiempos. Y hubo también junto al camino del Berenguel unos baños pecuarios y al lado una cooperativa aceitera, una almazara, Recuerdo que permanecieron allí hasta que Criptana comenzó a devorar el campo y las eras, y fue extendiendo su manto de construcciones, y Criptana se tragó los baños pecuarios y la almazara, y llegaron poco a poco los bloques de pisos, y la faz de aquel paisaje cambió radicalmente en poco más de quince años. Lo que fue campo, dejó de serlo, para ser ya pueblo, y la calle Berenguel, ya entonces llamada de García León, en poco tiempo, multiplicó por tres su longitud, y se hizo larga, muy larga, candidata a figurar entre las más largas de Campo de Criptana.

JOSÉ MANUEL CAÑAS REÍLLO